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Tokio blues

Aug 4, 2008 por Luis Fernando Afanador

Leyendo el Moleskine literario, el blog del escritor peruano Iván Thays, me encontré la siguiente noticia:

El director franco-vietnamita Tran Anh Hung, quien dirigió la exitosa película El olor de la papaya verde y también En pleno verano, se ha animado a llevar la novela de Haruki Murakami Norwegian Wood (“Tokio Blues” en castellano) al cine. El casting va a ser fabuloso, con ese cargamento de muchachas frescas y veraniegas que tiene enlistadas no le será difícil conseguir a las protagonistas. Eso sí, las chicas que postulen al papel de Midori deberán ir al casting en minifalda y mostrar unas piernas fabulosas, o mejor que no asistan. Dice la nota:

Está previsto que comience el rodaje dentro de dos meses, con el fin de que la película sea distribuida en las salas de cine en 2010. Tokio Blues, cuyo título original en japonés es un homenaje a la canción de los Beatles Norwegian Wood, cuenta la historia de la relación entre un joven universitario con la novia de su mejor y único amigo, que se suicidó un año antes. La novela ha vendido en Japón 8,7 millones de ejemplares y ha sido traducida a 33 idiomas, y es uno de los mayores éxitos recientes de la literatura japonesa. El proyecto de llevarla por primera vez al cine nació cuando Tran Anh Hung la leyó en París y decidió hacer la película en Tokio y con actores japoneses. El director apuntó en el comunicado emitido hoy por la productora que la novela tiene todos los elementos para ser convertida en película. A su juicio, la obra de Murakami tiene fuerza y al tiempo sensibilidad, elementos que, junto al vigor y la elegancia, hacen que la escritura sugiera sensualidad y poesía.

Tenía entendido que Murakami se había negado sistematicamente a que su novela fuera llevada al cine. Bueno, al fin cedió a la tentación, por las razones que fueran. Me parece una empresa difícil: tendrá que luchar contra el imaginario de los adoradores de ese libro, entre quienes me incluyo. Difícil, más no imposible, como siempre ha sido. Mucha suerte para Tran Anh Hung. A quien le interese, un comentario que alguna vez escribí sobre esta “Madera noruega”:

Cuando esta novela fue publicada en Japón en 1987 produjo un efecto parecido al de El Guardián entre el centeno en Estados Unidos: todos sintieron que esa desolada e intensa historia de adolescencia era la de sus propias vidas. Los jóvenes japoneses se encontraron con un libro que los acompañaba en su juventud y los mayores con una “máquina del tiempo” que se las recordaba. Y ambos confesaron una irrefrenable necesidad de hacer el amor después de leerlo.

El culto Murakami se convirtió en un fenómeno de masas. Cuatro millones de ejemplares vendidos y una industria cultural a su alrededor: afiches de bosques y vinos, chocolates y té con el nombre de Madera Noruega, el título original de la obra tomado de una canción de los Beatles. Como la edición japonesa se publicó en dos tomos –uno rojo y otro verde-, sus fans, conocidos como “la tribu noruega”, se vestían con alguno de estos dos colores para que se supiera en qué parte del libro iban. Valga aclarar que Murakami fue ajeno a ese fenómeno y no se prestó para aparecer en comerciales ni aceptó que su novela fuera llevada al cine. Ni siquiera cedió ante los tentadores embates de las japonesitas que bajo el efecto Zuchermann descrito por Philip Roth –confundir a los personajes con el autor- creían ver en él a Toru Watanabe: huyó del Japón.

La versión en inglés apareció en 2000 con el mismo título Norwegian Wood y tuvo también una gran acogida por parte de los lectores y de la crítica (Aunque ya existía una versión clandestina hecha por estudiantes japoneses de inglés). Con el meloso nombre de Tokio Blues, se tradujo al fin al español esta mítica novela y parece que en nuestro idioma tampoco pasará desapercibida: en el primer mes se agotó la primera edición.

¿Cuál es el encanto? Sin más preámbulos: Tokio Blues tiene esa extraña virtud que pocas obras literarias alcanzan: satisfacer por igual al crítico más exigente y al lector más ingenuo. Hay varios niveles al gusto de cada uno de ellos: novela existencial de aprendizaje y love story al pie de la letra. Una trama sencilla y a la vez ambigua como la canción de Lennon y McCartney que la inspira y se convierte en su leitmotiv: Una vez tuve una chica/ ¿O debería decir/ Que ella me tuvo a mí?

Toru Watanabe tiene 37 años y se encuentra en el aeropuerto de Hamburgo bajo la fría lluvia de noviembre. En los altavoces se escucha una versión ordinaria de Norwegian Wood pero que será suficiente para perturbarlo y devolverlo 18 años atrás: Tokio a finales de los sesentas, cuando él era un angustiado y solitario estudiante. La música lo lleva al pasado y a la necesidad de relatar la época de su adolescencia: Watanabe pertenece a esa clase de personas que sólo entienden los hechos hasta que los ponen por escrito. Entonces, con una voz que nos seduce de inmediato por su honestidad y su desamparo –su modo de narrar tiene algo hipnótico y opiáceo, dice Rodrigo Fresán- nos contará cómo fue su historia de amor y desamor con Naoko y cómo fue descubriendo asombrado las cosas que valen la pena: la amistad, la belleza, el sexo, la literatura y la música. Es decir, Midori, Reiko, “Tropa de Asalto”, Kizuki, Nagasawa, Scott Fitzgerald, Thomas Mann, los Beatles, Bill Evans y las suites de Bach. Y algo que será su tabla de salvación: aprender a vivir con la presencia de la muerte. El temprano suicidio de Kizuki lo invita a él y Naoko hacia la muerte; la vitalidad encantadora de Midori lo llama hacia la vida: “Cuando murió Kizuki aprendí una cosa. Quizá me resigné a hacerla mía: la muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”.

Perdido en la multitud de Tokio, en bares de jazz, en sórdidas residencias de estudiantes, Watanabe espera una carta que nunca llega, busca respuestas auténticas y desconfía sabiamente de la política y de las instituciones. Se parece mucho a cualquier adolescente de cualquier época. Escucharlo es como oír de nuevo a ese que alguna vez fuimos y que se niega a morir. Y sí: leerlo produce irresistibles deseos de hacer el amor.

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