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Archivo para May, 2008

Sidney Pollack

Tuesday, May 27, 2008 por Luis Fernando Afanador

No soy un experto en Sidney Pollack pero dos recientes acercamientos a sus películas me hicieron ver el gran director que es. Uno: leyendo el estupendo libro de Linda Seger, Cómo convertir un buen guión en un guión excelente, que toma a Tootsie como uno de sus ejemplos, aprecié mejor la importancia de esta película. Y dos: buscando información sobre la escritora Isak Dinesen, me vi por primera vez Lejos de África en enero pasado. ¡Qué gran película! Por ese ideal de relación de pareja entre Karen Blixen (Meryl Streep) y el personaje que encarna Robert Redford; por la mirada crítica al comportamiento de los colonizadores y, por supuesto, por los paisajes y la música. Y no me refiero sólo a la muy buena banda sonora de John Barry, sino al impresionante contraste de las melodías de Mozart en un viejo fonógrafo en medio de la sabana africana.

Dos hechos concretos que me hacen sentir pena por la muerte ayer en los Angeles de el director de cine Sidney Pollack.

Crisis en Kinetoscopio

Saturday, May 24, 2008 por Alejandro Martín

Kinetoscopio es la revista de cine más importante de Colombia desde hace varios años. Y una de las más importantes de América Latina en los últimos tiempos. La publicación, realizada por el Centro Colombo Americano de Medellín, fue creada por el director de la institución, Paul Bardwell, en 1990. Bardwell la mantuvo contra viento y marea durante toda su vida. Desde su muerte, en 2004, las relaciones entre los cinéfilos que quedaron a cargo de Kinetoscopio (todos protegidos de Bardwell) y las nuevas directivas del Centro no han sido las mejores. Esas tensiones llevaron, hace apenas unas semanas, a la renuncia del editor de la última etapa de la revista: Pedro Adríán Zuluaga. Zuluaga cuenta, en la entrevista que sigue, la historia de la situación actual del proyecto.

¿Qué está pasando ahora con Kinetoscopio? ¿Qué determinó el cambio? ¿Qué va a pasar?

Tras la muerte en 2004 del director y fundador de la revista, Paul Bardwell, ingresó al Centro Colombo Americano de Medellín un grupo directivo con ambiciones culturales mucho menores, carentes del componente de riesgo e innovación que fue una marca de la institución. Evidentemente, la revista siempre se ha hecho a pérdida (o a fondo perdido para decirlo en palabras de Pierre Bourdieu), pero con Paul a la cabeza se sabían entender las ganancias simbólicas y de largo plazo que Kinetoscopio reportaba. Los nuevos directivos desconocen esa trayectoria y han motivado un diagnóstico cuyo propósito es encontrar razones para cambiar el sentido editorial de la revista, buscando según ellos una mirada más cercana a la comunidad. Todo esto se ha hecho de espaldas a los lectores y colaboradores. Cuando el Colombo habla de comunidad presume una entidad abstracta e inabarcable, pero la comunidad inmediata y reconocible (lectores y colaboradores) no le ha interesado. Ante la inminencia de los cambios y el sentido de los mismos un grupo de personas decidimos alertar a la opinión pública, básicamente con la intención de dejar una constancia moral sobre nuestro desacuerdo con la forma de proceder de la institución y reafirmando que Kinetoscopio no es el fracaso editorial que el Colombo está pregonando, que la revista es un referente para los investigadores y los cinéfilos del país, que es un medio con un nicho muy específico pero no despreciable, que hablarle a las mayorías puede significar realmente no hablarle a nadie.

¿Cuál era el papel del Colombo para el cine en Medellín? ¿Cómo cambiaron las cosas? ¿Se creó un grupo fuerte que mantenga una actividad independientemente del Colombo?

El volumen 2 de Páginas de cine, de Luis Alberto Álvarez, estaba dedicado a Paul Bardwell, “Restaurador del amor al cine en Medellín”. Eso da una idea de la importancia que el Colombo Americano tuvo para toda una generación de cinéfilos y cineastas. Era un proyecto pensado en forma integral y que incluía las salas de cine, la revista, una extraordinaria videoteca y un centro de documentación con material bibliográfico y hemerográfico sobre cine. Hoy el Colombo ha dejado de ser un referente para la ciudad y el país sobretodo por no haber sabido reaccionar a los cambios tecnológicos y a las nuevas expectativas del público frente al consumo de cine. Esto puede parecer contradictorio con respecto a la primera respuesta pero en realidad no lo es. La fortaleza del Colombo no fue ofrecer lo mismo que todos los demás pensando en un público másivo, sino suponer un público inteligente y exigente, en una ciudad aparentemente monolítica y conservadora. Y ese respeto por el público, en muchos casos, tuvo una respuesta que se puede llamar masiva, donde la cantidad se unía a la calidad de la experiencia.

Hoy hay grupos como el que se reúne alrededor del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia que hacen un trabajo mucho más consistente; incluso se abre paso un festival como el de Medellín sin Fronteras, liderado por el Museo de Antioquia. Pero no se trata de reemplazar un espacio por otro sino de sumar espacios, cada uno con sus prioridades. El Colombo actual está saliendo de ese juego de posibilidades por una política muy conservadora y orientada desde la frialdad de las cifras.

¿Se puede ver en otras esferas (universidades, producción de cine o tv, centros culturales, políticas distritales o nacionales…) el efecto del Colombo y de Kinetoscopio?

Se puede presumir, aunque no es cuantificable. En todo este movimiento de opinión pública que se ha generado hemos recibido la solidaridad de infinidad de personas que manifiestan su aprecio por la revista. Entre ellas están los grandes directores de cine del país. Gente como Luis Ospina, Víctor Gaviria, Lisandro Duque, Andi Baiz, Ciro Guerra, Jorge Echeverri, Pacho Bottía, Oscar Campo, entre otros, han declarado su respeto por Kinetoscopio. Pueden apreciar más o menos su contenido, pero reconocen una trayectoria de independencia crítica. A partir de la aprobación de la Ley de cine y el aumento en la producción de películas nacionales, Kinetoscopio decide mirar el fenómeno atentamente sin lanzar las campanas al aire como lo han hecho los demás medios. Al contrario, intentamos producir materiales que fueran de utilidad para la reflexión de la política pública como los tres dossiers sobre oficios que se hicieron durante 2007 y donde se consultó respectivamente al sector de los guionistas, los productores y los actores y directores de actores. Ha quedado claro que las autoridades cinematográficas nos miran con interés y están abiertas a nuestras críticas y cuestionamientos, sobretodo porque ha sido un espacio para discutir ideas, no para publicar versiones oficiales o estadísticas de origen institucional.
Muchas voces clamaban por una revista que fuera más útil para la industria y nosotros respondíamos en nuestros propios términos, ejerciendo una crítica serena, pero comprometida en sus posiciones.

Cuéntanos algo de la historia de la revista. ¿Cómo comenzó? ¿Qué momentos significativos marcan su historia? ¿Qué numeros son cruciales? ¿Qué personas pasaron por la revista y la marcaron? ¿Qué otras revistas latinoamericanas comparten historia con Kinetoscopio?

En 1988 una bomba del narcoterrorismo destruye parcialmente las instalaciones del Colombo. La reacción de Paul Bardwell es abrir una sala de cine al año siguiente y en 1990 fundar, al lado de personas como César Montoya, Luis Alberto Álvarez y Juan José Hoyos, la revista Kinetoscopio, inicialmente como un boletín con información de la sala.

Pero la revista crece, un grupo muy vital de personas se comprome con ella, se convierte en una ventana al mundo de los festivales de cine y de las películas de mayor riesgo artístico y en un escenario donde conviven la memoria y el presente. En 1995 gana una Beca a la excelencia en publicaciones culturales otorgada por Colcultura. Series como las de Luis Alberto Álvarez (“La historia del cine en cien películas”) o los dossiers sobre cine colombiano liderados por Santiago Andrés Gómez (y dedicados al cine de Oscar Campo, Luis Ospina, Víctor Gaviria, Jorge Rodríguez y Marta Silva, Mady y Gabriela Samper) marcan puntos muy altos de su contenido.

En los últimos años se han publicado especiales sobre cine político, “el cine del mal gusto”, cine español, documental, “el cine actual en 12 directores”, la edición conmemorativa de los 15 años y los dossiers sobre oficios en el cine colombiano.

Por la revista ha pasado, en uno u otro momento, toda la crítica de cine del país, desde los nombres tradicionales de este oficio como Orlando Mora, Alberto Aguirre, Hernando Martínez Pardo, Juan Diego Caicedo, Hugo Chaparro Valderrama, personas que ahora tienen mucho reconocimiento en los medios como Gustavo Gómez Córdoba o Juan Carlos Garay hasta cinéfilos e investigadores colombianos que se fueron del país y que mantienen un vínculo con Colombia a través de Kinetoscopio como Amanda Rueda o Isleni Cruz.

Por otra parte, también han escrito para la revista los grandes nombres de la crítica y la investigación sobre cine en Latinoamérica como el peruano Isaac león Frías, los uruguayos Manuel Martínez Carril y Jorge Ruffinelli, los argentinos Eduardo Russo y Quintín, los cubanos Luciano Castillo y Jorge Yglesias. Desciende de una tradición que es la misma que la de Dicine en México, Hablemos de cine y La gran ilusión en Perú, Ojo al cine, Cuadro, Arcadia y Cine en Colombia, Encuadre en Venezuela. Todas las anteriores revistas han desaparecido por las razones de siempre: dificultades económicas y reestructuraciones institucionales.Y la mayoría de ellas se hubieran salvado con una mayor voluntad y generosidad. Es eso lo que reclamamos del Centro Colombo Americano, una institución muy sólida económicamente y que se beneficia tributariamente de manera muy ingente gracias a su trabajo cultural, incluido Kinetoscopio.

¿Qué tipo de financiación ha recibido la revista? ¿Qué apoyo hay para las revistas culturales en colombia? ¿Cómo crees que deben desarrollarse este tipo de proyectos? ¿Qué cuestiones hay que plantearle al estado?

El grueso de los costos de financiación de Kinetoscopio los ha asumido siempre el Colombo Americano. Sin embargo, en los últimos años y gracias a la mayor institucionalidad del cine y la cultura en general -la Ley de cine, las secretarías de cultura municipales y distritales- se abren mayores posibilidades de financiación pública. El año pasado, el Colombo se benefició de estos recursos en una cifra cercana a los 40 millones de pesos, lo que significó un respiro económico y la posibilidad de hacer los dossiers sobre oficios mencionados antes. Por otra parte, el sector audiovisual está generando una infraestructura industrial con la creación de empresas que son potenciales anunciantes, pues estarían interesados en un producto de nicho, aunque faltan por evaluar los intereses y exigencias de ambas partes y si los nichos de verdad coinciden.

Las revistas culturales están asociadas en ARCA pero no veo una política agresiva en esta agremiación. La entrada en juego de grandes plataformas de medios de comunicación como Planeta y Prisa, con sus respectivos intereses editoriales, plantea muchos interrogantes para la viabilidad de los proyectos editoriales independientes. Considero que necesariamente tendrán que migrar a Internet y competir desde allí en una red mucho más tupida aun.

¿Existirán proyectos editoriales por fuera de Publicaciones Semana y Casa Editorial El Tiempo? Soy escéptico. Las entidades públicas y las universidades son las únicas posibilidades que yo veo claras a la hora de asumir una edición no comercial. Pero descartemos al Estado, cada vez más reacio a producir contenidos y orientando sus apoyos por convocatorias públicas, con su componente de capricho y su imposibilidad de garantizar continuidad. Nos quedan las universidades, y el coraje de unos cuantos editores independientes dispuestos a jugarse el pellejo para sobrevivir como los casos de El Malpensante y Número. ¿Pero son estos dos casos un modelo? No necesariamente si se piensa en las probabilidades mínimas de repetir esa experiencia por fuera de Bogotá y de una visión centralista de la cultura.

¿Cómo ves la relación entre la financiación de películas y la falta de financiación a proyectos editoriales sobre cine?

El Fondo para el Desarrollo Cinematográfico que administra los recursos de la Ley de cine y que es orientado por el Consejo Nacional para las Artes y la Cultura en Cinematografía que preside el Ministerio de Cultura, ha enviado mensajes muy equívocos al sector audiovisual. Por una parte, ha tolerado la mediocridad de la mayoría de las películas colombianas de largometraje que se hacen en buena parte a expensas de sus recursos, y en cambio se ha demostrado impaciente con la dinamica de otros frentes como los documentales, los cortos y los proyectos de formación de públicos (incluidas las publicaciones). En el primer caso se defiende con cifras: el público va a ver cine colombiano. Pero en el segundo caso se necesitan argumentos más sutiles. Y no los han encontrado o no los han buscado. La solución ha sido recortar, recortar, recortar. Menos plata para cortos y documentales. Cerrada la convocatoria de formación de públicos. Curiosamente estas decisiones se toman en un consejo que por lo menos en el papel tiene representación de cada uno de los actores del sector, pero las decisiones no parecen ser muy democráticas, a juzgar por lo que se ve. La política publica necesita ser más transparente y deliberativa, pero en mi opinión, esta política se está haciendo en los medios, es decir: una gran inversión en prensa para crear la sensación de que toda va bien y para que los medios amplifiquen un romance del público con su cine nacional. Es, de nuevo, la ficción de las mayorías, como lo expresaba hace poco Lisandro Duque en su columna de El Espectador. Pero la realidad tiene más matices que los que una cifra revela.

Cincuenta años no son nada

Wednesday, May 21, 2008 por Luis Fernando Afanador
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Cumple 50 años Vértigo (De entre los muertos), una de las mejores películas de Alfred Hitchcok y de la historia del cine. A comienzos de este año la volví a ver y me volvió conmover igual que la primera vez. ¿Qué tiene esta obra que no le pasa el tiempo? Una poderosa trama, de varios niveles y sentidos. Es un relato policíaco con un enigma que se resuelve en forma impecable. Y es también una historia de amor trágica y sublime, como corresponde al gran amor en Occidente: un hombre se enamora de una mujer inexistente, muerta hace mucho tiempo y cuyo modelo fue tomado de una pintura. Y la mujer real encargada de actuarla -para engañarlo y cometer un crimen- se enamora de él. Después del crimen el hombre conoce a la mujer real aunque ella mantiene el secreto. Pero tendra que volver a representarla: es la única alternativa que le queda para capturar su atención. El amor no existe, el otro es siempre un fantasma inventado por el que ama, repiten desde hace siglos scritores y psicoanalistas y Hitchcok, con gusto, se adhiere a esa tradición. Y hay, finalmente, un sustrato mítico. Este hombre que no se resigna a que su amada le sea arrebatada por los moradores del reino de la muerte, es el mismísimo Orfeo, fundador de la poesía:

¡Ay! ¿Quién de la tierra conoce las pérdidas?
Sólo aquel que cante, pero con tonos de alabanza,
el corazón nació para el Todo.

(Rilke, Sonetos a Orfeo, traducción de Otto Dorr)

LA CHICA DEL PUENTE

Thursday, May 1, 2008 por patxo

Hace más de una semana que no le agregaba nada a este blog que a veces se convierte en mi propio y cursi diario de Bridget Jones. No había sumado material nuevo porque andaba de bajón por la muerte de mi padrastro (falleció en Cali, el pasado miércoles 21 de abril, después de cinco meses en cama sin poder moverse) y la tristeza de mi vieja. Pero con el paso de los días, tanto ella como yo parece que estamos “al otro lado de la nube negra… al otro lado de los apagones”, como cantaba Sabina. Y sumando fuerzas vuelvo a la cibergalaxia para colgar una de las escenas del inicio del filme La chica del puente (1999), del director francés Patrice Leconte. Una secuencia inolvidable en la que la protagonista, Adele, (Vanessa Paradis), quien tiene ganas de acabar su vida saltando del puente hacia el agua oscura, es interrogada por Gabor (Daniel Auteuil, actor fetiche de Leconte), sobre si en realidad será capaz de dar el brinco o no. No se lo pierdan. Den el salto y vean la peli de hoy. Gracias por seguir revisando los videos de este VLOG.

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