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Elia Kazan (un clásico)

Jun 14, 2007 por Alejandro Martín
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Llevo unas semanas dedicado a ver el cine del Elia Kazan que no deja de conmoverme y de agitarme las entrañas de una manera brutal. Comencé, con Al este del edén, cerrando el ciclo (muy corto por cierto) de películas de James Dean que incluyó esas dos obras maestras que son Gigante y Rebelde sin causa (¿cómo es posible para un actor sólo aparecer en tres películas y aparecer justamente en tres películas de esa estatura y robarse en todas la pantalla?). Y luego me cogió el vicio de Kazan con Nido de ratas, Acuerdo de caballeros y Un tranvía llamado deseo. Creo que en pocas o en ninguna película había visto yo expuestos de esa manera todos los sentimientos y conflictos humanos. Todos los personajes son hondos, todos tienen mil cuerdas que los jalan, cada uno tiene un temeperamento propio tan singular. Todos tan intensos.

En este caso me sobrecogieron especialmente Al este del edén y Esplendor en la hierba. La manera como hila las relaciones familiares, las tensiones, y todo el conflicto entre el amor y el deseo. Todas las contradicciones entre lo impulsivo y lo controlado. Y además las dos películas son tan distintas, Al este compone todas las secuencias de manera perfecta, te atrapa en cada situación, parece que todo va a explotar siempre (un poco eso también es lo que trasmite James Dean). Mientras tanto Esplendor se demora en coger, no tiene esos grandes planos, ni esas secuencias tremendas, pero te va envolviendo hasta que ya estás atrapado. Warren Beaty no muestra nada, y Natalie Wood va creciendo hasta ser inmensa. Al final, uno siente que ha vivido una vida, y que la propia ha sido tocada.

Me obsesionó la figura de Kazan. Que es puesta en entredicho por haber “nombrado nombres” en los interrogatorios de la famosa caza de brujas contra el comunismo en los 50 en Estados Unidos. Al entregarle el Oscar honorario, la mitad del público lo aplaudió y la otra mitad o se quedó sentada en silencio o lo chifló. ¿Cómo alguien que elaboró las fábulas morales más intensas y conocedoras de los conflictos del alma humana pudo ser un soplón, un traidor? Parece que esa experiencia debió marcarlo y quien sabe hasta qué punto darle la pauta de su obra, ya que todas estas grandes películas las hizo después de su traición. Incluso Nido de ratas, en la que Marlon Brando se enfrenta y delata el sindicato que en lugar de protegerlos explota a los trabajadores costeros, parece funcionar como una puesta en escena de sus conflictos, incluso como una explicación de sus actos.

Tengo que confesar cierta tristeza luego de leer la reseña de mi amigo Javier de Ocean’s Thirteen y su visión orgullosa de la ingoracia de los clásicos. Esas dicotomías que presenta entre lo “de verdad” y lo “original” son unos maniqueísmos que le sientan muy mal a alguien que siempre ha logrado ver cómo todo es mucho más complicado que eso. Y su argumentos, aún dentro de una pose de chiste, no dejan de ser ofensivos. Porque hace quedar a los aficionados de los clásicos como unos pedantes y él queda como un tipo sencillo, sincero. Pero lo que hace es presumir. Si la Ocean Eleven clásica es famosa no es por la pureza, sino por los gags. Si las películas de Kazan son un hito no es por detalles técnicos sino por lo hondo que cala (así, como en toda película, los detalles técnicos sean también cruciales y determinantes). Si yo le recomendé el Meliès es porque me da envidia de que en Barcelona haya un sitio en donde se puedan ver estas películas como se deben ver (en pantalla grande). Pero no le daba una “clase de cine”, sino lo invitaba a compartir una experiencia que a mí me conmueve. Pero si Javier quiere ignorar los clásicos para poder seguir dándoselas de ligero, que lo haga. Finalmente lo que uno se pierde no le hace daño. Y yo sentí que viendo las películas de Kazan me hacía daño, y pensaba si no sería más bien un error avivar en uno mismo esas sensaciones tan fuertes, si no sea más bien peligroso jugar idenficarse con esas contradicciones tan violentas y tan cercanas a la locura.

Un comentario para “Elia Kazan (un clásico)”

  1. Samuel dice:

    Totalmente de acuerdo. Finalmente la idea es que oigamos LAS RAZONES DE LOS OTROS, aunque no sean las nuestras. Eso se supone, es una discusión inteligente.

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