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Archivo para August, 2008

MACHETE

Sunday, August 10, 2008 por patxo

En ese sangriento y delicioso proyecto cinematográfico que se llamó Grindhouse (2007), realizado por los dementes Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, se pueden ver los avances de un filme (los cortos son el filme, en realidad) que podría hacer historia, se trata de Machete. Él es un héroe latinoamericano que, como buen ninja en español, mata a sus enemigos con el filo de su machete (el arma nacional colombiana). Aquí les van estos avances maravillosos. Insisto, es una lástima que ninguna distribuidora nacional se haya animado a traer Planet Terror y Death Proof, las dos obras que componen Grindhouse.

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LA SOLEDAD / JAIME ROSALES

Sunday, August 10, 2008 por patxo

Llevaba una temporada larga de pelea con el cine. No he visto The Dark Knight (todos dicen que está buenísima) porque mi labor de padre neófito me lo impide. Y me cuentan que hay buenas ‘pelis’ en la cartelera nacional, pero escaparme a la sala oscura por ahora no es fácil. Igual, estaba de riña con la mentira del cine. Etapas extrañas de la vida. Y de repente una amiga me trajo de España el filme La soledad (2007), que, si no me equivoco, es el segundo largometraje del director catalán Jaime Rosales. La obra ganó el Goya a Mejor Película en la ceremonia de comienzos de este año. Pero el premio nada significa. Hay pelis malas con buenos premios. No es el caso. Creo que es de lo mejor que se ha realizado en los últimos años en el cine español, en Europa, en castellano y en el mundo, quizás. Puro cine, que a veces no te lo pone fácil, pero te obliga a seguir viendo. Desde la apuesta formal el filme se la juega, la mayor parte del tiempo la pantalla está dividida en dos, así podés ver dos espacios al mismo tiempo y cómo el personaje o los personajes de desplazan por ellos. Y que importa si salen por izquierda de cuadro y entran por derecha, es difícil de explicar con palabras, tienen que verlo. La cámara casi siempre está ahí, quieta, esperando que pase todo frente a ella. El tema del audio puede joder a muchos porque, cuando vemos a los personajes hablando de lejos o a través de una ventana, pues, como si fuera la vida misma, se escucha con dificultad, lo que no sucede, claro, cuando tenemos a los protagonistas cerca. No voy a contarles la trama del filme, mejor si no la saben, es sencillísima, y durísima, y habla de eso, de la soledad. La tuya, la mía, la de Adela (la joven madre que decide dejar la rutina de su pueblo y marcharse a Madrid) o la de Antonia (la anciana madre que tiene que soportar las peleas de sus hijas adultas). Les regalo dos momentos del filme: una conversación entre mamá e hija sobre un tatuaje, y otra, entre Adela y su esposo irresponsable que, además de no darle un duro para ayudarle con la comida de su hijo, le pide dinero prestado. Hay que joderse. Gran filme, no recomendado para los que prefieren las ‘pelis’ de acción trepidante, hey, muy respetable, cada uno con sus gustos. Saludos a todos. Trataré de ‘postear’ con más frecuencia.

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LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA

Sunday, August 10, 2008 por patxo

Poco duermo últimamente. Y la madrugada me sorprendió con ganas de compartir con ustedes unos cortos momentos de un filme maravilloso, uno de los más brillantes de los últimos años, se trata de La escafandra y la mariposa (2007), dirigido por el realizador y artista Julian Schnabel. Es puro cine. Lo que logró el creador de esta obra es sorprendente. La cinta cuenta la historia de Jean-Dominique Bauby, que fue editor de la revista Elle y quien de repente se queda paralizado (solo puede parpadear) y prisionero dentro de su propio cuerpo. Su cerebro funciona muy bien, está lúcido, pero sus extremidades, sus músculos, no sirven para nada. Schnabel, con su cámara, nos mete en la piel del protagonista. Tenía un reto complejo y lo resolvió con maestría. Aquí va sólo un pequeño segmento de esta increíble obra. Saludos a todos.

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Tokio blues

Monday, August 4, 2008 por Luis Fernando Afanador

Leyendo el Moleskine literario, el blog del escritor peruano Iván Thays, me encontré la siguiente noticia:

El director franco-vietnamita Tran Anh Hung, quien dirigió la exitosa película El olor de la papaya verde y también En pleno verano, se ha animado a llevar la novela de Haruki Murakami Norwegian Wood (“Tokio Blues” en castellano) al cine. El casting va a ser fabuloso, con ese cargamento de muchachas frescas y veraniegas que tiene enlistadas no le será difícil conseguir a las protagonistas. Eso sí, las chicas que postulen al papel de Midori deberán ir al casting en minifalda y mostrar unas piernas fabulosas, o mejor que no asistan. Dice la nota:

Está previsto que comience el rodaje dentro de dos meses, con el fin de que la película sea distribuida en las salas de cine en 2010. Tokio Blues, cuyo título original en japonés es un homenaje a la canción de los Beatles Norwegian Wood, cuenta la historia de la relación entre un joven universitario con la novia de su mejor y único amigo, que se suicidó un año antes. La novela ha vendido en Japón 8,7 millones de ejemplares y ha sido traducida a 33 idiomas, y es uno de los mayores éxitos recientes de la literatura japonesa. El proyecto de llevarla por primera vez al cine nació cuando Tran Anh Hung la leyó en París y decidió hacer la película en Tokio y con actores japoneses. El director apuntó en el comunicado emitido hoy por la productora que la novela tiene todos los elementos para ser convertida en película. A su juicio, la obra de Murakami tiene fuerza y al tiempo sensibilidad, elementos que, junto al vigor y la elegancia, hacen que la escritura sugiera sensualidad y poesía.

Tenía entendido que Murakami se había negado sistematicamente a que su novela fuera llevada al cine. Bueno, al fin cedió a la tentación, por las razones que fueran. Me parece una empresa difícil: tendrá que luchar contra el imaginario de los adoradores de ese libro, entre quienes me incluyo. Difícil, más no imposible, como siempre ha sido. Mucha suerte para Tran Anh Hung. A quien le interese, un comentario que alguna vez escribí sobre esta “Madera noruega”:

Cuando esta novela fue publicada en Japón en 1987 produjo un efecto parecido al de El Guardián entre el centeno en Estados Unidos: todos sintieron que esa desolada e intensa historia de adolescencia era la de sus propias vidas. Los jóvenes japoneses se encontraron con un libro que los acompañaba en su juventud y los mayores con una “máquina del tiempo” que se las recordaba. Y ambos confesaron una irrefrenable necesidad de hacer el amor después de leerlo.

El culto Murakami se convirtió en un fenómeno de masas. Cuatro millones de ejemplares vendidos y una industria cultural a su alrededor: afiches de bosques y vinos, chocolates y té con el nombre de Madera Noruega, el título original de la obra tomado de una canción de los Beatles. Como la edición japonesa se publicó en dos tomos –uno rojo y otro verde-, sus fans, conocidos como “la tribu noruega”, se vestían con alguno de estos dos colores para que se supiera en qué parte del libro iban. Valga aclarar que Murakami fue ajeno a ese fenómeno y no se prestó para aparecer en comerciales ni aceptó que su novela fuera llevada al cine. Ni siquiera cedió ante los tentadores embates de las japonesitas que bajo el efecto Zuchermann descrito por Philip Roth –confundir a los personajes con el autor- creían ver en él a Toru Watanabe: huyó del Japón.

La versión en inglés apareció en 2000 con el mismo título Norwegian Wood y tuvo también una gran acogida por parte de los lectores y de la crítica (Aunque ya existía una versión clandestina hecha por estudiantes japoneses de inglés). Con el meloso nombre de Tokio Blues, se tradujo al fin al español esta mítica novela y parece que en nuestro idioma tampoco pasará desapercibida: en el primer mes se agotó la primera edición.

¿Cuál es el encanto? Sin más preámbulos: Tokio Blues tiene esa extraña virtud que pocas obras literarias alcanzan: satisfacer por igual al crítico más exigente y al lector más ingenuo. Hay varios niveles al gusto de cada uno de ellos: novela existencial de aprendizaje y love story al pie de la letra. Una trama sencilla y a la vez ambigua como la canción de Lennon y McCartney que la inspira y se convierte en su leitmotiv: Una vez tuve una chica/ ¿O debería decir/ Que ella me tuvo a mí?

Toru Watanabe tiene 37 años y se encuentra en el aeropuerto de Hamburgo bajo la fría lluvia de noviembre. En los altavoces se escucha una versión ordinaria de Norwegian Wood pero que será suficiente para perturbarlo y devolverlo 18 años atrás: Tokio a finales de los sesentas, cuando él era un angustiado y solitario estudiante. La música lo lleva al pasado y a la necesidad de relatar la época de su adolescencia: Watanabe pertenece a esa clase de personas que sólo entienden los hechos hasta que los ponen por escrito. Entonces, con una voz que nos seduce de inmediato por su honestidad y su desamparo –su modo de narrar tiene algo hipnótico y opiáceo, dice Rodrigo Fresán- nos contará cómo fue su historia de amor y desamor con Naoko y cómo fue descubriendo asombrado las cosas que valen la pena: la amistad, la belleza, el sexo, la literatura y la música. Es decir, Midori, Reiko, “Tropa de Asalto”, Kizuki, Nagasawa, Scott Fitzgerald, Thomas Mann, los Beatles, Bill Evans y las suites de Bach. Y algo que será su tabla de salvación: aprender a vivir con la presencia de la muerte. El temprano suicidio de Kizuki lo invita a él y Naoko hacia la muerte; la vitalidad encantadora de Midori lo llama hacia la vida: “Cuando murió Kizuki aprendí una cosa. Quizá me resigné a hacerla mía: la muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”.

Perdido en la multitud de Tokio, en bares de jazz, en sórdidas residencias de estudiantes, Watanabe espera una carta que nunca llega, busca respuestas auténticas y desconfía sabiamente de la política y de las instituciones. Se parece mucho a cualquier adolescente de cualquier época. Escucharlo es como oír de nuevo a ese que alguna vez fuimos y que se niega a morir. Y sí: leerlo produce irresistibles deseos de hacer el amor.

Con The Soup no se metan

Friday, August 1, 2008 por Miren Vitore Magyaroff

Todas las mañanas cuando miro El Tiempo la frase que más digo es “no hay derecho” y no solo por las noticias y el tono en que se publican, sino por cómo están escritas. Es que quiero confesar, ojalá otros me apoyen, que tengo que releer las noticias, hasta las más corticas, porque no las entiendo y lo mejor de todo es que pierdo el tiempo releyendo porque quedo sin entenderlas. La sección Cultura & Gente la paso casi sin leerla, solo miro los titulares, porque sé que las noticias de cine, libros y música, son más precisas en Internet. Además cine ahora está perdida en la primera sección de periódico con uno que otro artículo en la segunda sección. Sin embargo hoy rompí mi esquema para ver El Tiempo sin amargarme la vida y, como era de esperarse me la amargué.

Hoy, en la sección Cultura & Gente salió un artículo sobre el programa The Soup, que critica todo lo que aparece en la televisión gringa. Como veo el programa desde que se llamaba Talk Soup y lo presentaba Greg Kinnear me llamó la atención el artículo, pero qué desagradable sorpresa me llevé al leerlo. Es decir, entiendo que los artículos tengan algunas imprecisiones, lo que no entiendo es que estén llenos de ellas y hasta parezcan escritos por personas que no tuvieran ni idea de lo que están hablando.

Para que quedemos claros de qué se está hablando, en efecto The Soup comenzó en 2004, pero no sería sucedido por Talk Soup como lo dice en El Tiempo, sino que continuaría hasta ahora para celebrar su cuarta temporada, no su tercer aniversario como dice en este artículo que espero poder olvidar en unas horas. Lo cierto es que Talk Soup fue el antecesor de The Soup y su presentador fue Greg Kinnear desde 1991 hasta 1995. La idea del programa era criticar “talk shows” como el de Jerry Springer y Ricki Lake, y a un nuevo programa, The Real World, que daría paso al género de los realities que ahora nos invade. Después de que Kinnear dejara la presentación del programa lo sucederían John Henson (1995-1999), Hal Sparks (1999 – 2000) y Aisha Tyler (2001-2002). En 2004 resucitaría como The Soup y sería presentado por Joe McHale.

Resuelto este enredo armado en dicho artículo, describamos a The Soup. El programa es, básicamente, una crítica semanal a todo lo que hay en la televisión de Estados Unidos, no se salvan ni las televentas. Por eso, contrario a lo que dice en El Tiempo, no es para nada paradójico que The Soup sea emitido en E!, un canal de entretenimiento. Es que ¿qué mejor espacio para una crítica de televisión que un canal dedicado las 24 horas a ella? El programa consta de un presentador que pasa pedazos de programas y se burla de ellos, como lo hacemos todos en nuestra casa, incluidos los que pasan en E!, porque un síntoma de buen humor es la capacidad que se tenga para burlarse de sí mismo. Por esto no puede compararse, ni remotamente, con Saturday Night Live, como se hace en El Tiempo, porque son dos programas totalmente distintos. The Soup es el mayor crítico de programas como I Love New York, The Hills, America’s Next Top Model, Keeping Up with the Kardashians, Inside Edition, TMZ, Access HollywoodThe Oprah Winfrey Show, The View, y Dr. Phil, que no es “un psiquiatra televisivo que tiene su propio show con estrellas de Hollywood que quieren rehabilitarse”, como dice en El Tiempo, sino un psiquiatra que trata de resolver problemas de gente del común y que ocasionalmente invita a estrellas de Hollywood. También critica novelas latinoamericanas en su sección Clippos Magníficos, pero no siempre se burla de novelas mexicanas, es más, casi siempre se burla de pedazos de Decisiones, donde participan actores colombianos.

Con este mal trago que pasé con The Soup entendí por qué no volví a leer la sección de Cultura & Gente de El Tiempo. No es posible que un artículo sobre un programa de televisión lo escriba alguien que nunca ve televisión y que ni siquiera se toma el trabajo de investigar para hacerlo. Pero bueno, esto me pasa por creer que El Tiempo puede cambiar.

Temporadas 2007-2008: una falta de respeto

Friday, August 1, 2008 por Miren Vitore Magyaroff

Yo sé que este es un blog de cine, pero hay algo de lo que quiero hablar hace más de un mes. Después de que lo haga, después que me desahogue prometo escribir de cine. Hoy voy a hablar de televisión, de la temporada que acaba de pasar de las series gringas porque estoy realmente ofendida con el tiempo que me hicieron perder durante más de ocho meses que duró la temporada pasada.

Hace casi un mes Katherine Heigl pidió no ser considerada para las nominaciones a los premios Emmy. La razón: sentía que el material que le habían dado la temporada pasada de Grey’s Anatomy no era lo suficientemente bueno para una nominación. Claro, como era de esperarse, todos le cayeron encima. Los escritores, que estuvieron en huelga desde octubre de 2007 hasta febrero de 2008, veían sus comentarios como una traición. Llegó a rumorarse que Shonda Rimes, la escritora de la serie, iba a acabar con Izzie Stevens, el personaje que interpreta Heigl, así como lo hizo con Preston Burke cuando Isaiah Washington, el actor que lo interpretaba, quedó ante todos como un homofóbico sin remedio, por unos chismes de cocina que se filtraron en los medios. Lo chistoso de todo este asunto es que como seguidora de esta y otras series estadounidenses no estoy sorprendida por las declaraciones de Heigl porque me siento realmente estafada con las temporadas 2007-2008.

Lo raro es que en septiembre de 2007 todo parecía ir bien. Las series viejas y las que apenas se estaban estrenando empezaban bien. El único tormento para los fans de estas series era la amenaza de huelga de los escritores que finalmente se cumplió y que interrumpió las filmaciones casi cinco meses. Los capítulos que ya estaban grabados se pasaron dosificados en esos meses que duró la protesta y los seguidores estábamos ansiosos por saber qué pasaría. Cuando la huelga terminó, los canales anunciaron el regreso de las series la última semana de abril. Pero esta alegría se acabó al anunciarse, cuatro semanas después, los finales de temporada. ¿Cómo es posible que hayamos esperado casi 4 meses para ver la continuación de las series y nos hayamos encontrado con solo 5 episodios que además parecían escritos por alguien que quisiera sabotear la serie o que quisiera salir de vacaciones rápido? Claro, supongo que la pauta que respalda a estos espacios estaba por vencerse y tuvo algo que ver que ver con estos apresurados finales, pero eso no es excusa para tratar así a los televidentes.

En Grey’s Anatomy, por ejemplo, no pasó nada en esta última temporada y lo poco que cambió bien habría podido resumirse en máximo 5 capítulos. En Gossip Girl, una serie nueva, todo parecía ir bien (una serie de colegio casi nunca falla), pero la historia se desvió cuando una de las protagonistas adolescentes creía haber matado a alguien. Al final no había matado a nadie y esos últimos cinco capítulos sobraban. Otra de las series que decepcionó y en la que tampoco pasó mayor cosa fue E.R., que, como Grey’s Anatomy, ya parece Melrose Place donde todos deben tener algún cuento con todos. Incluso hubo series que nunca acabaron como The New Adventures of Old Christine y Cane, que además la cancelaron sin que en Colombia dijeran nada después de hacerle propaganda durante un mes por tener a Paola Turbay como protagonista.

Hay que reconocer que la rabia que me dieron estos finales de temporada pudo ser superada gracias a Mad Men, Curb Your Enthusiasm, 30 Rock, Two and a Half Men (con su capítulo estilo CSI), Extras, Weeds, Saturday Night Live, Californication y The Soup. Es que tan mal me sentí que me volví aficionada al reality de descerebrados que es The Hills y cambié a Meredith y Derek por Heidi y Spencer. Después de esta confesión, que es más un grito desesperado de ayuda, veré en septiembre la próxima temporada de las series gringas porque no tengo la fuerza de voluntad de algunas personas que conozco para vetarlas. Les daré una segunda oportunidad para que se reivindiquen, para que Izzie Stevens vuelva a ser la misma y Catherine Heigl quiere volver a ser nominada a los Emmy.