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El cine de los otros: Eduardo Arias

Jul 17, 2008 por Ricardo Silva Romero

He trabajado con Eduardo Arias desde hace ocho años. Y de lo único que me puedo quejar (mejor: lo único que no le admiro) es que sea hincha de Santa Fe. Creo que es uno de los pocos humoristas buenos que tenemos. Pienso que el disco que sacó hace poco, el especial de Hora Local, es una maravilla. Me parece que es, con Luis Fernando Afanador, uno de los periodistas que mejor se ha adaptado al mundo de los blog. Y las crónicas que hace para Semana y las columnas que escribe para SoHo siempre me convencen. Sé de primera mano que con él se puede hablar de todo. De literatura, de rock, de política, de ecología, de arquitectura. Y de cine. Y que es uno el que sale ganando en el proceso. Estas son sus respuestas: 
 

1. ¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?

En realidad no. Desde muy niño, en los años 60,  me llevaron a matinales y son recuerdos muy borrosos. No sé cuál fue la primera película que vi. Pero sí recuerdo que era algo muy especial, todo un acontecimiento que marcaba un largo período de tiempo. Cuando vi Fantasia, de Walt Disney, por ejemplo, la película me dio vueltas y vueltas durante mucho tiempo. Recuerdo que vi La novicia rebelde el 1 de enero de 1965 y que la repetí el 1 de enero de 1967 porque duró como tres años en cartelera, si mi memoria no falla, algo bastante probable, por cierto.

2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Las de Fellini. En el segubndo semestre de 1979 dieroniclo de Fellini en el Jorge Eliécer Gaitán y todas las tardes, de lunes a viernes, fui con un amigo de la universidad a ver las que dieron: 8 y 1/2, Julieta de los espíritus, Amarcord, Satyricón y Roma. En esa semana dejé de ver el cine como un entretenimiento ocasional y comencé a darle mucha seriedad e importancia al asunto.

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?

 
Azul, de Kieslowski… pedante, pretenciosa, falsa como ella sola. El paciente inglés… un bodrio espeluznante en el que todo era tan inverosímil que tenían que justificarlo a punta de parrafadas en off.
Sophie’s Choice… Plagada de clichés de telenovela barata, no se acaba nunca, tenía como tres finales uno detrás de otro y cada uno cada vez más traído de los cabellos. The Wall, de Alan Parker. Inspirada en esa retahila de lugares comunes a cargo de don Roger Waters, No hay historia… y qué tal esas animaciones… 
Tommy, de Ken Russell. Destrozó y vulgarizó hasta extremos que ruborizarían a Las Vegas la idea original de The Who. Idea que, siendo honestos, no era una ópera ni nada que se le parezca ni que se pueda llevar a la pantalla. Salvo el par de aportes de Elton John y Tina Turner, la banda sonora es una verdadera inmundicia.

 
6. ¿Por qué no puede dejar de ver cine?

No es que no pueda. De hecho a veces paso meses enteros sin ir a cine (en gran parte por lo aburrido que es ir a cine en centros comerciales, esos teatros que son más expendios de comida chatarra que salas de cine) y me conformo con engancharme a una película que pasan por televisión o echo mano de los DVDs, que no es lo mismo que ver la película en una sala. Pero el cine, y en particular ciertos directores y ciertas películas forman parte de mí de una manera muy familiar. Como si hablar de esas películas o directores fuera hablar de un tío o de un paseo familiar a una finca.

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