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Ligero y profundo

Aug 17, 2010 por Samuel Castro

Una de las palabras que utilizan muchos espectadores y críticos a la hora de hablar bien de una película es decir que vieron una cinta “profunda”. Y de igual manera, se refieren a películas “ligeras” como aquellos films sin mucha ambición intelectual. Y aunque probablemente yo también haya utilizado esos calificativos, creo que son bastante problemáticos.

¿Qué es una película profunda? ¿La que habla de los grandes temas del mundo, y nos cuestiona sobre nuestro paso por la vida? ¿Y a qué nos referimos con una película ligera? ¿Son aquellas obras cinematográficas sin pretensiones, que apenas parecen relatar una anécdota? Porque tenemos un embrollo: parecería que una película profunda es mejor per se que una película liviana. Y no. Por más profundos que sean los temas de que trate todo, la “gracia”, que es un término que me gusta mucho, no depende de profundidades metafísicas sino de pericia narrativa y de guión.

A qué viene todo esto. A que vi hace muy poco dos películas casi el mismo día: Cold souls, en la que Paul Giamatti haciendo de sí mismo le encarga a una empresa que le guarde el alma por unos días porque ya no soporta su peso (si esto no es un tema “profundo” no sé qué puede ser). La segunda película es She´s out of my league que sólo cuenta lo que pasa cuando un hombre normal, tirando a feo (como uno, mejor dicho) consigue que la mujer más bonita que haya visto se enamore de él. Y aunque a la segunda le sobren un par de chistes escatológicos un poco forzados frente al tono general y la primera tenga además en su reparto a David Strathairn y a Emily Watson, me quedo con la comedia romántica y predecible.

¿Por qué? Porque Cold souls es pretenciosa, y cree que el espectador tiene que aguantarse unos planos de sueños y de lagos congelados en Rusia, con insomnio del protagonista incluido, por su tema tan “importante”. Desperdicia una buena idea con una estructura soporífera que no es capaz de generar atracción. En cambio She’s out of my league con su historia tantas veces contada, lo único que hace es presentarla bien, intentar que nos gusten sus personajes, buscar un ángulo, sino original, al menos fresco para relatarnos todo. Y punto.

¿Qué la primera servirá más para cine foros en bibliotecas? Por supuesto. Pero no por sí misma, como película. Sino por su tema. En cambio la segunda sería el perfecto ejemplo que yo le pondría a alumnos de cine de cómo hacer una comedia romántica para jóvenes hoy en día, sin tener que caer en las bobadas de American pie.

Profundo no es lo mismo que bueno. Si así fuera, bastaría con poner a Meryl Streep en pantalla leyendo a Kierkegaard para lograr una película aceptable. Y liviano, bueno, liviano son los Hermanos Marx. Y para pasar una pena prefiero a Groucho que a Søren.

Las películas que yo incluyo en lo mejor de 2004

Jul 31, 2010 por Samuel Castro

Hace cinco días dije que la cartelera era un asco. ¿Qué se puede decir hoy? Cuando pensamos que vivimos niveles pobres en cuanto a calidad, nuestros exhibidores nos comprueban que están listos para superarse cada día. Siempre se puede caer más bajo; esa es la lección.

Así que lo mejor será salir donde los piratas, quienes parecen haber entendido que la diversidad, el hecho de que cada persona vaya comprendiendo qué le gusta y qué no a punta de ofrecerle todo, a punta de probarlo todo, siempre será mejor negocio que acostumbrar a los espectadores a un único tipo de cine.

La otra opción es ir a una tienda de alquiler y llevarnos alguno de esos títulos que dejamos ir sin verlos (o que nunca llegaron) y pasar la tarde en buena compañía cinematográfica para evitar la compañía equina, demasiado ostentosa y apabullante en mi ciudad, Medellín, por estos días. Miremos el pasado y recordemos las que para mí, fueron las mejores películas de 2004, en esta remembranza espaciada que seguimos haciendo en ochoymedio, entre Diana y yo, con lo mejor de la década que terminó.

Temporada de patos

Temporada de patos: Hay vida en México más allá del cine de los Cuarón y de González-Iñárritu. Puede que no tenga ni la explosividad ni el picante de los anteriores, pero Temporada de patos conserva esa extraña poesía urbana, que tal vez sea el signo común de una cinematografía que dejó los sombreros anchos y las mochilas azules atrás.

Vera Drake

Vera Drake: Es un drama de Mike Leigh. Las actuaciones son increíbles por lo naturales (paradójicamente fruto de innumerables ensayos) y la historia, que repasa de forma contundente este “asuntico” de la doble moral de nuestras sociedades, ocultándolo tras el disfraz de una cinta de época, nos cuestiona hasta la incomodidad.

Mar adentro

Mar adentro: No sé si se han dado cuenta, leyendo críticas en la revista Fotogramas o en los medios de España especializados en cine, que una de las expresiones favoritas de los críticos españoles es “en estado de gracia” para hablar de un actor que se fajó un papelazo. Esa es la expresión que se viene a la cabeza, para hablar de las interpretaciones de Belén Rueda, Lola Dueñas y Javier Bardem, en esta historia magníficamente dirigida por Alejandro Amenábar, en la que un hombre, a pesar de su simpatía e inteligencia, ha decidido poner fin a su vida, una vida que ya no le satisface.

Sideways

Sideways: Los viñeros de California vieron cómo gracias a esta película, el turismo por sus viñas y el consumo de Pinot Noir subían como (no puedo evitar la comparación) espuma de champaña. Virginia Madsen y Thomas Haden Church revivieron sus carreras y Paul Giamatti mereció su primera nominación en los Globos de Oro. Todo por un relato de amistad y melancolía contado con pulso seguro por Alexander Payne.

Eternal sunshine

Eternal sunshine of the spotless mind: Nunca ha hecho Michel Gondry algo como esto, porque creyó que podía ser igual de genial (una empresa que se contrata para borrar a alguien de nuestra memoria es por lo menos, una buena idea) sin tener a Charlie Kaufman como su guionista. Y no. Ni él, ni Jim Carrey han vuelto a hacer algo de este nivel.

El cine como descanso

Jul 24, 2010 por Samuel Castro

Hace un mes y diez días que no escribo en el blog. Hace tres semanas que no sale la crítica semanal. En esos 40 días desde el último post creo que he ido a cine dos veces y si no fuera por el DVD probablemente a eso se reduciría mi experiencia cinéfila. Es como si me hubieran tapado los párpados con esparadrapo. Por fortuna la cartelera es un asco, lo que hace que el remordimiento no sea tan grande.

No voy a quejarme de que haya trabajo. Estoy metido en varios proyectos (unos buenos, otros no tanto) al mismo tiempo, única opción que tenemos algunos si queremos obtener unos ingresos decentes escribiendo. Sin embargo, además de dormir durante dos días seguidos, lo único que quisiera mi mente hoy, a la 1:23 de la mañana, mientras reviso un video que va a salir hoy por un canal nacional para despedir a un Presidente, es en dos o tres películas que puedan pasar frente a mis ojos sin mucho uso del cerebro.

Ah… ¡qué sería de la vida si uno no pudiera recostarse alguna vez y ver una película de la que nada te importa casi, con el cerebro en “modo a prueba de fallos” y de la que recordamos vagamente, semanas después en otra sesión de zapping, que no la terminamos, que se quedó por la mitad, como los malos libros y el sexo mediocre!

Insomnia

Porque el cine es como los amigos. Debe venir cuando nadie lo llama, en medio de la desgracia, a darnos un poco de paz. A sacarnos del cuerpo a aquel desgastado Will Dormer (¿cómo no me di cuenta antes de que el apellido era un chiste en inglés con nuestro verbo en español?, una prueba más de la perspicacia de Christopher Nolan) de Insomnia que llevamos dentro, luego de mucho trabajo y poco, muy poco cine. 

PD Agradecida: Hay que agradecer a los lectores que se arriesgan a hacer comentarios inteligentes e interesantes en este país de opinadores pasionales. Créanme que los leemos y los celebramos. Así que va el saludo para Karl Uffre, para Juan David, para James y para Arias. Sigan con nosotros.

Las películas que yo incluyo en lo mejor de 2003

Jun 18, 2010 por Samuel Castro

Lo bueno del cine es que cada par de ojos ve una película distinta. Y aunque me parecen muy importantes las películas de la selección de Diana del 2003, yo tengo otras candidatas. No sé si más buenas, o si mejores. Sé que me gustaron más a mí. Y claro, lo de Lost in translation sí es inquina: a mí no me llegó ni poquito al alma y me ha parecido siempre una película “inflada”. Pero por eso el cine es mejor que la política (mucho, muchísimo mejor): porque se puede disentir sin pelear.  Esta es mi selección 2003:

 Les invasions barbares

Las invasiones bárbaras: ¿Cómo hacer de la muerte, de la pérdida inevitable y final, un acontecimiento festivo? ¿Podrá uno, al final de todo, reunirse con lo más parecido que he visto a “la conciencia tranquila”, hablar con todos los que han pasado por nuestra vida y sentir de ellos lo mucho que nos quieren, a pesar de nuestros defectos. Coincido con Diana, en que esta cinta es extraordinaria, y fue justa ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera.

Mystic river

Mystic river: ¿Hay alguna duda de que Clint Eastwood es un maestro contemporáneo del cine? Si les queda algún resquicio de incertidumbre vean esta película, gocen con un reparto que parece tocado por un ángel de gracia y dejen que la angustia se apodere de ustedes.

 Finding Nemo

Finding Nemo: ¡Pixar es capaz de hacer una historia de padre e hijo, combinada con road movie, en la que matan a una mamá en la primera escena y aún así lograr que uno no pueda parar de reír! ¿Eso no es un signo de absoluta grandeza? Una obra maestra más del estudio que nos ha acostumbrado a la perfección.

 My life without me

Mi vida sin mí: Hay una relación cercana entre esta película y Las invasiones bárbaras. Si la de Denys Arcand habla de un hombre que siente que tuvo una vida plena y por eso puede preparar una buena muerte, ésta cinta de Isabel Coixet, con una extraordinaria Sarah Polley en el papel principal, nos da una vuelta de tuerca al asunto: la muerte que te quita la vida a mitad del camino y lo que eso puede implicar para nuestros planes del futuro, que de un momento a otro se desvanecen. Si me voy a morir… ¿para qué ser fiel?, ¿qué puedo hacer para que los que queremos puedan superar nuestra muerte?

 Oldboy

Oldboy: Una de las cosas especiales que tiene esta película es que permitió el vínculo con Patxo, colaborador de este blog y amigo queridísimo. Así que Oldboy es, de alguna manera, el comienzo de mi relación con ochoymedio. Pero no por eso es que esta película es extraordinaria: es porque nos cuenta una historia que nunca es obvia, que jamás sabemos para dónde va a coger. Porque es la mejor entre la trilogía de la venganza a la que pertenece. Porque sentimos una profunda compasión por ese hombre al que le destruyen la vida sin saber por qué.

El final de Lost o por qué a veces la televisión es mejor que el cine

Jun 9, 2010 por Samuel Castro

Si nos atenemos a las clases de públicos de Lost (suponiendo, creo que con seguridad, que muchos de los lectores de ochoymedio han visto la serie) que Hernán Casciari, el escritor y excelente bloguero argentino (aunque escribe desde España) definió en su sitio, Espoiler.tv, hace quince días, yo soy del tipo agradecido, de la clase de  personas que se alegra de haber estado varios años, dedicando una hora a la semana a ese relato televisivo, mezcla de novela romántica, saga de aventuras y misterio filosófico, que nos llevó la cabeza de preguntas y la retina de historias. ¡Y qué historias! Porque hace dos semanas, cuando se acabó LA HISTORIA y los sitios web se llenaron de opiniones descalificadores acerca de “lo pobre” y “lo fácil” que había sido el final de Lost (cómo se nota que todos creen que ser guionista es muy fácil), yo pensé que esa trama, la de la isla y quiénes eran los otros y por qué pasaba lo que pasaba, era la que menos me había asombrado. Sí, era parte de su encanto e ingrediente de la mezcla perfecta de la serie, pero en realidad lo que siempre me atrajo de Lost fueron las pequeñas historias, las de cada capítulo, las que nos decían por qué Sawyer desconfiaba del mundo o cuál era el motivo para que Locke  se asombrara en medio del accidente al mover las piernas. Ese descubrimiento paulatino de los personajes a través de estructuras narrativas no muy frecuentes en la televisión, era la verdadera riqueza de Lost, su fuerza y su encanto.

Lost 1

Y como éste es un blog sobre cine y no sobre mis gustos televisivos, es el momento de explicar, con el ejemplo de Lost, por qué a veces la televisión es mejor que el cine. Basta con imaginar lo que pasaría si un thriller de suspenso que se desarrolla en una isla misteriosa, dejara al final más de la mitad de los hilos narrativos como cabos sueltos. Saldríamos de la sala de cine sintiendo que nos robaron la plata que pagamos por la boleta, insultando a nuestros distribuidores y quejándonos de lo malo que es el cine de hoy en día. Y tendríamos razón, porque en el cine un guionista no puede “permitirse” ese tipo de cosas: estamos ahí para que nos cuenten una historia y para que salvo una secuela, la historia se cierre perfectamente.

Lost 2

Pero en televisión (¡Dios bendiga las series gringas!, estoy hablando de ellas y no de nuestras telenovelas cada vez menos audaces) las cosas no tienen por qué ocurrir así: los capítulos se pueden llenar con momentos aparentemente intrascendentes (como cuando Hugo le ganó a Sawyer jugando ping-pong) que sin embargo, humanizan a los personajes; el cine intrascendente no es fácil de soportar ni siquiera en los festivales. Puede que haya, como en la serie de ABC, 6 ó 7 personajes principales; las películas corales en general son fragmentadas y superficiales. Es más que probable que en la tercera temporada aparezca un personaje sacado del sombrero de un mago, que se vuelve absolutamente imprescindible. La complejidad en televisión no es un lastre sino todo lo contrario, la opción que tienen los guionistas para que la serie dure más temporadas. En cine los personajes para que sean verosímiles deben estar perfectamente definidos y sorprendernos con su comportamiento máximo una vez, para que sean “creíbles” con respecto a la historia. En televisión un personaje puede cambiar de opinión, evolucionar, convertirse en un asesino en serie o arrepentirse por haber actuado en contra de sus valores. Y paradójicamente lo que en cine es contradicción es televisión es pura imitación de la realidad. Por eso le creemos a una serie lo que no permitiríamos en una película. Por eso aceptamos que House pueda tener piedad o mostrar misericordia por alguien: ya lo conocemos tan bien que no nos parece del todo sorprendente y varios detalles a lo largo de los años nos han dado pistas de que hay algo bueno bajo el ogro.

Lost 3

Podría seguir enumerando ventajas: en televisión los “picos” emocionales se distribuyen a lo largo de la temporada, pudiendo hacer capítulos de “transición” que sin embargo, son esenciales para engancharnos con los personajes. La televisión permite “ensayar” caminos y luego deshacerlos (como lo hizo varias veces Lost). Cuando se hace buena televisión, la ciencia ficción es más filosófica, el drama más detallista, la violencia menos gráfica y hasta el western (como en Deadwood) se enriquece. Y la buena televisión, las series extraordinarias (a pesar de lo que digan la opción de conservar el misterio de la isla fue una opción bastante aceptable) como Lost, nos dejan en el alma cuando se acaban la misma sensación que se tiene al llegar a la última página de una novela grandiosa: el de un viaje en el que conocimos a compañeros de viaje y paisajes inolvidables.

Amo el cine, es cierto, pero hoy en día quien diga que la televisión sigue siendo “la caja tonta” es porque se duerme cada noche viendo Caracol.

Blogumental de cine: Fernando Gómez

May 21, 2010 por Samuel Castro

El blogumental sigue siendo importante. Nos ha faltado tiempo para actualizar los datos de las personas que le respondieron el cuestionario a Ricardo Silva, nuestro gran amigo, pues los días pasan, los trabajos cambian y las referencias se transforman. Fernando, por ejemplo, fue hace años editor cultural de Semana y crítico de la misma revista. Hoy es el editor de Cromos, pero no ha dejado de reseñar películas, ni de amar al cine, ni de ser el tipo querido que siempre ha sido. Y estas fueron sus respuestas.

¿Recuerda qué se siente ir a cine por primera vez?
Cada vez que se oscurece la sala siento lo mismo: la ansiedad por lo que va a suceder y la expectativa de qué tipo de emociones van a surgir. La oscuridad es maravillosa porque uno tiene la sensación de que está solo, o al menos de que nadie lo está viendo. Si la televisión es luminosa como el día, el cine es negro como la noche, una noche sin estrellas que le permite a uno transformarse sin que nadie se dé cuenta. Lástima que los avisos de no fumar se hayan vuelto cinematográficos. Lo mejor de aguardar era el dibujo en rojo sobre negro de una nube de humo soplando al fumador. Podría jurar que se movía.

¿Cuáles son las películas de su vida que puede comparar con (haberlas visto fue para usted) un gran evento como la primera comunión o la graduación o el matrimonio?
Si se comparan con la primera comunión o la graduación, entonces debo decir que son dos: Tiburón y El exorcista. Sencillamente, casi pierdo la razón por no poder entrar al teatro cuando fueron estrenadas. No me dejaban. Tuve que esperar mucho tiempo para matar mi curiosidad. Verlas fue la confirmación de que en adelante ya tenía edad para ver lo que quería. Fue como una graduación. Pero si se trata del descubrimiento del cine como magia, entonces debo escojer al Chaplin de la época muda, y dos joyas por las cuales vale la pena ver cine: El ladrón de bicicletas y La Strada.

Si acabara de conocer a alguien que ve pocas películas, y quisiera presentarse como es, ¿qué películas lo pondría a ver con usted?
Cyrano de Bergerac, de Jean-Paul Rappeneau; El libro de la selva, de Wolfgang Reitherman; Mejor imposible, de James Brooks.

¿Cuáles son sus películas malas favoritas, es decir, cuáles son sus principales placeres culposos del cine?
Alien
, el octavo pasajero, de Ridley Scott; La guerra de las galaxias, de George Lucas; y las terribles comedias de Michael J. Fox. Pero tengo más…

¿Por qué no puede dejar de hacer cine? O: ¿por qué no puede dejar de ver cine, de escribir sobre cine, de escribir cine?
No puedo dejar de ver cine porque llega un momento en que no resisto no hacerlo. Es una respuesta tonta, pero es la única que tengo. La sensación de meterme en la piel de alguien por un buen rato es algo que no se cambia por nada. La sensación es similar a la de la lectura, aunque suelo ser mucho menos exigente con el cine.

El cine que se lee 1

May 18, 2010 por Samuel Castro

Lo bueno es que la palabra se escucha exactamente como debería. Porque la cinefilia, que suena a síndrome de alteraciones mentales (“Su hijo tiene cinefilia y es más grave de lo que pensábamos. No creo que sobreviva a esta noche”) es realmente una enfermedad. El cinéfilo se queda hasta que se encienden las luces en la sala, para mirar el nombre del doble de acción que lo asombró; sufre cuando escucha que un matrimonio como el de Tim Robbins y Susan Sarandon se acabó; sueña con la cinta de la que sólo conoce una línea argumental gracias a un minúsculo artículo aparecido en un periódico de Estocolmo. Y entre sus pasatiempos habituales está el de leer libros sobre cine. La enfermedad siempre ansía expandirse y por eso el cinéfilo cree (a veces con una inocencia lastimosa) que la gente a su alrededor debería compartir su pasión y por eso se la pasa mostrándole a sus amigos libros con la foto de Woody Allen impresa en la tapa o trata de leerles párrafos de algún tratado sobre cintas de zombies. Para el cinéfilo el cine que se lee es algo tan necesario como mirar la cartelera cada viernes.

Pero como es tan difícil que los amigos de uno se animen con biografías sobre John Ford y cosas por el estilo, vamos a suponer que los visitantes de ochoymedio sí pueden estar interesados en los libros sobre cine que Diana o Pedro o yo vamos leyendo. Y en este caso, para comenzar con esta “sección”, el libro es además un orgullo para nosotros porque lo escribe un colaborador y visitante de esta casa, Juan Carlos González, uno de los críticos de cine de El Tiempo, bajo el sello editorial de la Universidad de Antioquia.

Libro Juan Carlos

Para el cinéfilo este libro es una delicia. En vez de dedicarse a los pormenores personales de ese maestro del cine que fue Billy Wilder, Juan Carlos se ocupa de llevarnos por la filmografía del director, cinta por cinta, para entender a través de las imágenes de las distintas películas, cuál fue la evolución de este autor (guionista ante todo) dentro del sistema de estrellas de su tiempo y cómo logró convertirse en uno de los más grandes de la historia. No es esta una biografía común entonces. Nada sabemos sobre las comidas preferidas de Wilder y son pocos los chismes sobre su vida íntima (aunque las anécdotas con Marilyn Monroe por ejemplo, son maravillosas) pero en cambio tenemos las claves de su creación, cómo enfrentó los problemas de los distintos rodajes, de qué manera innovó y también de qué manera perdió esa cercanía con el público, que le había dado al final de cuentas, tantos éxitos.

Yo no he visto ni siquiera la mitad de las películas de Billy Wilder. Y aún así leí las historias de cada cinta, como si las conociera de pe a pa, porque así somos los cinéfilos. Ya llegará el día en que las vea y la memoria me traiga alguna historia del libro o me haga comprender algún dato. Y también, dentro de no mucho, el momento en que vuelva a abrir este libro, con la comprensión absoluta que me permitirá disfrutarlo mucho más. Por eso la invitación es a que lo lean y a que lo compren (como es de la Editorial de Universidad de Antioquia, deben encontrarlo en las librerías de las universidades). Para seguir alimentando la enfermedad.

Lo mejor de la década: 2004

May 1, 2010 por Diana Ospina

Antes de iniciar con las sorpresas que me deparó revisar los estrenos del 2004 quiero protestar, una vez más, por lo que sucede con ciertas películas en la cartelera de nuestro país,  es el caso de la película de Rodrigo García Pasajeros  estrenada en nuestras salas sin mucha pena ni gloria hace poco.  Al estreno se sumó una semblanza elogiosa del director y su obra en la revista Semana. Son tristes muchas cosas de este caso, por un lado el desconocimiento de la obra de este director en el país su obra sola tendría méritos para ser conocido pero si, además, se suma el hecho farandulero que tanto gusta aquí de  que se trata del hijo de Gabriel García Márquez y  que se ha codeado con las superestrellas de Hollywood uno no entiende ponr qué no se ha hablado más de él.  Tras años de ignorarlo se estrena una de sus películas en cines, con bastante retraso por cierto ( mi reseña  la hice el año pasado),  y justo es la peorcita, la  menos intimista y profunda. Muy triste.

Ahora, pasando a las buenas noticias, inicio mi selección de las mejores películas del 2004. Recuerdo, una vez más, que se trata de un ejercicio subjetivo en el que algunas buenas se escapan por descnocimiento, por no haberlas visto aún.

1. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

eterno

Otr de esas películas que me dejaron sin palabras. Eso me ocurre cuando siento que veo en imagenes sentimientos muy profundos, sensaciones que he experimentado, eso sentí viendo esta película del intento por borrar de la mente la imagen del ser amado que ya no está junto a nosotros, el deseo de extirparlo todo de raíz. Me parece una gran película de amor, una historia conmovedora narrada de manera original sobre cómo hay ciertas cosas que escapan por completo a la razón.

2. Los edukadores

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Una película que ilustra la esencia del terrorismo poético. Los edukadores, tres jovenes alemanes idealistas,  están dispuestos a señalar las incoherencias de los nuevos capitalistas de su país, de los ricos que, según ellos, olvidaron sus luchas del pasado y sus sueños de igualdad. Sin embargo, muchas cosas  están  por complicarse  después de que uno de sus celulares queda abandonado en la casa de una de sus víctimas. A pesar de no ser una película completamente pareja no deja de merecer estar aquí por  señalar las profundas fisuras que poseen los sueños e ideales que una vez tenemos y el tipo de personas en el que nos podemos convertir.

3. Machuca

machuca

 

Entre mis reseñas tengo una sobre esta película que he visto varias veces y que no deja de parecerme conmovedora.  Chile, 1973, no son momentos fáciles en un país polarizado, adolorido, que está pronto a ver cómo cae Allende y sube Pinochet. Machuca da una mirada sobre ese periódo, las diferentes posturas, los variados matices y, ante todo, muestra que aunque no siempre la amistad es capaz de superar todos los obstáculos   nos queda el recurso de ser honestos con nosotros mismos y con las enseñanzas que la vida nos ofrece.

4. Antes del atardecer

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Me queda difícil ser objetiva con esta película, lo advierto de entrada. La razón es sencilla, Antes del atardecer es la continuación de un gran éxito del 1995: Antes del amanecer. Yo vi esta última el año de su estreno, en cine, y, como casi toda mi generación, quedé marcada por la historia de amor, contada en secuencias largas, de Céline y Jesse que se conocen en un tren y deciden pasar una única noche juntos en Viena. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue una de las grandes películas románticas del momento y lo fue, sobre todo, por la manera sencilla y espontánea en que se sucedían las cosas entre estos dos extraños. Dulce, divertida, completamente creíble. Esta segunda parte es otra cosa. Se mantiene la estructura original una cámara que sigue a los personajes todo el tiempo, la idea de plasmar un momento real sin artilugios. Céline y Jesse se reencuentran tras casi 10 años. Muchas cosas han cambiado en sus vidas y es por eso que esta película tiene entonces un tono agridulce: no todos los sueños se realizaron como se esperaban, el idealismo ha dado pie a otra cosa, el amor no fue lo que nos prometieron a los 18. Jesse y Céline han pasado por muchas cosas, separaciones dolorosas, un matrimonio que está por venirse a pique, en fin, este nuevo reencuentro es la posibilidad de mirarse de otra manera, menos idealizada tal vez, pero no por eso menos intensa. Para los que vimos la primera a los 20 realmente tenemos la sensación de haber crecido a la par con los protagonistas.

5. Escoger el quinto lugar me parece complicado. Así que hago una mención rápida de las que podrían estar aquí. Podría poner  la terriblemente mal traducida Golpes del destino (Millon Dollar Baby) y su historia de cómo encontramos en otros una familia mejor que la que tuvimos en suerte (tengo reseña sobre esta película)

millon dollar baby

Podría poner Mar adentro, teniendo en cuenta que casi me ahogo en lágrimas cuando la vi y que me conmoví enormemente con la actuación de Bardem (tengo reseña sobre esta película).

mar adentro

 

Podría poner Los coristas que es una película sobre cómo un maestro puede darle a un estudiante la clave para cambiar su vida y recuperar el rumbo perdido.

coristas

Podría, darle crédito a una de las mejores trilogías en películas de acción que se han hecho  y hablar de la segunda entrega de la historia de Jason Bourne, La supremacía Bourne,  que consigue el milagro de hacer una segunda parte que mantiene el nivel de la primera.

bourne

Menciono que es el año de Closer que sé que gustó mucho pero que es de esas películas que no termina de convencerme.

Lo mejor de la década:2003

Apr 12, 2010 por Diana Ospina

Tras la propuesta hecha por Samuel para el 2002  me aventuro en una primera propuesta para el 2003. El ejercicio de revisar las películas que salieron en determinado año me ha parecido francamente adictivo. Es cierto que hay años en los que uno siente que no pasó mucho y otros en los que uno revisa la lista y piensa : ¿qué me pasó en ese tiempo?, ¿por qué no fui más a cine? Como sea, lo fantástico, es que siempre hay cosas para ver, películas que nos han dicho que son memorables que no hemos visto y que un día nos las topamos  y sentimos que las vemos en el momento justo. 

2003 me sorprendió por la diversidad de títulos interesantes. Aquí dejo una primera propuesta de selección.

1. DOGVILLE

Me pareció una película impactante desde muchos sentidos: la historia y la forma. Lars Von Triers  continúa incursionando en esta película en eso que le gusta tanto: la bajeza del ser humano. Para contar esta fábula escoge que el espacio sea imaginario, unas cuantas líneas en el piso representan las casas del pueblo a donde llegará el personaje interpretado por Nicole Kidman. No hay paredes, decoración, nada, los actores, como en una representación teatral, crean ante nuestros ojos el espacio. ¿Hace esto menos real la película? la respuesta sorpresiva es no, por el contrario todo eso que Von Trier quiere destacar se ve pontenciado por esta simpleza que deja los sentimientos desnudos. Muy recomendada.dogville21

2. ELEPHANT

Michael Moore puso el dedo en la llaga intentando contestar el porqué de los asesinatos en colegios a manos de jóvenes. Gus Van Sant decide reconstruir, a su manera, lo sucedido en Columbine.  Silencios prolongados, largas tomas, es un día normal en un colegio o por lo menos eso parece. Gus van Sant mostrara como tras la normalidad se esconden muchas cosas que no funcionan, que están mal, muy mal (como elefantes que ignoramos ver quizás). Esta película es una mirada despiada a la cotidianidad  de los adolescentes norteamericanos y cómo la violencia no irrumpe como en las películas de acción que vemos todos los días.

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3.  KILL BILL

¿Qué se puede decir que no se haya dicho? Quentin Tarantino está aquí realmente pasandola bien y dandose gusto con Uma Thurman vestida de Bruce Lee.  LLena de homenajes a sus películas favoritas. Visualmente  atractiva y seductora, es un juego, es un divertimento y, sobre todo, es la primera parte, la segunda será aún mucho mejor.

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4. LOST IN TRASLATION

La mal traducida Perdidos en Tokio me dejó sin palabras cuando la vi. No podía creer que Sofia Coppola hubiera conseguido traducir en imagenes sentimientos.  Allí están estos dos personajes que se encuentran en Tokio, lo que tienen en común es un inmenso sentimiento de soledad. Coppola nos muestra esa tristeza tan extraña que sentimos a veces, esa tristeza agridulce, medio dulzona, que nos hace percibir el mundo de una manera diferente, esa nostalgia por lo que pudo ser y no fue y los atisbos que nos brinda la vida de otras posibilidades, de esos otros que fuímos o que nunca seremos. No ocurre nada extraordinario en esta cinta (¿pero puede haber algo más extraordinario que eso? ) más alla del viaje interior por ese sentimiento tan particular.

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5.  LAS INVASIONES BÁRBARAS

Esta es una de esas películas de las que me hablaron mucho y que me vi hace muy poco. Así como me la recomendaron la recomiendo. Las invasiones bárbaras , dirigida por Denys Arcand, es la historia de un hombre que se encuentra próximo a morir, la enfermedad le esta ganando la partida y en medio de la soledad de sus libros y sus clases una relación que parecía perdida, la que tiene con su hijo, un exitoso hombre de negocios, será la que le permita empezar a reconstruir los  lazos ratos. A veces es la muerte , su proximidad, lo único que nos permite parar y mirar a nuestro lado para saber quién está ahí, y mirar hacia atrás a ver dónde quedaron nuestros antiguos afectos, nuestras creencias, nuestros anhelos.

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No me extiendo mucho más pero por lo menos nombro: Mi vida sin mí de Isabel Coixet. Mystic River   un Clint Eastwood en todo su esplendor bien acompañado de un Sean Penn lleno de fuerza.  No dejo por fuera Buscando a Nemo, un clásico de las películas animadas con una excelente historia. Y en la categoría de mejor película ligera anoto a La escuela del rock que por más que uno se la haya visto sigue arrancando sonrisas.

Lo mejor de la década: 2002

Apr 11, 2010 por Samuel Castro

Como ven con el post de la batichica de ochoymedio, Diana Ospina, eso que mencionamos tanto acá de la diversidad de opiniones es mucho más que un cuento que vendemos por ser unos “bacanes”. Aquí de verdad creemos en el respetuoso disenso como una posibilidad, tanto en el cine como en muchas de las áreas de la vida. Por eso tengo que decirles a los lectores que preguntaron por Mulholland Drive que no va a estar en las listas que yo haga. Sí, creo que tiene una de las escenas de tensión sexual más sugerentes que he visto, pero eso no alcanza para sentir que es una película indispensable, algo que todos tienen que ver. Y adelantándome un poco a la respuesta a James, tal vez todo se deba a que soy tradicional en algo cuando voy a cine: a mí me gusta que me cuenten historias. Y para eso se necesita cierta coherencia narrativa que a Lynch no le gusta tanto. No es que no crea que es un cineasta importante: es que su cine no me toca el alma. Así de simple.

Sigo con la selección de lo mejor de la década y por eso aquí les presento las cinco películas que creo, fueron lo mejor de 2002.

El hombre sin pasado

El hombre sin pasado (Mies vailla menneisyyttä): ¿Qué es un hombre sin pasado? Tal vez lo única respuesta posible sea: aquello que quiere ser. Y Aki Kaurismaki, con una poesía conmovedora, convierte esa respuesta en una historia sencilla que nos habla a todos, a pesar de que casi nadie entienda finlandés.

The hours

The hours: Hay muchas amigas que se enojan cuando yo digo en una conversación que una película “es para mujeres”. Jamás lo he dicho despectivamente. En general hablo de aquellas cintas que tienen un contenido y una forma de presentar a sus personajes femeninos, que nosotros sólo podemos entender a la mitad. Y The hours es una película devastadora para el género femenino, que habla de todo aquello que ponen en juego, para sentirse realizadas.

The pianist

The pianist: Adrien Brody tuvo su premio pudiendo besar como lo hizo en la ceremonia del Oscar a Halle Berry por esta película que hablaba del Holocausto como de una desgracia terrible que a pesar de todo no pudo aniquilar lo bueno que había en el alma de sus víctimas, en este caso, la música.

Ciudad de Dios

Ciudad de Dios (Cidade de Deus): La escena de la gallina que persiguen al comienzo para matarla, era un resumen de lo que fue esta película fantástica: un derroche de energía y adrenalina, donde la realidad latinoamericana era narrada con una fuerza desbocada. Una lección para aquellos que creen que filmar con actores naturales es la perfecta excusa para la mediocridad.

Bowling for Columbine

Bowling for Columbine: Gracias a esta película pudimos saber quién era Michael Moore. Y con todo lo que pueda decirse contra él, Moore debería ser reconocido como el hombre que le recordó a muchos, que los documentales no tenían que ser “imparciales”. Que bastaba con que fueran inteligentes, audaces y creativos. Que ser tendencioso, también podía ser una cualidad.