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Las monas desabridas

Sep 2, 2009 por Samuel Castro

Katherine Heigl, la rubia de hoy.

Sí. Se supone que Howard Hawks nos enseñó que “los caballeros las prefieren rubias” pero a mí últimamente, me parece muy discutible esa frase. Porque en los tiempos de la película, los años cincuenta, la rubia a la que se referían todos cuando hablaban era Marilyn Monroe, una bomba sexual y sensual que transpiraba deseo y que se llevaba por delante la belleza, digamos, más tranquila y simplona de Jane Russell. Marilyn era capaz de que se vieran deliciosos unos calzones gigantescos que alcanzábamos a vislumbrar cuando su falda se elevaba por el respiradero (¡respiradero suertudo!) que soplaba bajo sus piernas. Pero en los tiempos que corren parece que la vuelta hubiera sido completa y sean las rubias las que tengan que verse simplonas y aburridas para triunfar en el cine. A mí que no me digan que Naomi Watts ha hecho alguna película donde se vea sexi después de Mulholland Drive. Y cuando Nicole Kidman quiere ser sensual se tiñe el pelo (bueno, que Nicole Kidman sea sensual, con su expresión de sarcófago egipcio, ya es discutible) Siena Miller, la ex de Jude Law es tan flaca que no provoca agarrarle nada. Scarlett Johansson es la única que saca la cara por las rubias, pero queda descalificada por haberse casado con el pelmazo de Ryan Reynolds. Se supone que las rubias sean tontas, pero no tanto como para escoger mal marido: Marilyn se casó, no olvidemos, con un Premio Pulitzer. Sí, ya sé, Charlize Theron también existe. Pero le ha tocado precisamente hacer cosas donde se vea asexual y horrible (como Monster) para que la tomen en serio, es decir, le ha tocado negar su naturaleza.

 Hoy, cuando las que reinan en los rankings de las más deseadas son Megan Fox, Salma Hayek, Halle Berry, Paz Vega y Zooey Deschanel, es terrible que la rubia más exitosa sea Katherine Heigl, que aún siendo bonita, también tiene que vender siempre una imagen de inteligente antipática, fría y controladora, o falsamente ingenua en todas las comedias románticas que protagoniza. En la última, The naked truth, un vestido negro escotado no logra hacer ni la mitad de daño en nuestros instintos masculinos que lo que lograba Marilyn, en blanco y negro, con un pequeño gesto de sus labios carnosos. ¿Será que los productores de agua oxigenada están bajando la calidad de los componentes? ¿O que llegamos a una nueva etapa de nuestra historia en que el pelo rubio se ha desprestigiado tanto que incluso las rubias naturales deberán teñirse de negro o de rojo? Espero que volvamos pronto a encontrar rubias explosivas que nos hagan soñar y que no llegue el día en que la única mona que enamore al héroe de la película sea Chita.

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