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El cine de los otros: Antonio Ungar

Jul 17, 2008 por Ricardo Silva Romero

Antonio Ungar es un tremendo escritor. Sus pequeños cuentos, desde los relatos de Trece circos comunes hasta los recuerdos sueltos de Las orejas del lobo, tienen una fuerza que es muy difícil de alcanzar. Hay que ser él para lograrla. Pero a mi lo que me importa, en realidad, es que nos dan ataques de risa juntos. Lo que puede significar que me tienen sin cuidado los buenos escritores pero me importan mucho las personas en las que uno puede confiar: compartir un ataque de risa une para siempre. Ahora, a punto de presentar sus cuentos en francés, dice esto en nuestro viaje por el cine de los otros:
 
1. ¿Recuerda qué se siente al ir a cine por primera vez?

No.

 
2. ¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?

Hombre, la primera comunión y la graduación son tal vez los dos peores momentos de mi vida y carecieron de cualquier emoción. Por eso los puedo comparar, por ejemplo, con ver la ‘La mujer del piso alto’ (de Ricardo Coral), o ‘Surviving Picasso’ (creo que es de un individuo de apellido Ivory), o ‘El paciente inglés’ (la de Minghela, que se ganó nueve Oscares, creo que se inventaron dos o tres categorías nuevas para darle tantos). Esas tres películas y otras pocas me hicieron salirme antes del final y sentir pocas horas después ganas de volver para incendiar el teatro.
Mis dos matrimonios han sido en cambio experiencias muy buenas. Yo siento una fracción de esa misma alegría cada vez que veo una película (menos las de la primera parte de la respuesta, claro). Me puso a pensar con la pregunta en Karate Kid. No sé quién la hizo, pero yo la vi cuando tenía 11 años con Carlos Tafur, un vecino con el que habitualmente me turnaba el papel de pera de boxeo para que desahogaran sus iras incomprensibles todos los demás adolescentes del barrio. Tafur y yo salimos de la sala felices, creyendo que aprenderíamos karate en un par de sesiones y seríamos los dueños del mundo. No lo hicimos.

3. Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es ¿Qué películas lo pondría a ver con usted?

Todo Sergio Leone, todo Kitano, todo John Ford, casi todo Kusturica, Grifith, bastante Ken Loach, todo Elia Kazan, casi todo Scorsese, todo Buñuel, casi todo Wilder. Creo que se demoraría demasiado tiempo conociéndome, la persona virtual, y se aburriría con toda la razón. No porque yo sea un erudito del cine, que no lo soy, sino porque hay muchos directores que me gustan. Y tendría que repetirse todas las películas varias veces, el aspirante.

4. ¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?

Ninguna. Yo creo que si uno disfruta una película no hay culpa posible, se convierte inmediatamente en una buena película para uno (y en esto no hay que darle ninguna importancia a la opinión de los llamados ‘intelectuales’).

5. ¿Porqué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine?

El cine es la forma más efectiva de contar una historia. Tiene además un componente de magia, de truco, que la hace encantadora. Para los que escribimos, cada película es también una clase (muy barata) de cómo contar.

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