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El cine de los otros: Mauricio Reina

Jul 17, 2008 por Ricardo Silva Romero

Yo admiro mucho a Mauricio Reina. Cuando entrevistaba a gente en la televisión en aquel programa de humor, cuando escribía esas largas reseñas en Cambio, yo pensaba que no se podía ser mejor entrevistador ni mejor reseñista. Ahora, en www.ochoymedio.info, hemos rescatado el archivo de sus textos sobre cine. Y lo he seguido en su pequeña columna de Lecturas. Mauricio es economista, guionista, cinéfilo, escritor, presentador. Y juega squash mucho mejor de lo que jamás podré jugar. Respondió las preguntas de esta manera tan bonita: 
 
1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
 
Los recuerdos más remotos que tengo de haber ido a cine están asociados con un objeto entrañable: una cobija azul, reforzada en el borde con una cinta de seda.
 
Los domingos, después de ir a misa, mi mamá nos llevaba a mis cinco hermanas, a mi hermano y a mí (yo era el menor) a función matinal en el teatro Miramar. Tras la repartición de las respectivas colombinas Charms, atravesábamos unas pesadas cortinas rojas y entrábamos en un mundo de ensueño que sólo era perturbado por los pegotes de gaseosa en el piso. Como los asientos eran contráctiles, mi mamá, mis hermanas mayores y mi hermano desplegaban la parte baja de sus sillas y se sentaban cómodamente, mientras los menores nos sentábamos en el borde de las nuestras sin desplegar, haciendo equilibrio para poder ver sobre las cabezas de los espectadores de adelante.
 
Esos primeros recuerdos pueden corresponder a ‘Blancanieves’, ‘Los diez mandamientos’ o ‘La batalla decisiva’, que durante muchos fue para mí ‘La batalla de Cisiva’, como se llamaba ese remoto lugar donde yo creía que había ocurrido tan importante batalla. Pero poco importa cuál haya sido la película de mis recuerdos, porque al poco tiempo yo ya estaba durmiendo envuelto en la cobija azul con borde de seda, en el regazo de mi mamá. Así empezó a gustarme ir a cine.

2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
 
La comparación no es buena: mi Primera Comunión y mis actos de grado me parecieron ceremonias agobiantes (salvo, por supuesto, el almuerzo familiar de remate en La Piazzetta), y sólo he estado en matrimonios ajenos, que no han sido menos tormentosos.
Ahora bien, en el cine puedo identificar unos cuantos ritos de paso que por motivos ignotos —o tal vez evidentes, vaya uno a saber— dejaron una huella indeleble en mi memoria. La primera vez que fui a ver una película en una función nocturna: ‘El Profe’ de Cantinflas. La primera vez que fui a cine con niños de mi edad y no con alguien de mi familia: ‘El clan de los doberman’ en el teatro El Lago. La primera vez que vi una mujer semidesnuda en la pantalla: ‘Un hombre llamado caballo’ con Richard Harris. La primera vez que vi una película erótica: ‘La camarera curiosa’ en el Alpha 2. La primera vez que fui a un cine-foro: ‘La historia de Adela H.’ en un foro conducido por Hernando Martínez. Esa también fue la primera vez que fui solo a cine, la primera de muchas…

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
 
El recurso sin duda es bueno: no hay mejor manera de empezar a descubrir a alguien que saber qué películas ve, qué libros lee y qué música oye. Y cuantas más contradicciones haya entre los tres conjuntos, tanto mejor el descubrimiento.
 
Sin embargo, cada vez soy más reacio a usar ese recurso para darme a conocer, porque el riesgo es muy grande: pocas cosas son tan dolorosas como descubrir que una película que me gusta mucho le resulta indiferente a una persona que me interesa. Por eso el cine, la música y la lectura tienden a convertirse en placeres solitarios: la semilla de cada uno germina de una manera distinta en el universo interior de cada cual.
 
Como mis crecientes reticencias no han logrado eximirme de reincidir, si conociera una persona que me interesa tarde o temprano terminaría mostrándole algunas películas para que me conociera mejor.  Pero no le mostraría las películas que más me han gustado, porque no quiero confirmar lo impredecibles que son las semillas y sus frutos. Le mostraría algunas de las películas que me han hecho reír y llorar: pocas cosas son más reveladoras del mundo interior de una persona.
 
Empezaría por la risa, mostrándole el brevísimo corto de W.C. Fields que nos solía poner mi papá antes de ver las películas familiares en esas noches en que desempolvaba el proyector de 16 milímetros. (Por suerte todavía conservo las películas y el proyector.)  Después le mostraría ‘El regreso de la Pantera Rosa’ (sobre todo el chiste de Cato y el Inspector Clouseau tratando de trepar a una tapia) y seguiría con ‘Annie Hall’ de Woody Allen, que gracias a la inagotable obviedad de las distribuidoras colombianas terminó convertida en ‘Dos extraños amantes’. Además le mostraría esa mordaz reencarnación gringa de ‘Esperando a Godot’ que es ‘Waiting for Guffman’, seguida por otra maravilla de Christopher Guest: ‘Best in show’. Remataría esta sesión con un par de joyas de la BBC: cualquier episodio de ‘Fawlty Towers’ y el capítulo de ‘Knowing me, knowing you’ en que Alan Partridge canta un potpurrí de Abba.
 
Si a esas alturas la persona en cuestión se ha reído de las mismas cosas que me río yo, pasaría a mostrarle las películas que me han hecho llorar. (Si no, no…) Le mostraría ‘Perdidos en la noche’ de John Schelsinger (y le regalaría la canción ‘Everybody’s talking’ de Harry Nilson) porque me hizo llorar por razones obvias. Después pasaría a ‘Tin men’ de Barry Levinson, porque me hizo llorar por motivos misteriosos que aún no logro descifrar. Y remataría con el concierto de Simon y Garfunkel en el Central Park, porque aún consigue llevarme a Los sonidos del silencio en una radiola Phillips en una tarde oscura de una casa en el barrio La Soledad, cerca del teatro Miramar donde arranca y termina el círculo.   
 
4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
 
Son tantos mis placeres culposos, que sólo voy a mencionar algunos. Empecemos por los lugares comunes: ‘Planet 9 from outer space’ y ‘Glen or Glenda’ de Ed Wood, así como casi todas las películas japonesas de los años cincuenta sobre monstruos. Sigamos con las colombianas: toda la obra de Jairo Pinilla, ‘La noche infernal’ de Rittner Bedoya y ‘Caín’ de Gustavo Nieto Roa, con su insólito contraste: Marta Liliana Ruiz en una Baby Doll destrozada tratando de que no se le viera nada durante noventa minutos, y Martha Stella Calle mostrando todo cuando aún no estaba de moda mostrar nada. También puedo mencionar varias películas de Bruce Lee, una que otra de Pierre Richard, ‘¿Dónde está el piloto?’ y cualquiera de la colección ‘Mystery Science Theater 3000’. Y como después de semejante dosis uno termina desvelado, concluyo con todas las películas que dan en el canal Retro después de la media noche: para disfrutarlas sólo hay que bajar la guardia, que es lo primero que uno hace cuando está desvelado.
 
5. ¿Por qué no puede dejar de ver cine?
 
Porque ver cine y leer libros son las mejores maneras de encontrar interlocutores en un mundo en el que cada vez hay menos gente con la que valga la pena hablar.

2 comentarios para “El cine de los otros: Mauricio Reina”

  1. JAIME dice:

    por favor darme el e-mail de mauricio reina

  2. Samuel Castro dice:

    Hola Jaime. No lo tenemos. Se lo preguntaremos y te lo daremos por aquí.

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