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Películas con pausa

Aug 5, 2009 por Samuel Castro

Que levante la mano el que vio Solaris de corrido. Y no la versión descafeinada de Soderbergh, sino la de verdad, la de Tarkovsky de los setenta. Si lo hicieron, por favor utilicen la posibilidad de comentarios inmediatos que ahora tiene ochoymedio y nos cuentan cómo fue la experiencia porque yo nunca fui capaz. Jamás. Y eso que traté de verla incluso en una silla incómoda de madera del auditorio de la Escuela de Ingeniería en la UPB. Pero ni eso valió. Tuve que disimular el cabeceo somnoliento fingiendo que me ponía derecho para estar más atento y luego mover dos o tres veces más la cabeza para que todos “creyeran” que tenía el vicio de agitarla cuando quería afirmar algo mentalmente (nadie me creyó, por supuesto) Y por eso es que bendigo el DVD y los soportes digitales que nos permiten ver ciertas películas a la hora que nos de la gana y dejarlas pausadas mientras nosotros vamos al baño, nos mojamos la cabeza y nos preparamos un sánduche o unas galletas con mermelada.

 No tiene nada que ver con la calidad de la película. Simplemente hay días que son más pesados que otros, o más calurosos, o más difíciles, y nuestro cuerpo y nuestro espíritu no están preparados para ver 2001 Odisea del espacio o Interiores de Woody Allen. Son películas bacanas, nadie lo niega. Pero a veces ni con la mejor voluntad podemos aguantar densidades fuertes en las imágenes que consumimos. Y eso abre otra aclaración. Tampoco tiene que ver con lo contemplativa que pueda ser una película. Me ha pasado incluso con capítulos de 24 que no son precisamente muestras de cine de autor. Simplemente las imágenes en pantalla y las personas son como las parejas de baile: se necesita que ambos estén sintonizados en la misma frecuencia para que haya armonía. Y todo viene al caso porque lo mismo me pasó con Che: el argentino, precisamente la última película en nuestras pantallas de Steven Soderbergh. No quise ni imaginar lo que hubiera sido ver esa campaña guerrillera tan latinoamericana (lenta, de a poquitos, pueblo desolado por pueblo desolado, en medio de la selva) en una sala de cine, sin poderme salir. Pero no puedo negar que gracias a que la vi en varias tandas, pude recordar mejor los distintos momentos de la campaña y disfrutar con la interpretación de Benicio del Toro, con la asombrosa imitación de Fidel que hace Demián Bichir e incluso con la aparición de Catalina Sandino Moreno.

 La pausa está ahí, al lado del play en el control. Sin ella, sería más difícil ver el cine de Terrence Malick (con todo lo bueno que tiene) o aguantarse ciertas películas de Daniel Burman. Y claro que sé que el cine está hecho para verse en las salas. Sí. Pero mientras ninguno de nosotros tenga su sala privada, seguiremos jugando a ser los dioses que detienen el tiempo.

 Si se les ocurre alguna película que pueda entrar en esta categoría menciónenla en nuestros comentarios, para que probemos qué tan necesario es el control remoto del DVD.

2 comentarios para “Películas con pausa”

  1. Jorge Sánchez dice:

    Yo fuí capaz de verme en cine “Che: el argentino” y “La delgada línea roja”. Sobre todo con esta última la experiencia fue muy pesada, pero igual es una de las mejores películas que he visto. Ahora bien, casi me salgo de “La clase”, el filme francés que ganó en Cannes. No sé, esa sí me pareció muuuuuy lenta y aburrida. No puedo decir que sea mala, simplemente no la aguanté.

    Igual hay directores que saben llenar las películas lentas de tantos detalles, que uno está todo el tiempo tan hipnotizado como si estuviera viendo, qué sé yo, “The Dark Knight”. Me paso estos días con “Al otro lado”, de Fatih Akin.

  2. Jovany dice:

    Más que detener momentaneamente las películas, tengo que suspenderlas para hacer una pequeña siesta y evitar quedarme dormido con el televisor prendido, eso me ha ocurrido con Gerry, de Gus Van Sant, Los Amantes Habituales, de Philippe Garrel, todas las de Angelopoulos y Sokurov, El Sacrificio, de Tarkovsky y seguramente muchas más que ahora no recuerdo. Pero aunque uno se quede dormido son películas buenas y por eso uno las continua con curiosidad y motivación, lo malo es cuando son películas malas y uno se siente obligado a terminarlas por el simple asunto de no dejar nada empezado, pero en este caso ya recurro al control no para pausarlas sino para verlas a la velocidad en que se debe ver el cine malo, a 8x. Me sucedió con Juego de niños (película francesa, copia de Amelie, igual de mala y tonta) y con una película colombiana que no pude ver en cine: El Ángel del Acordeón. Dios sabe cómo hace sus cosas.

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