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Un Óscar cantado

Feb 26, 2017 por Samuel Castro

Quería dejar claro desde el título de este post/apuesta que soy hincha de “La La Land” y que a diferencia de muchos, el hecho de que haya obtenido 14 nominaciones al Óscar no ha hecho que crea que “no es para tanto” o que es una película “sobrevalorada”. Simplemente creo que “en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos”, como dice una canción que me gusta mucho, se hace necesario recordar que la vida vale la pena porque uno tiene sueños, porque existe el jazz (y eso de que la película no habla del jazz como es, es otro de esos comentarios falsamente inteligentes de alguien que ni ha intentado pensar lo que cabe o no en un guion) o porque a veces el universo permite que conozcamos a una persona ideal, aunque al final no terminemos casándonos con ella. Por eso es y será una película necesaria y valiosa. Robándole frases a la última Ricardo Silva Romero, padre putativo de Ochoymedio, La La Land “no es una comedia anacrónica sobre la aspiración de serle leal al amor, como “Cantando bajo la lluvia”, sino una tragedia de hoy sobre la inevitabilidad de servirse a uno mismo”.

Lo que sigue a continuación después de esta necesaria declaración de parcialidad, es la apuesta ya tradicional, que este año hice públicamente con gente tan querida como Diana Montoya, Uschi Levy, Santiago Rivas, Andrea Silva y Jorge Espinosa, para tratar de atinarle a la mayor cantidad de categorías y divertirme un poquito anotando aciertos y fallos durante la divertidísima y corta (yo quisiera que durara 2 días) ceremonia.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Mahershala Ali, por Moonlight
Vamos a decirlo claro, aunque me arriesgue al griterío de reclamos. No habrá justicia en esta categoría. Lo que hace Ali en “Moonlight”, siendo bueno y sensible (esa escena en el mar es realmente muy bella), no es mejor que lo que lo logran Michael Shannon en “Nocturnal animals” o Jeff Bridges en “Hell or high water”, pero un discurso dicho por alguien apellidado Ali que interpreta a un sensible dealer cubano era un plato que hacía babear a los políticamente comprometidos y nadie iba a rechazarlo.

MEJOR VESTUARIO
Madeline Fontaine por Jackie
Aunque sería bonito que “La La Land”, con esa mezcla de nostalgia y actualidad que tiene en su vestuario, con la forma en que lo que visten expresa lo que sienten Mia y Sebastian, ganara esta estatuilla, a la Academia le gustan las películas de época y más si el reto era reproducir la elegancia de Jackie Kennedy. Madeline Fontaine, cuyo trabajo deslumbrante se puede ver en la serie “Versalles”, será la ganadora en esta categoría.

MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Joel Harlow y Richard Alonzo por “Star Trek beyond”
Aunque no fueran los favoritos votaría por ellos solamente para que esa cosa terrible que es “Suicide Squad” jamás pueda decir que ganó un premio Óscar.

MEJOR DOCUMENTAL
O.J.: made in America, producido por Ezra Edelman y Caroline Waterlow
Sigue en mi escritorio. Alcancé a ver, a raticos, 2 horas antes de la ceremonia del Óscar. Es tal el nivel de detalle y al mismo tiempo el análisis de la sociedad norteamericana basado en la vida de O.J. Simpson, que no hay forma de que alguien le arrebate el Óscar, ni siquiera con buenos rivales como “13th” o “Life, animated”.

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Robert Mackenzie y Andy Wright por Hacksaw ridge
Muy competida esta categoría, porque hasta el trabajo en “Deepwater horizon”, donde uno sabe que el petróleo se va a escapar de la tubería a punta de sonidos (lo sé porque lo oí), es destacable. Pero también suele ganar aquí quien fue capaz de llevar más orden en un material caótico, y de nuevo es muy impresionante lo que oímos en la batalla de Okinawa en la película de Mel.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Andy Nelson, Ai-Ling Lee y Steven Morrow por La La Land
Los musicales suelen llevarse este premio, porque esta mezcla en un musical implica un trabajo adicional muy grande frente a lo que ocurre en una película tradicional. Otro para la repisa y para alimentar la antipatía inentendible de los que decidieron no ver la belleza de “La La Land”.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis por Fences
No hay verdadera competencia. El Óscar ES de Viola. Aquí lo único que está en discusión es saber si superará en su discurso las emotivas palabras con las que introdujo el premio Cecil B. DeMille a Meryl Streep en los pasados Globos de Oro.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Forushande, de Asghar Farhadi
El destino de esta categoría cambió cuando Donald Trump prohibió la entrada a ciudadanos de países de varios países árabes. A partir de la declaración de Farhadi de que no asistiría como protesta por la medida, los votos para Toni Erdmann dejaron de ser seguros. Hoy Farhadi será representado por dos ciudadanos iran-americanos: la primera mujer turista espacial y el director de exploración de sistemas solares de la NASA. ¿Alguien se quiere perder ese discurso?

MEJOR CORTO ANIMADO
Piper, producido por Alan Barillaro y Marc Sondheimer
Aunque me atrae mucho la melancolía combinada con estilo visual de “Pearl” y “Borrowed time”, creo que la Academia escogerá la perfección asombrosa de Piper y su historia sencilla pero universal.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Zootopia, producida por Byron Howard, Rich Moore y Clark Spencer
En unos Óscar muy políticos una película animada que es capaz de hablar de racismo y los peligros de vetar individuos en una sociedad sólo por cómo se ven, sin perder la gracia y la diversión, es la opción más lógica, en una categoría que este año tiene un nivel sobresaliente.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
David Wasco y Sandy Reynolds-Wasco, por La La Land
Hacer que Los Angeles se vea como una ciudad mágica, cerrar calles para hacer tomas imposibles, conseguir lo necesario para crear escenarios de ensueño, tiene un mérito enorme. Otro premio merecido para “La La Land” a pesar de la fuerte competencia que ofrece “Fantastic beasts”.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Robert Legato, Adam Valdez, Andrew R. Jones y Dan Lemmon por The jungle book
En ningún momento usted cree que haya algún problema en lo que está viendo, aunque sepa que los animales no hablan y que ese niño no está interactuando con nadie real. Esa magia de una película extraordinaria, recibirá aquí su justo reconocimiento.

MEJOR EDICIÓN
John Gilbert por Hacksaw ridge
Aunque la apuestas digan que hasta acá también llegará el aprecio de la Academia por “La La Land”, la historia dice que esta categoría suele ser para aquellos espectáculos de muchos cortes, donde el editor tuvo que hacer maromas para darle sentido al material. Y no está mal que así sea. Las escenas de guerra de “Hacksaw ridge” no serían tan afectivas, sin un trabajo juicioso en este apartado. Pienso que este será el Óscar para la película de Gibson.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Ennemis intérieurs, de Selim Azzazi
Se nota el compromiso personal del director (la historia está inspirada en una parte de la vida de su padre) con esta historia en la que un hombre interroga a otro por posibles actividades terroristas, sospechando de él sólo por ser inmigrante. El corto ocurre en los noventas pero, ¿les suena conocido?

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
Joe’s violin, producido por Kahane Cooperman y Raphaela Neihausen
John Stewart y Stephen Colbert han ayudado a dar a conocer este cortometraje, de estructura simple pero impactante desde lo ético y lo emocional. ¿Cómo no conmoverse con la historia de un hombre que sobrevivió al horror nazi, que decide regalar su violín y la historia que carga con él, a una niña de escasos recursos, para que ella pueda continuar con su carrera en la música? El problema sirio y de los refugiados está presente en tres cortos y eso hará que los votos se dividan y el premio se lo lleve esta pieza.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Linus Sandgren por La La Land
Aquí una confesión. Me negué a ver “Silence” en mi casa, a pesar de la nominación, porque el trabajo de Rodrigo Prieto es siempre tan espléndido (incluido “Edipo Alcalde”, cuando trabajó para Jorge Alí Triana) que no sería justo apreciarlo en algo que no sea una pantalla grandota. Lo que hace Sandgren en La La Land, es tan variado y hermoso, que será un premio bien merecido, aunque después viendo a Prieto, piense lo contrario.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Justin Hurwitz, por La La Land
A ver. No creo que haya que explicar mucho las razones de este premio.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“City of stars”, de Justin Hurwitz, Benj Pasek y Justin Paul
Aparte de que es una canción preciosa, al menos la mitad de los votantes de la Academia, trabaja o vive en Los Angeles. Muy difícil que no quieran pensar en su ciudad como la ciudad de las estrellas.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Damien Chazelle por La La Land
Tal vez la categoría verdaderamente más reñida de la competencia, porque hay estupendos guiones que van desde la reflexión extrañada sobre la vida y la madurez de “20th century women” hasta la ciencia ficción pequeñita y casi burocrática de “The lobster”. Si se lo dan a Lonergan por “Manchester by the sea” o a Sheridan por “Hell or high water” también habría justicia, pero nunca en los últimos 10 años el guión de la cinta que gana mejor película se ha dejado de llevar el Óscar de guión. Creo que veremos otra subida de Chazelle al escenario.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney por Moonlight
Aquí habrá verdaderas injusticias. ¿Convertir un cuento en ese guión poderoso de “Arrival” que reflexiona sobre el lenguaje y el pensamiento con el ropaje de una película de ciencia-ficción, no es más complejo y admirable que escribir la historia, mucho más transitada de “Moonlight”? Yo creo que sí. Pero la Academia se ha enamorado de “Moonlight” (esta es, para mi gusto, la película que de verdad está sobrevalorada) y Jenkins recibirá su estatuilla.

MEJOR DIRECTOR
Damien Chazelle, por La La Land
Una película como “La La Land”, que se hace contra todas las dificultades, que se logra producir a pesar de la falta de recursos y de que los estudios ya no estén interesados en películas de mediano presupuesto, que consigue que unas estrellas jóvenes participen en ella sólo con el guion en la mano, se hace realmente gracias a la visión de un soñador, un visionario que es capaz de vender su sueño. Todos de pie para aplaudir al joven que Jorge Espinosa y yo envidiamos.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Denzel Washington, por Fences
Me gustaría que ganara Casey Affleck. Si pasa estaré feliz de equivocarme. Pero no ha tenido la campaña publicitaria más afortunada y lo que hace Denzel Washington, a pesar de que a algunos no les guste el teatro que se convierte en película, es una clase de composición actoral: gestos, movimientos, voces. Imaginen lo que es actuar a un personaje en ese estado de lucidez y euforia casi agresiva de los alcohólicos. También es justa la victoria y que Washington llegue a su tercera estatuilla.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Emma Stone por La La Land
Algunos se han atrevido a decir que Emma Stone ni siquiera debería estar en la misma categoría con Isabelle Huppert, Meryl Streep o Natalie Portman, como si lo que ella logra en “La La Land” fuera fácil. Pero yo les propongo un ejercicio, para entender por qué es justo que Stone gane. ¿Se imaginan ustedes a Emma Stone haciendo lo que logra Natalie Portman en Jackie? Yo sí. ¿Se imaginen a Portman en el papel de Mia? Yo no. Esa es la prueba de que la liviandad, el gesto ligero, son mucho más difíciles de actuar de lo que la gente cree. Hoy se consagra la hermosa y pecosa Emma Stone.

MEJOR PELÍCULA
La La Land
La he defendido como si la hubiera dirigido mi hermano ante todos los que repentinamente creen que una película que sabe actualizar al mundo de hoy la magia del musical, no vale la pena. Escribí sobre ella. Creo que es muy hermosa y la disfrute todavía más la segunda vez que la vi. Véanla sin prejuicios y sabrán que la Academia hoy no se equivoca.

Mi mejor resultado en esta apuesta siempre han sido 17 aciertos. Vamos a ver si esta vez logro superar esa marca. Ya veremos.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Feb 28, 2016 por Samuel Castro
No se preocupen, lectores de España. Este no es el guión de una película porno, como podrían pensar, sino la apuesta que cada año hago con muchos amigos, para divertirnos durante la transmisión. Una apuesta que ya es una tradición y que se convierte en un reto personal. Creo que la vez que más he acertado fue cuando le pegue a 16 categorías. Claro, son los riesgos de intentarlo en todas, pero si no, qué gracia tendría. Comencemos entonces, según el orden que amablemente nos compartió el colega argentino Diego Lerer a través de Twitter.
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight
Debería ganar “Inside out”, pero estos viejitos que son los miembros de la Academia no van a premiar a una película animada en una categoría “seria” (para ellos) así que está muy bien que se lo gane esa maravillosa historia de “Spotlight”.
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Charles Randolph y Adam McKay por The big short
Ni siquiera nominaron a “Carol” a mejor película, como debería haber ocurrido, mucho menos le van a dar el Óscar a mejor guión original. Como muchos perdieron plata en la crisis del 2008 y es su oportunidad de hacerse los trascendentales, se lo van a dar a esa infladísima película que es “The big short”.
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Alicia Vikander por The danish girl
De nuevo, como debería ganar Rooney Mara (equivocadamente puesta en esta categoría, cuando es tan principal como Cate Blanchett) pero no lo hará, los miembros se irán por una talentosa cara nueva. Y esa es la hermosa Alicia Vikander, que hace de “The danish girl” algo menos meloso de lo que podría haber sido, por fortuna.
MEJOR VESTUARIO
Paco Delgado por The danish girl
Lo lógico sería que Sandy Powell con sus dos nominaciones, ganara el Óscar. Pero esta dualidad va a hacer que sus votos se dividan y ahí podrá estar esperando el español (que es físico, además) para llevarse la estatuilla por un gran trabajo.
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Jack Fisk y Hamish Purdy, por The revenant
Encontrar todos los escenarios que necesitaba una producción épica como esta y luego ser capaz de volar al otro lado del mundo para lograr sobrellevar el contratiempo de la falta de nieve, es suficiente mérito para este premio.
MEJOR MAQUILLAJE Y PEINADOS
Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin, por Mad Max
Sólo cierren los ojos y recuerden lo que es Imperator Furiosa e Inmortan Joe, para que no haya dudas en esta categoría.
MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por The revenant
Llevo repitiendo este texto tres años seguidos. El texto exacto. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.
MEJOR EDICIÓN
Margaret Sixel por Mad Max
Si algo es bueno en Mad Max es su edición espléndida. Y si dándole el premio a Margaret, que es la esposa de George Miller, hacemos que los votantes prefieran en director a Alejandro González Iñárritu, mejor que mejor.
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
Mark A. Mangini y David White, por Mad Max
Normalmente los votantes le dan estos premios a las naves espaciales (que no es muy lógico) pero este año hay dos y hay una cantidad de motores de carros y gritos y voces en Mad Max, que harán que se lleve este premio.
MEJOR MEZCLA DE SONIDO
Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
Este premio va pegado al anterior, por casi ñas mismas razones.
MEJORES EFECTOS VISUALES
Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver, Andy Williams
La osa es impresionante, pero Mad Max es un concierto para los ojos durante TODA la película.

MEJOR CORTO ANIMADO
Bear story
Otro oso ganador. Aunque “World of tomorrow” es más asombrosa visualmente, este corto es más sentimental y apela a la emoción, lo que priva a los miembros de la Academia.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Inside out
Ninguna duda, ¿o sí?

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Sylvester Stallone por Creed
Ustedes, ellos, nosotros, tú y yo, nos vamos a parar a aplaudir. Al menos yo lo haré. Eso sí, sin fotos.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
A girl in the river
Aunque la historia de Chau es conmovedora, estas categorías últimamente buscan premiar héroes o hacer hincapié en fenómenos sociales que la Academia quiere atacar, y la historia de las mujeres que son asesinadas por honor en Pakistán, parece demasiado atractiva para ese fin.
MEJOR DOCUMENTAL
Amy
La crítica que hice sobre esta gran película se llama “Ver el fuego extinguirse”, y tiene un epígrafe de Porfirio Barba Jacob. Mi corazón está comprometido aquí. No soy imparcial. No quiero serlo.
MEJOR CORTO ARGUMENTAL
Shok
Niños, guerra de Kosovo, un arrepentimiento, bicicleta. Receta perfecta, en mi opinión.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
El abrazo de la serpiente
A esta altura de la ceremonia, o voy ganando endiabladamente o voy de culos del todo. Prefiero decir mañana que me equivoqué por mi ánimo nacionalista que lamentar no tener la confianza en los puntos de análisis que he mencionado antes (el momento político, lo “complicado” de la historia de “El hijo de Saúl”) así que sí, soy de ese 5% de críticos del mundo que dan ganadora a “El abrazo de la serpiente”.
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Til it happens to you” de Diane Warren y Lady Gaga
Me cae mal Lady Gaga. Pero me cae peor ese tonto de Sam Smith que no supo darle grandeza a la canción para James Bond, así que espero que la mamá de los monstruos se lleve esa vaina. O que se lo regale a Roger Deakins.
MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Ennio Morriccone
No se van a perder los Óscar la oportunidad de premiar a una leyenda.
MEJOR DIRECTOR
Alejandro González Iñárritu por The revenant
¡Qué importa que Alejandro tenga un ego gigante si hace películas grandiosas! Que se lleve los que quiera. Y que hable en español un poquito, por favor.
MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Brie Larson por Room
Lástima que no existe el empate (aunque hubo alguna vez) porque debería ganarlo compartido con Cate Blanchett, pero no se atreverá el Óscar a darle su TERCER Óscar a la australiana.
MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Leonardo DiCaprio por The revenant
Por fin. Respiremos.
MEJOR PELÍCULA
The revenant
Y lo digo de una vez, si perdiera con Spotlight también sonreiría. Pero que no se les ocurra premiar a The big short porque le tiro un zapato al televisor.
Listo. Que comience esta vaina. Si los hago todos, salgo corriendo a comprar el Baloto.

Mis pronósticos para estos Óscar

Feb 28, 2016 por Diana Ospina
Hoy entregan los Oscar y se acabarán las cábalas, suposiciones y apuestas sobre este tema. Aquí arriesgo mis pronósticos en algunas categorías basados más que en mis gustos en cómo suele votar la Academia (antes de que alguien me salte a la yugular):
Mejor actor: ¿Alguien lo duda? se lo lleva DiCaprio que realiza, hay que decirlo, una actuación tremenda y al fin lo van a recompensar por las veces que se lo quitaron de las manos.
Mejor actriz: Brie Larson por su interpretación de la joven madre en la emotiva Room.
Mejor actriz secundaria: Aquí se enreda la cosa. El galardón está entre Kate Winslet y Alicia Vikander. Winslet realiza una impecable actuación en Steve Jobs y estarían divertidas las fotos de ella y Di Caprio cada uno con un Oscar pero es probable que la Vikander arruine la toma.
Mejor actor de reparto: Lo siento por los puristas (¿si lo son qué hacen viendo los Oscars ? ) pero creo que es difícil que no se lo den a Stallone. Regresa a la ceremonia , después de 40 años de que Rocky recibiera el Oscar a mejor película, interpretando al boxeador retirado, viejo y enfermo pero con la chispa intacta. Creed es una más que correcta película sobre boxeo y Stallone es la columna vertebral que la sostiene. La Academia adora estos seudo homenajes.
Mejor guión original: el ganador debería ser Thom Mccarthy por Spotlight que logró mantenernos atados a la silla contemplando una investigación periodística.
Mejor fotografía: (Que lo dejen ya marcado a su nombre) Lubezki por tercer año consecutivo.
Mejor documental: El sorpresivo y conmovedor Amy (sobre la vida de Amy Winehouse) debería llevarse la estatuilla.
Mejor película de animación: ¿En serio Anomalisa e Inside out deben competir? muy triste esto. En un mundo justo estarían en categorías diferentes y las dos se llevarían un premio. Probablemente gane Inside Out.
Mejor película extranjera: Si se sigue la lógica debería llevárselo El hijo de Saúl que se ha ganado todo hasta ahora. Pero El abrazo de la serpiente puede ser la gran sorpresa. Amazonas y país en pleno proceso de paz pueden inclinar la balanza a su favor (¿y no invitaron a Sofía Vergara a entregar un premio?)
Mejor película y mejor director: Los pongo juntos porque la pelea está entre dos. No importa cuánto quieran a Spielberg; lo mucho que hayan disfrutado Mad Max o La gran apuesta; que se enternecieran con Brooklyn (ay, New York, New York); ni que hayan llorado con Matt Damon Perdido en marte o con madre e hijo en Room. La cosa está entre Spotlight y The revenant. Y la pregunta que se deben estar haciendo muchos miembros de la Academia es si le dan dos galardones por segundo año consecutivo a Alejandro González Iñarritu. O lo hacen u optan por darle solo uno y creo que sería el de director y Spotlight ganaría mejor película. (Sí, yo sé, estoy mala para apostar con seguridad en esta)

¿Amor o sífilis?

Dec 1, 2015 por Samuel Castro

“…pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor”.
Poema de amor N°13, Darío Jaramillo Agudelo

Para hacer humor hay que hablar del amor (ahora bien, para hacer el amor es muy probable que el buen humor sirva como estrategia). Las relaciones de pareja, los enamoramientos y el sexo son algunos de los campos más fértiles para inventar historias graciosas o hacer bromas. Y si uno es un humorista de 80 años, que ha dedicado media vida a escribir chistes y la otra media a filmar películas (o a hacer ambas cosas al mismo tiempo, escribiendo chistes que van a aparecer en películas) el tema del amor tiene que estar presente en su cine. Sin embargo, como si hubieran leído el poema de Darío Jaramillo, los personajes de Woody Allen —piensen en el que quieran, desde Virgil en Take the money and run (1969) hasta María Elena en Vicky Cristina Barcelona (2008)— son básicamente unos solitarios que tranzan con el amor, que negocian el sentimiento en búsqueda de su propia felicidad, pero que no están dispuestos a dar sin recibir nada a cambio. Su soledad se llama egoísmo y es la base de la mayor parte de los conflictos de pareja y de los apuntes acerca del amor que el maestro neoyorquino incluye en su filmografía. Por eso, más que lecciones acerca de lo que se trata el amor, Woody Allen nos ha mostrado lo que el amor NO DEBE SER si queremos que dure.

 Woody Allen 1

LECCIÓN 1: LOS CUPIDOS LANZAN DEMASIADAS FLECHAS
Condesa Alexandrovna: Tú eres el amante más extraordinario que he tenido.
Boris: Bueno, es que practico mucho cuando estoy solo
Diálogo en Love and death (1975)

Como el tipo romántico que es en el fondo, detrás de esa fachada de sarcasmo e ironía, Woody cree en el amor a primera vista. Si le hiciéramos caso a lo que nos muestra en muchos de sus guiones, deberíamos pensar que sólo se necesita una mirada atenta y cruzar un par de palabras con la mujer indicada (especialmente si es rubia) para saber que viviremos un tórrido romance o una relación duradera con ella. Ni siquiera tiene que ser una condesa rusa o estar bien presentada: puede llevar ropa deportiva para jugar tenis y estar bañada en sudor después de hacer ejercicio, como en Annie Hall (1977) Da igual. En cuanto al potencial de historias que se desprenden del flechazo, suele ocurrir que aquella mujer que detiene nuestro corazón está comprometida con otra persona. ¿Podría ser peor el asunto? Claro, pase lo que pase, si algo nos ha enseñado Woody Allen es que siempre se puede estar peor, y entonces la chica en cuestión podría ser la amante de nuestro mejor amigo casado, como en Manhattan (1979) No es de preocupar la noticia: como hemos aprendido viendo sus creaciones, bastará con matarlo.

Ahora bien. Sin importar cuán terrible sea la situación, aún si nos enamoramos de la esposa de nuestro hermano, hay que intentar que no se nos note tanto la caída en desgracia (¿o en la gracia?) como a los personajes de Allen. Según su cine todos hacemos cara de estúpidos (eso sí, ninguna peor a la de Jason Biggs en Anything else (2003) cuando conoce al personaje de Christina Ricci) al sentir el flechazo amoroso. Por un momento es como si el aire hubiera decidido acampar en nuestro cráneo y empalidecemos y comenzamos a decir idioteces, y a cambiar nuestra forma de ser hasta parecernos a… una hormiga, por sólo poner un ejemplo, una hormiga que va al sicoanalista porque siente que es una más en la colonia.

Woody Allen 2

Así que cuando sintamos que la flecha de Cupido se ha enterrado en nuestra corazón… demandémoslo, por daños y perjuicios.

LECCIÓN 2: ESTAR ENFERMO ES COMO ESTAR ENAMORADO, PERO SIN TODO LO MALO
Andrew: El sexo alivia la tensión. El amor la causa.
A midsummer night’s sex comedy (1982)

Parece que tuvieran fiebre o un virus tropical. Después del flechazo inicial, los personajes de Woody Allen se enfrentan al amor como lo haría un zombi para intentar comer cerebros. De repente vemos que esos tipos fríos, tartamudos y melancólicos arden por dentro y que sólo quieren estar con la chica que se ha convertido en su obsesión. Entonces se olvidan de todo. De nimiedades, como que ellos mismos están comprometidos con otra mujer, o de cosas realmente importantes, como los lugares donde les gustaría pasar vacaciones. Es tan fuerte el sentimiento que nos parecerá normal cuando el hombre de los sueños de la pobre Cecilia salga de la pantalla del cine para abrazarla (The rose purple of Cairo, 1985): “El amor es ciego” nos diremos sin titubear, como si los hombres hechos de celuloide fueran algo que viéramos todos los días. Aceptaremos como un hecho que Elliot, el personaje que interpreta Michael Caine en Hannah and her sisters (1986) se convierta en una especie de sátiro lascivo que contra toda prudencia convence a Lee, su cuñada, para que mantengan encuentros sexuales en cuartos de hotel. Y lo aceptaremos porque muy para nuestros adentros sabemos que el amor saca lo mejor y lo peor de cada quién.

 Woody Allen 3

Entre lo mejor está el conocimiento. Los protagonistas masculinos de Woody Allen suelen conquistar a las mujeres usando su sabiduría y no su físico (tal vez porque el protagonista muchas veces es el mismo Allen), hablándoles de filósofos latinos, de poetas norteamericanos, de cuartetos de Bach y melodías de jazz que deben oír. Y lo mejor de todo, lo que nos llena de esperanza a tantos que nos parecemos más a Woody que a Leonardo, es que mujeres como Scarlett Johansson o Charlize Theron caen en el romance con ese tipo de cosas. Es mejor olvidar, para no perder la ilusión, que Allen ha declarado muchas veces cómo aprendió quién era William Faulkner y leyó sus novelas, sólo porque las jóvenes de su tiempo le preguntaban y él necesitaba desesperadamente un tema para hablar. Si hoy aplicáramos la misma teoría, deberíamos estar enterados de los últimos éxitos del reguetón y saber todo lo posible sobre la vida de Maluma.

Al final, lo que sabemos del amor gracias al director neoyorquino, es que puede aparecer en cualquier esquina o en el ascensor que tomamos para visitar a nuestra amante, como en Deconstructing Harry (1997). Que nos lo podemos encontrar incluso en la piel de alguien que no se parezca en nada a nosotros; que, digamos, sea una prostituta con ganas de actuar en pornografía, que jamás ha leído libros que no tengan dibujos. Y porque esas cosas pasan, porque el amor es como todo lo demás, es que vale la pena seguir caminando.

LECCIÓN 3: NO ES BUENO MEZCLAR SEXO CON AMOR
Rita: Para mí, el amor es algo muy profundo, pero el sexo sólo necesita tener un par de pulgadas
Bullets over Broadway (1994)

Si fuera tan fácil acostarse con las mujeres como en las películas de Woody Allen, el mundo sería un lugar mejor. Y si no fuera mejor, al menos sería más feliz. Claro que, si no fuera más feliz, probablemente sí estaría más habitado. Eso sin duda.

El sexo es un hábito saludable en las películas del director neoyorquino. Todos quieren tenerlo, como si fuera un disco de moda o una camisa de diseñador. Hasta los tipos poco agraciados se acuestan con mujeres que parecen modelos, aunque es mejor olvidar que quien escribe las historias es Allen. Pero en general, no hay muchas demoras para los hombres que quieren acostarse con alguna mujer en su cine. Generalmente su deseo se cumple, sin mucha resistencia (incluso Emmet Ray, el personaje de Sean Penn en Sweet and lowdown se extraña de que Hattie, la preciosa mujer muda que conoce en un muelle, le haga todo tan fácil en la primera cita) y ellas quedan agradecidas. En eso tiene mal gusto el neoyorquino (o quién sabe, tal vez malas costumbres) pues es usual que después de tener sexo los tipos le pregunten a ellas si les gustó. Incluso más increíble es cuando ellas, sonriéndole al techo, pronuncian emocionadas frases como “fue fantástico”. Ahí es cuando recordamos que quien escribe los guiones es el mismo tipo que le pidió matrimonio a su primera mujer en una llamada de larga distancia porque no tenía con quien ir al cine en la ciudad donde trabajaba.

Woody Allen 7

Por desgracia, el sexo en el cine de Allen siempre cumple el mismo ciclo. Al comienzo, cuando la relación está empezando, se hace en todas partes, a todas horas y en cada posición imaginable, como si todos fueran aquel par de esposos italianos de Every you always wanted to know about sex but were afraid to ask (1972) que descubrían que la esposa sólo se excitaba cuando existía la posibilidad de que alguien la viera. Después de unos meses, las cosas se vuelven menos frecuentes (es inolvidable aquella escena de Annie Hall donde la pantalla está partida en dos mitades verticales, mostrándonos a los dos protagonistas, Woody Allen y Diane Keaton, en sus respectivas consultas con su analista. Ambos sicólogos preguntan lo mismo: ¿con qué frecuencia hacen el amor? Ella responde que está cansada porque lo hacen casi todos los días, como tres veces por semana. Él en cambio, dice que ahora no lo hacen casi nunca, que apenas tres veces por semana) y al final, el sexo es sólo un bonito recuerdo que comparten dos amigos que comparten la cama.

Por eso hay que estar de acuerdo con Allen cuando dice que el sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.

LECCIÓN 4: DONDE DICE “THE END” QUE DIGA MATRIMONIO
Harry: No puedo entender por qué la más sofisticada de las mujeres no puede decir la diferencia entre un sensitivo, caliente, y sexualmente apasionado amantazgo y un bueno, sólido, tranquilo y rutinario matrimonio
Diálogo en Deconstructing Harry (1997)

Después de ver muchas películas de Woody un extraterrestre podría pensar seriamente que los seres humanos hemos inventado el matrimonio como castigo, una especie de pago mezquino a cambio de la felicidad plena que los novios tenían antes. Incluso podría llegar a creer que casarse es cometer un crimen, porque a partir de ese momento la esposa se convierte en una molestia que nunca se queda callada, que lo único que sabe es poner problemas, y el marido en un sicópata que sólo piensa en tener sexo a todas horas, tal vez como un remedio para que su mujer se calle.

Pocas secuencias tan dolorosas como la de la fiesta de matrimonio de Interiors (1978) cuando las tres hijas de Arthur deben observar a su padre casándose por segunda vez y dejando definitivamente a su madre con la ilusión de una reconciliación. La terrible desgracia de una de las películas más dolorosas de Woody Allen es que lo triste para ellas no es que su padre se vuelva a casar sino que esté feliz de hacerlo, pues sus propios matrimonios se han convertido en pequeños infiernos.

Woody Allen 5

No se sabe que es peor para un matrimonio, si seguimos fijándonos en el cine del neoyorquino. Si hay un romance extramatrimonial y no se cuenta, la desesperación y la culpa llenan cada minuto. Pero sí se dice la verdad, despiadadamente incluso, en medio de una reunión de amigos, parece que la boda hubiera sido entre dos sicópatas. El éxito del matrimonio dependerá del punto de la película en que se celebre. Si es al principio, nada que hacer. Veremos su decadencia durante el resto de la cinta aunque al final, por esas cosas de la vida, la ex mujer se convierte otra vez en una posibilidad romántica. Si el matrimonio se celebra al final, los novios pueden dormir tranquilos, pues se quedarán así en la historia. Pero si el matrimonio ocurre en la mitad de la película, habrá que tomar medidas, como encontrar a un amante, preferiblemente a dos, uno para cada quién. Ya lo decía Oscar Wilde: el matrimonio es una cadena tan pesada que a veces no bastan dos para cargarla.

ÚLTIMA LECCIÓN: CADA QUIÉN CARGA CON SU DESTINO AMOROSO
La realidad es un asco, la odio, la odio; pero ¿en qué otro sitio se puede encontrar un buen bistec para la cena?
Woody Allen

Woody Allen 6

Pocos apreciaron (bueno, aceptémoslo, pocos apreciamos) la propuesta de Allen en Melinda y Melinda (2004). Sin embargo, la idea de la película, hay que reconocerlo, era brillante. Porque significaba, ni más ni menos, que había dos maneras de vivir la vida, dos maneras de ver el mundo: como una comedia o como una tragedia. Podemos reírnos de que en medio del sexo la erección no sea todo lo sólida que quisiéramos, pensando que la próxima nos irá mejor, o podemos llorar y consultar al sicólogo y torturarnos en jornadas de sicoanálisis para que al final la culpa sea de nuestros padres. Lo que realmente importa, es esa decisión, saber si escogemos el camino de la sonrisa o el del puchero. Porque al final el amor, el sexo y todo lo demás, son sólo temas. Y como nos ha mostrado durante 40 años Woody Allen, los temas son los mismos. La manera de contarlos es la que vale.

 

“Sentía un curioso hormigueo por todo el cuerpo: estaba enamorado o tenía sífilis.
Virgil Starkwell en Take the money and run (1969)

Artículo publicado originalmente en el N°87 de la Revista Kinetoscopio

Revista Kinetoscopio: el cinéfilo crítico

Jun 10, 2015 por Samuel Castro

No me gusta la palabra reseña, por tibia. A diferencia de su equivalente en inglés (review), la reseña no especifica esa acción de volver a mirar, con más cuidado, que distingue al espectador desprevenido del crítico. Reseña suena a comentario casual, a enumeración de atributos. Crítica, en cambio, me parece mucho mejor porque se anda sin tapujos: yo vengo a mirar esto y a decirle por qué creo que lo que veo no funciona, o funciona menos bien de lo que usted cree, señor director. Me gusta entonces, porque de inmediato se piensa mal de la crítica, como si fuera el villano de la historia. Y como sabe cualquiera que haya visto películas de Disney alguna vez, los villanos son los personajes más interesantes del mundo.

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La revista Kinetoscopio hace crítica de cine desde hace 25 años. Sólo la frase ya asusta. Un cuarto de siglo siendo “los malos” del paseo, llevando la contraria desde una ciudad como Medellín, donde llevar la contraria siempre ha traído problemas. Un cuarto de siglo que les ha permitido a sus lectores entender el valor del disenso, de la argumentación, a través de la conversación sobre cine, que siendo un arte popular genera muchas más pasiones que, por ejemplo, una discusión sobre “los elementos geométricos en la composición de los cuadros de tal artista”. Para cada persona, sin excepción, las películas buenas son las que le gustan a ella, así que hacer crítica de cine es, automáticamente, ponerse frente al blanco para que te lancen cuchillos.

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En el periódico El Colombiano hizo durante muchos años la crítica de cine —que ahora compartimos dos integrantes de Kinetoscopio, Oswaldo Osorio y yo—, el sacerdote Luis Alberto Álvarez, a quien no tuve el gusto de conocer y por quien, sin embargo, siento el afecto de un niño con un abuelo que vive muy lejos y al que quiere parecerse por lo imponente que se ve en los retratos. El padre Luis Alberto, junto con Paul Bardwell, también fallecido, y editores como Pedro Adrián Zuluaga o Juan Carlos González y el apoyo institucional, invaluable e inagotable del Colombo Americano de Medellín, han logrado convertir a Kinetoscopio en una institución, no sólo en Colombia sino, gracias a la constancia y la resistencia, en América Latina, donde tanta falta hace que dejemos de tirarnos cuchillos y donde hay muchas peleas y pocos debates.

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Los que han leído mis críticas sabrán que trato de evadir la primera persona en la escritura. Hoy no lo hago porque debo agradecerle a Kinetoscopio no sólo la oportunidad de publicar textos míos que no tendrían cabida en otros medios sino porque desde cuando era apenas lector, me enseñó que se puede ser crítico sin dejar de amar al cine, que el buen crítico no es el que las sabe todas sino el que todo lo quiere aprender, que uno puede ser el más amigo del que piense lo contrario y quererlo más, incluso, gracias a eso. Que vale la pena escribir sobre cine, porque para el cinéfilo que tiene la misión de argumentar sus opiniones, cada crítica es un poema de amor, a veces incisivo y otras fogoso. Pero jamás tibio.

La polla de Óscar ataca de nuevo

Feb 22, 2015 por Samuel Castro

Creo que me estoy contagiando de la moda de titular provocadoramente para después salir con un chorro de babas, esa “fórmula” que tantas revistas “novedosas” usan para atrapar incautos. En este caso, el chorro no es de babas sino de apuestas, a TODAS las categorías del Premio Óscar. Cada año hago esto porque supongo que si acierto todos los resultados puedo salir corriendo a comprarme el Baloto con la seguridad de que me lo voy a ganar. O, más bien, porque así tengo una excusa para no dormirme viendo la ceremonia mientras voy contando qué tal me va con los porcentajes. Aunque soy fan de Neil Patrick Harris, así que confío en que no me decepcione encargándose de conducir uno de los pocos momentos de año que, en mi vida, realmente merece el adjetivo de imperdible, tan malgastado en Twitter. Vamos con la apuesta entonces y los que lean esto serán los encargados de rifas, juegos y espectáculos. O invitan a una cerveza, lo que prefieran.

MEJOR CORTO ARGUMENTAL
The phone call
Aunque hay otros cortos buenos en la categoría, incluso otro con actores reconocidos, como Aya, que cuenta con Ulrich Thomsen, este es el más emotivo de todos, con una situación bien bonita: la llamada de un anciano a un servicio de asistencia social porque ya no quiere vivir más. La que atiende la llamada es una estupenda Sally Hawkins y el enorme actor que nos conmueve con su voz, al que nunca vemos, es otro gigante: Jim Broadbent.

MEJOR CORTO ANIMADO
Feast
Uno a veces tiene la sensación de que Pixar se gana las cosas por su fama. Pero en este caso no. El cortometraje que nos encantó a muchos cuando vimos Big hero 6 en salas de cine es también el más bello de su categoría, porque logra poner la técnica al servicio de una historia que se entiende sin traducción y que es tierna, divertida y profunda a la vez. Como pasaba antes, cuando Pixar nunca se equivocaba.

MEJOR CORTO DOCUMENTAL
White Earth
Esta es la categoría más difícil de las de cortometrajes. Suena cruel pero creo que al haber dos cortos sobre niños enfermos los votos se dividirán y eso le permitirá a White Earth, un retrato social sobre una realidad que para la mayor parte de los gringos es desconocida: la vida en las tierras heladas donde lo único que se produce es petróleo.

MEJOR DOCUMENTAL
Citizenfour
Se habló demasiado sobre Edward Snowden y sobre lo que sus revelaciones causaron, como para que los votantes de la Academia no se inclinen a premiar este documental que documenta uno de los momentos más importantes de la historia política norteamericana de los últimos años.

MEJORES EFECTOS VISUALES
Interstellar
Alguna cosa deben darle a esta película que debió estar en las nominadas en la categoría principal. Y suena mejor que dárselo a Guardianes de la galaxia, por mucho que nos haya gustado. ¿O no?

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO
American Sniper
La proximidad de su estreno con la votación hace que la gente la tenga más fresca en la memoria, por un lado. Por el otro, creo que habrá muchos votantes que pensaron que esta era la oportunidad para darle al taquillazo de Clint Eastwood un par de estatuillas.

MEJOR MEZCLA DE SONIDO
American Sniper
Aquí, o gano dos o pierdo dos en esta apuesta. Y si me la jugué por American sniper en la anterior, moriré con las botas puestas. Pero si gana Interstellar, lo confieso, seré más feliz.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
“Glory” de Selma
Porque a pesar de que debería poder llevárselo “Lost stars” de Begin again, premiar esa canción será la forma de muchos de la Academia de aplacar sus conciencias y hacer su “buena acción” de la noche.

MEJOR PARTITURA PARA UNA PELÍCULA
Alexandre Desplat por The Grand Budapest Hotel
Aunque hacía mucho que Hans Zimmer no creaba una partitura tan sobrecogedora como la de Interstellar, no es para todos los oídos, así que la Academia, si las dos candidaturas no lo perjudican, reparará una deuda de hace años y le dará por fin su hombre dorado a Desplat.

MEJOR MAQUILLAJE
Guardians of the galaxy
A pesar de que es impresionante no creo que la nariz de Steve Carell y la calva de Mark Ruffalo en Foxcatcher sean más impresionantes que los cientos de extraterrestres de Guardianes de la galaxia. Además Foxcatcher no está entre los favoritos de ninguna categoría grande, así que no hay arrastre.

MEJOR VESTUARIO
Anna B. Shepard por Maleficent
Normalmente en esta categoría se van por las películas de época, pero Mr.Turner se desinfló en el camino. Creería yo que un vestuario que se ha convertido en uno de los disfraces más pedidos para Halloween merecería ser reconocido acá. Vamos a ver. Para que enfoquen a Angelina.

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN
Adam Stockhausen y Anna Pinnock por The Grand Budapest Hotel
¡Qué sería del cine de Wes Anderson sin un gran diseño de producción! Ya es hora de que la Academia lo empiece a reconocer como el gran autor de marca visual que es y esta categoría puede ser un buen comienzo.

MEJOR EDICIÓN
Tom Cross por Whiplash
Basta con ver un par de secuencias de Whiplash por ahí para entender que le hicieron caso al director cuando pidió que las escenas de música se filmaran como si fueran combates de acción. Y ese ritmo se logra a punta de edición.

MEJOR FOTOGRAFÍA
Emmanuel Lubezki por Birdman
Podría repetir el texto del año pasado. El maestro Roger Deakins sigue sin ganarlo y eso es una injusticia universal. Pero este año el Óscar no se lo quitan al Chivo por nada del mundo. Podrían marcarlo ya en la base, como la Champions. Es más, háganlo por favor.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Ida
Entiendo que le hagamos barra a Relatos salvajes, pero Ida no es sólo una obra maestra, además tiene nominación justísima en otras categorías (cosa que poco ocurre) y toca uno de los temas consentidos de la Academia: la Segunda Guerra Mundial. Más que justo.

MEJOR PELÍCULA ANIMADA
Song of the sea
Creo que va a ser la sorpresa de la noche. Desde que no nominaron a The Lego movie he creído que el mundo funciona raro. Y el estilo y las imágenes de Song of the sea son de una belleza, que nadie reclamará cuando se lleve el premio.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Anthony McCarten por The theory of everything
Se van a ir por la fácil. Se lo van a dar a Anthony McCarten por hacer una biopic de llanto previsible, sólo porque creen que esa es la manera de honrar la vida de Stephen Hawking.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Alejandro González-Iñárritu, Nicolás Giacobone y Alexander Dinelaris por Birdman
¿Cómo se van a perder la oportunidad de ver subir a la cuota latina en la noche, sobre todo si de verdad escriben el mejor guión de la velada? Por eso los personajes nos gustan tanto. Por eso sus actores se lucen así.

MEJOR DIRECTOR
Richard Linklater por Boyhood
Esto es una carrera de acumulación. Y Richard Linklater, el chico bueno de Texas, el muchacho de la casa que se ha vuelto autor, el que creo esas bellezas de la trilogía de “Antes de” tiene la oportunidad de consagrarse con una película que sólo estuvo en su cabeza y que retrata la infancia de no sé cuántos norteamericanos. Está en bandeja de plata, Academia, no la desperdicien.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Patricia Arquette por Boyhood
En honor a todas las mamás solas que han criado hijos a punta de cojones. De esas mamás a las que tanto quiere la senadora Viviane Morales. No hay discusión. Es uno de los fijos.

MEJOR ACTOR DE REPARTO
J.K. Simmons por Whiplash
Un hombre que va con sombrero a una gala de premios de cine sabe que se lo va a ganar. Él lo sabe. Nosotros también.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL
Julianne Moore por Still Alice
En un mundo justo (y bueno, ustedes saben cómo es) la ganadora sería Rosamund Pike por Gone girl. Pero no puedo recordar cuándo fue la última vez que una actriz ganó por un papel de malvada. Así que claro, como por variar, se lo van a dar a la gran actriz que actúa una enfermedad devastadora. Otra vez.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL
Michael Keaton por Birdman
Sé que voy en contra de las probabilidades. Pero quiero creer que en el corazón de los votantes del Óscar que tienen más de 60 hay algo de solidaridad de edad con el actor que se acerca más a su generación y al que la suerte no lo favoreció en una época de su carrera. Quiero creerlo y por eso apuesto. Sería triste si no gano.

MEJOR PELÍCULA
Boyhood
¿Y entonces cuántos son o qué? Si gana Birdman también sería justo pero esta película merece ganar porque logra retratar una vida común, ni grandiosa ni terrible, común y corriente. Y mostrar su belleza. La belleza de lo cotidiano, de una vida en la que no pasa nada, es decir, de una vida como la de la mayor parte de la humanidad. ¿De verdad no les parece un buen argumento para que gane? Lo hará. Cuando lo haga, también se habrá hecho justicia.

Listo. Que comience esta vaina. Y que conste que los vaticinios están aquí. A ver si por fin me animo a comprar el Baloto.

Solo ante el prejuicio

Feb 5, 2015 por Samuel Castro

El fuego es implacable, como la injusticia. En la madrugada del domingo primero de junio de 2008, las llamas no tuvieron piedad, y consumieron una buena parte de  las instalaciones de los Estudios Universal en Los Angeles. Casi todos los periodistas menores de 30 años lamentaron la pérdida de una construcción icónica en el cine de ciencia-ficción: la torre del reloj de Hill Valley, aquella en la que el doctor Emmett Brown, con su pelo revolcado por el viento, espera ansioso a que un rayo caiga y haga funcionar el artilugio que ha creado para que su amigo Marty McFly regrese al futuro. Sin embargo, en otra parte de los cables noticiosos, también se resaltaba una pérdida igual de irreparable: la corte de justicia del pequeño pueblo imaginario de Maycomb y réplica de la corte real de Monroeville, Alabama, era ahora una pila de escombros humeantes. Y aunque para algunos los decorados de las películas sólo sean una mezcla de papel maché, cartón y madera, esta corte típica de los estados sureños norteamericanos de la primera mitad del siglo XX era el escenario más importante de la que el American Film Institute declaró como la mejor película de estrados judiciales en la historia del cine norteamericano, To kill a mockingbird (Matar a un ruiseñor). En esa corte, el digno y honrado Atticus Finch defendería al pobre Tom Robinson. No ganaría el caso, por supuesto, porque Tom Robinson era un negro acusado de violar a una mujer blanca en el territorio racista por excelencia de Estados Unidos y todo ocurría durante los años treinta, muy lejos en el tiempo de la década del 60 y su reivindicación de la igualdad y los derechos civiles; pero su defensa inobjetable en aquel caso, su porte y sus palabras, convertirían a Atticus Finch en uno de los personajes más recordados en la historia del cine. Por fortuna, aunque la escenografía ya no exista, la cinta sigue siendo tan emocionante como en el año de su estreno y sigue haciéndole justicia a un libro único.

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 Del libro a la película

“For Jack Dunphy and Harper Lee. With my love and gratitude”. Eso decía la dedicatoria del libro. El amor, por supuesto, era para Jack, su novio de aquellos años. Pero la gratitud era para su amiga y confidente, su cómplice y ayudante. Truman Capote sabía que tal vez sin Harper Lee, sin su compañía y consejo, no habría podido terminar “A sangre fría”, la obra maestra que ansiaba escribir desde hacía varios años. Gracias al furor desatado por las dos películas biográficas que se hicieron, muchas personas escucharon el nombre de Harper Lee, y la vieron encarnada por Sandra Bullock y por Catherine Keener respectivamente. Sin embargo, Lee ya brillaba entre los escritores de su generación en 1961, cuando comenzó a trabajar con su amigo Capote en aquel gran reportaje, pues la novela que había publicado el año anterior, “To kill a mockingbird” acababa de ganar el Premio Pulitzer. El éxito fue casi instantáneo, aunque desde el comienzo la escritora debió insistir en que la novela no era un relato autobiográfico sino una historia de ficción. Las confusiones se debían a que el personaje principal del libro y que además narraba la novela era, al igual que Lee, la hija menor de un abogado de un pueblo en el sur norteamericano.

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Con el éxito vinieron de inmediato las propuestas para la adaptación al cine. Pero a diferencia de su amigo Capote, que ese año había visto su nombre como guionista de “The innocents”, Lee no se sintió muy feliz con la posibilidad de trabajar para la industria de Hollywood. Ella era de alguna manera la antítesis anímica del autor de “Desayuno en Tiffany’s”: tímida, seria, retraída. Desde aquellos años hasta hoy, por ejemplo, nunca ha querido conceder una entrevista y jamás publicó otra novela. Así que para la adaptación al cine de aquel éxito no se podía contar con la autora. Era necesario buscar a un guionista que fuera capaz de captar la belleza y el drama de aquella pequeña historia rural. Y había un hombre perfecto para esa tarea.

Un equipo a la medida

Los comienzos de la televisión fueron los mismos en todas partes. También en Estados Unidos muchos de los programas de los primeros años se transmitían en vivo, pues la tecnología para grabar era muy costosa. Por lo tanto, era necesario contar con actores experimentados, casi todos venidos del teatro o probados en el cine, que supieran muy bien sus líneas y no fallaran frente a la cámara; con guionistas competentes que tuvieran un claro sentido del tiempo para que los picos emotivos de las historias se dieran justo antes de comerciales y con directores que supieran ubicar muy bien sus cámaras para sacarles el mayor jugo a las escenas. Uno de los programas más importantes de aquella época, aún hoy tenido en cuenta en las listas de los mejores de la historia fue “Playhouse 90”, llamado así porque en 90 minutos contaba historias dramáticas originales de un talentoso grupo de escritores de planta o adaptaba novelas de autores como William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald o Ray Bradbury. Charlton Heston, Joanne Woodward o Paul Newman fueron algunos de los grandes nombres del cine que actuaron en aquella serie.

Uno de los escritores de “Playhouse 90” era Horton Foote. Horton había comenzado su carrera como actor de teatro pero cansado de que le dieran papeles mediocres, decidió que la mejor manera de tener libretos decentes era escribirlos él mismo. Si algún escritor sabía qué tipo de material necesitaba un actor para lucirse era uno que hubiera actuado, así que cuando las críticas por su escritura fueron mejores que las recibidas por su actuación, cambió su dirección dentro de la industria. Foote se distinguía porque sabía cómo contar historias sobre pueblos, pueblos típicos norteamericanos como aquel del que él mismo provenía: Wharton, Texas. Por eso fue el encargado de escribir un capítulo de la serie basado en una historia original de William Faulkner en la que un granjero recogía a una mujer embarazada que había sido abandonada por el padre del niño: Tomorrow. En ese capítulo, Foote volvió a encontrarse con un director con el que ya había trabajado en otra serie del mismo corte, “Studio One” y con quien se había entendido muy bien: Robert Mulligan, un joven que ya se destacaba por sus buenos oficios a la hora de dirigir actores y que había demostrado que podía lidiar con grandes estrellas sin problemas, pues le había dado órdenes a Laurence Olivier en la adaptación televisiva de la novela de William Somerset Maugham, “La luna y seis peniques”.

Robert Mulligan fue quien dirigió la primera película que produjo Alan J Pakula, Fear strikes out y juntos formarían un equipo sólido durante seis rodajes más. Así que cuando Pakula le dijo a Mulligan que tenían la posibilidad de adaptar la novela de Harper Lee, éste pensó inmediatamente en Horton Foote, el escritor a quien ya conocía, ideal para conservar la fuerza que emanaba esa historia de campo, como lo había hecho con el relato de Faulkner. El equipo estaba completo, y además contaban con una estrella confirmada: Gregory Peck. Lo que éste no sabía es que gracias a ese fantástico grupo de profesionales iba a conseguir la interpretación más importante de toda su carrera.

Un héroe a través de los ojos de un niño

En 2003 el American Film Institute hizo otro conteo como el que nos ocupa en este número de Kinetoscopio, pero esa vez decidieron escoger a 100 grandes personajes de la historia del cine norteamericano: 50 villanos y 50 héroes. Según aquella clasificación, el villano más terrible que se había visto era el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, lo que no era de extrañar teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos. Frente a ese personaje malévolo, el héroe más recordado debía ser alguien a su altura; un hombre que no se detuviera ante nada y que fuera capaz de derrotar a cualquiera. Para sorpresa de muchos, por encima de los poderes de Batman o Superman, de los puños de Rocky, de las armas de James Bond o del látigo de Indiana Jones, el AFI escogió a un héroe común, a un hombre que cumple con su deber a pesar de que no triunfe, que consigue la hazaña de hacer siempre lo que cree correcto y de enseñarle a sus hijos lo que es justo. El héroe de todos los tiempos no era otro que Atticus Finch, el abogado viudo que encarnó Gregory Peck en To kill a mockingbird y que le permitió ganar el único Oscar a mejor actor de su carrera. Pero, ¿qué tiene de especial Atticus Finch?

Lo primero, es que lo observamos a través de los ojos de sus hijos, que están en la edad en la que los padres son el comienzo y el fin del universo La visión infantil de la película se subraya desde el principio mismo de la cinta, pues en los créditos de presentación vemos que se abre ante nosotros la caja de tesoros de Jen, el hijo mayor de los Finch: en ella encontramos un par de muñecos tallados, unas canicas, un reloj, crayones negros, un silbato metálico. Esos créditos, ejemplares por su belleza y su poder de síntesis, fueron diseñados por Stephen O. Frankfurt, diseñador gráfico y publicista que en aquel entonces había hecho campañas exitosas para marcas de productos infantiles. El objetivo de Alan J. Pakula era que Frankfurt se metiera en la mente de los niños y consiguiera reflejar en esa secuencia el rol vital que ellos tenían en la historia. Hasta el nombre de la película aparece en pantalla “traducido” al mundo infantil: una mano de niño descubre el título coloreando con un crayón una hoja en blanco. Un adulto escribió antes la frase en una hoja que ya no está, pero los espectadores la vemos gracias a que el niño nos muestra algo que no está presente a simple vista: nos ha descubierto lo invisible, como lo harán Scout y Jen a lo largo de la cinta. Stephen Frankfurt, otro de los hombres perfectos para su trabajo de esta película, continuaría trabajando en el cine y creando campañas publicitarias donde pondría en práctica su filosofía de insinuar más que mostrar y de apelar a las emociones de los espectadores. A él le debemos dos promociones cinematográficas que harían historia: el clasificado en la sección de nacimientos de los periódicos que simplemente decía “Reza por el bebé de Rosemary” y la frase fantástica en el cartel de Alien: “En el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Al comenzar la película, Scout, la narradora (en realidad la voz de la actriz Kim Stanley, quien también había trabajado con Mulligan en Playhouse 90), nos recalca que lo que vamos a ver es un recuerdo de su infancia, de cuando el pueblo donde había crecido vivía las consecuencias terribles de la Gran Depresión de los años treinta. Es una buena estrategia lo de la memoria infantil porque si los adultos somos nosotros, es nuestra responsabilidad encontrar el sentido “profundo” de las cosas. Cuando Atticus le dice a su hija que la próxima vez que vuelva a la casa el señor Cunningham, el granjero que ha venido a pagarle con parte de su cosecha un trabajo judicial que hizo para él, lo mejor es que le diga que no está, somos nosotros los que debemos entender cuál es la razón para enseñarle a un niño a mentir. Y también somos nosotros los que deberíamos saber que aquel es el acto de generosidad de un hombre justo, conciente de que quienes le rodean están pasando por tiempos difíciles.

Los niños Finch ven al mundo con la insensatez de los que llevan pocos años en él. Sin embargo, es la llegada de un niño “forastero”, Dill Harris, demasiado curioso e inteligente para su edad, la que hace que los Finch miren nuevamente su entorno con algo de extrañeza. Se dice que si el personaje de Scout fue inspirado por las vivencias de infancia de Harper Lee, Dill Harris, aquel muchachito muy bajo para su edad, contador de historias inverosímiles y de voz aflautada, era la versión infantil de Truman Capote. Juntos, los niños tejerán conjeturas sobre la “leyenda” de su barrio, el muchacho que está encerrado en la casa de los Radley, al final de la cuadra, a quien han puesto el nombre de un fantasma: Boo. Los juegos y las pequeñas apuestas de valentía, van acercándolos a ese misterio sin rostro. Pero el guión es muy inteligente y lo que parece ser una historia tonta sin relación con la vida de su padre, cobrará al final todo el sentido.

Mientras los niños juegan, a su papá le encargan la defensa de Tom Robinson. El juez le insinúa a Atticus que puede negarse pero él acepta, con el mismo gesto de deber cumplido que tendrá durante toda la película: porque es lo que hay que hacer, parece afirmar con cada postura de su cuerpo. Como dice la vecina, la señora Atkinson, en una de las muchas excelentes líneas de diálogo escritas por Horton Foote, “algunos hombres nacen para hacer nuestros trabajos odiosos” y Atticus Finch es uno de esos hombres.

Que la película está narrada desde el lado de los niños lo prueba que nada sabemos de lo que ocurre con su padre cuando no está junto a ellos. Que el pueblo está hablando mal de él lo averigua Scout cuando se pelea en el colegio con un niño que insulta a Atticus. Pero entonces él le dice a Scout que debe invitar a ese niño a la casa. Sólo sentados en el comedor, cuando el muchachito sumerge sus pancakes en miel de maple como si en eso se le fuera la vida, entendemos que tiene hambre y que el hambre no es buena compañera de la razón. Por eso ha querido Atticus que el niño vaya a la casa. Porque sabe que muchos de los prejuicios de sus conciudadanos son producto de la desesperación, de la pobreza y la incertidumbre. Ahí, sentados, pronuncia la lección central de la película: no podemos aniquilar a aquellos que lo único que han hecho es ser como son, que no nos causan ningún daño. Como el ruiseñor, que lo único que hace es cantar. Por eso no se puede matar a un ruiseñor.

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Lecciones eternas

Hasta el día de hoy en Estados Unidos, “hacer de Atticus Finch” es la expresión utilizada cuando alguien lee un libro mientras monta guardia. Tal es el poder de ver a Gregory Peck con toda su gravedad de capitán ballenero, frente a la prisión en la que descansa su defendido, dispuesto a enfrentar lo que venga con una tranquilidad temeraria y la luz de una lámpara que alumbra sus páginas. Cuando llega la turba dispuesta a linchar a Robinson él sigue imperturbable. Sólo lo altera la llegada sorpresiva de sus hijos. Sin embargo, en una muestra más del enorme acierto de Mulligan al dirigir niños (en su última película, The man in the moon, descubrió el talento de Reese Witherspoon), la escena se resuelve con ellos mostrando que comprenden más de lo que creíamos, que saben que a cualquier adulto le avergüenza lo que está mal frente a un niño. No es inocencia lo que demuestra Scout cuando le pregunta al señor Cunningham (el mismo del comienzo) cómo siguen en su casa: es astucia.

Sin embargo la injusticia, como el fuego, es implacable. Y al final, a pesar de que los argumentos de Atticus Finch en la corte son incontestables, aún cuando todos en la sala de la corte (incluso ese personaje que en una esquina ahueca la mano junto al oído, como diciéndonos que a veces somos sordos cuando la razón habla) saben que Tom Robinson es inocente, el pobre es condenado. Pero los pobladores negros han visto que alguien se atrevió a hablar por ellos, a tratarlos como personas y no como a sirvientes. Por eso el reverendo Sykes les ordena a los niños que se pongan de pie, junto con todos los que llenan las tribunas para negros de la corte, cuando su padre está pasando. Es lo menos que se merece un hombre que lucha solo contra una sociedad desigual.

Ni Atticus ni ningún adulto pueden creer la versión de que Tom Robinson quiso escaparse y que por eso le dispararon cuando lo trasladaban a otra prisión. Otra vez somos los espectadores los que debemos leer entre líneas y entender la tremenda injusticia que se ha cometido. Sin embargo, “To kill a mockingbird” se escribió y se convirtió en película antes de que Kennedy fuera asesinado. Todavía la gente creía en algo parecido a la justicia. Y por eso, cuando los niños Finch van a ser atacados por alguien cuando vuelven a su casa después de una fiesta comunal, aparece de la nada un justiciero, un fantasma que los ayuda y que, sin quererlo, hace lo que los tribunales no pudieron. Un fantasma tan inocente como un ruiseñor, que lo único que deseaba era defender a unos niños indefensos, como él.

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“¿Me puedes llevar a casa?”. Esa es la única frase que pronuncia Arthur “Boo” Ridley en toda la película. Pero con eso y con menos de tres minutos de presencia frente a cámara le alcanzó al joven actor Robert Duvall, quien interpretaba al personaje, para comenzar con pie derecho una carrera impecable. Muchos años después y con una historia del mismo guionista, Horton Foote (Tomorrow, la misma que había adaptado en aquel programa de televisión), Duvall ganaría el Oscar a mejor actor. Con esa frase y con Scout llevando de la mano a aquel inocente que ha hecho justicia hasta su casa termina To kill a mockingbird. De repente sabemos que Scout se ha hecho adulta con ese paseo. Y entendemos por qué Atticus Finch es una figura que ha trascendido a generaciones y generaciones de espectadores: porque nos hace recordar que las cortes pueden quemarse en los incendios y aún así la única esperanza del género humano es que los padres siguen enseñándole a sus hijos con el ejemplo, qué es lo bueno, y lo digno, y lo justo.

Regalos en blu-ray

Dec 10, 2014 por Samuel Castro

Esto de los regalos de Navidad es para volverse loco cuando uno tiene la romántica creencia de que cada presente navideño debe ser escogido específicamente para el destinatario y que eso de darle lo mismo a todo el mundo, es una costumbre de empresas y no de personas. Para que las compras no sean eternas yendo de un almacén a otro, decidí gastarme toda la plata en series y películas en blu-ray pero, eso sí, intentando que cada quien se lleve lo que necesita (o lo que merece). Comparto con ustedes mi lista de Navidad.

Christmas tree

A Juan Manuel Santos: Downton Abbey para que recuerde, de una vez por todas, que se debe gobernar tanto para “los de arriba” como para “los de abajo”.

A Alejandro Gaviria: Sherlock, a ver si copiando las tácticas del detective, logra resolver ese caso sin solución que es la salud colombiana.

A Gustavo Petro: House of cards para que descubra, finalmente, que lo que hace a un político memorable no son las peleas que caza, sino los objetivos que lo guían.

A los libretistas de los canales privados: Orange is the new black, a ver si recuerdan la diversidad que pueden tener los personajes femeninos cuando se escriben bien, y dejan de pensar en términos de “esposa de”, “madre de”, “amiga de”.

A Juan Carlos Ortiz, el de Interbolsa: Las dos caras de enero, para que nos cuente qué se siente que Viggo Mortensen haga de uno en una película.

A Álvaro Uribe: True detective y Dallas buyers club. Para que vea que, como Matthew McCounaghey, la gente sí es capaz de reinventarse si se lo propone y deja de actuar siempre igual.

A Julio Sánchez Cristo: Modern family, para que la vea completica y alguna vez sea capaz de hablar de las buenas escenas de Sofía Vergara y no de “lo buena” que está.

A Sergio Fajardo: Birdman, para que en los “detrás de cámaras” pueda ver al gemelo del que lo separaron al nacer, Alejandro González-Iñárritu.

A Roy Barreras: El cazador de cocodrilos porque seguramente podrá reconocer a familiares que hace mucho no ve.

A Maluma: Glee para que vea algunas formas realmente creativas de adaptar canciones a un formato juvenil, sin necesidad de decirle “princesita” a las niñas que hacen parte de su grupo en La Voz Kids.

Seguramente me faltaron regalos, ustedes me dirán. Pero creo que los que di están bien, a ver si de pronto mostrándoles a los famosos y poderosos, series y películas bien escritas, dejamos de vivir en un país tan mal libreteado.

Publicado en Revista Únete edición diciembre de 2014

Being Don Draper

Oct 1, 2014 por Samuel Castro

Si hay algún mito que hace parte de la estructura profunda del “american way of life” que nos hayan querido vender durante años en el cine, la televisión y, por supuesto, la publicidad, es el del “self made man”, el hombre hecho a sí mismo, a pulso, que comenzando desde lo más bajo de la escala social consigue trepar hasta la cima gracias a una combinación de talento, creatividad y esfuerzo. Sobre ese mito descansa “el sueño americano”: no importa quién sea yo en mi país, si voy a Estados Unidos y lo hago bien, la vida me compensará.

En el año 2000, Matthew Weiner estaba viviendo su propio sueño. Tenía 35 años y trabajaba bajo contrato como escritor de planta de una sitcom más o menos exitosa (Becker), tenía tres hijos, unos ingresos estables y un trabajo por el que 100 personas estarían dispuestas a matar. Y sin embargo, no era feliz. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué no se sentía satisfecho con lo que había obtenido? Como dijo en una entrevista para la National Public Radio, “si esto es todo lo que ofrece la vida, podría ser una muy buena excusa para comportarme mal”.

Mad men 1

Mientras intentaba explicarse a sí mismo esa sensación de pesar y desasosiego en el alma, continuó su exitosa carrera de guionista televisivo escribiendo bajo la sombra y el consejo de David Chase, doce capítulos de The Sopranos. Al mismo tiempo volvió a revisar The horseshoe, un guión en el que trabajaba desde que había salido de la escuela de cine, donde intentaba explicar a través de la vida de un sólo hombre, muchos de los acontecimientos vividos por la generación de norteamericanos nacida después de la Gran Depresión. Seis años más tarde, cuando la gente del canal AMC se interesó en su propuesta de una serie sobre una agencia de publicidad y le preguntó por el resto de la historia, sobre quién era ese personaje que la protagonizaba y hacia dónde iba, Weiner volvió a hojear su guión inconcluso hasta llegar a la página en que lo había abandonado. Sólo había cuatro caracteres en ella: 1960.

Un hombre bajo la influencia

Un poco después de la mitad de la primera temporada de Mad Men entendemos por fin que Donald Draper, el seductor, varonil y siempre impecable director creativo de la pequeña agencia de publicidad Sterling-Cooper, ubicada como todas las empresas del negocio en la Avenida Madison de New York (de allí el maravilloso nombre de la serie), no siempre fue así de perfecto ni así de seguro. Es más, descubrimos que tampoco nació siendo Donald Draper. Y de repente aquella historia, su historia, se convierte en LA historia. ¿Cuándo uno se hace a sí mismo, no tiene que mentirse un poco para conseguirlo? Y si es así, ¿qué mejor lugar para que triunfe un buen mentiroso que una agencia de publicidad? ¿Es Estados Unidos, siguiendo ese razonamiento, una sociedad que está construida a partir de las mentiras en las que cree?

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Weiner, que en una entrevista para Rolling Stone afirmó que su libro favorito de todos los tiempos era El amor en los tiempos del cólera (¿no hay algo de Florentino Ariza en esa cualidad que tiene Draper de ser un donjuán que siempre se convierte en lo que su amante necesita y en la necesidad constante de tener nuevas conquistas?) logró con Mad Men justo lo que buscaba en aquel guión inconcluso de su juventud: contar las transformaciones de una sociedad a partir de unas cuantas historias. Ahí están, presentadas con el cuidadoso obsesivo por el vestuario y la ambientación, que le han valido la admiración de los fanáticos de las producciones de época, la melancolía de los cuentos de John Cheever y la soledad de las pinturas de Hopper; el surgimiento del rock, la consolidación del jazz y la importancia del cine (el refugio de Don cuando tiene un problema) y la televisión; las tensiones políticas, los conflictos raciales; la sensación de bienestar general bajo el gobierno de Kennedy y el pesimismo colectivo que supuso su asesinato. Todo afecta a los personajes de la agencia en la medida en que ésta es un reflejo de la cultura occidental: por eso en Sterling Cooper también aguantarán su propia “invasión inglesa”, se hará palpable en la suma de apellidos en la marquesina el ascenso de la clase media y se vivirá, como pasó en todo el continente, el cambio más importante de los últimas décadas: la revolución femenina.

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Una de las mayores cualidades de Mad Men es que a pesar de tener un gran personaje central masculino, son las mujeres que rodean a Don los secundarios más atractivos de la historia. Sus vidas reflejan la metamorfosis de las mujeres norteamericanas en la segunda mitad del siglo XX. Peggy comienza como la secretaria de Draper y logra convertirse en una de las primeras escritoras de la industria. La hermosa Joan (con el amplio cuerpo que se consideraba deseable en los cincuentas), cuya sentido común es muy superior al de los muchachitos que trabajan a su lado, será  madre soltera a pesar del qué dirán y, por terribles casualidades de la vida terminará teniendo parte de las acciones de la agencia. Betty se divorciará de Don cuando por fin comprenda que no son la familia perfecta y rearmará su vida, pasando a ser mucho más que el adorno de su nuevo marido. Son ellas, aunque él no lo sepa o no quiera creerlo, las que realmente marcan los cambios en la existencia de Draper. Su perdición y su gloria.

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Porque de eso también nos habla Mad Men: de lo dura que puede ser la caída después de alcanzar la cima. En la última temporada vemos a Don bajo las órdenes de una persona que antes fue su subalterno y junto a él tenemos que preguntarnos en qué momento su vida se puso de cabeza, como en aquel cabezote animado, ya histórico, con el que comienza cada capítulo. ¿Cuándo fue que este mundo en el que teníamos algunas seguridades se convirtió en una interminable sucesión de preguntas? En cada temporada Matthew Weiner ha logrado inocular en sus personajes y en la audiencia, compuesta ya por fanáticos de todo el mundo, la misma inquietud que él tenía a los 35: ¿esto es todo? ¿Después de lo que hemos vivido, de recibir algún premio, de aprender alguna lección, de ser traicionados y traicionar, no hay nada que aplaque esta insatisfacción?

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Si hay alguna actividad dedicada a satisfacer los deseos de las personas y a crear nuevos deseos es la publicidad. Mad men se ha convertido en una de las series más importantes de esta edad dorada de la televisión al retratar ese universo donde la mentira es la norma, mientras narraba, sin prisa pero sin pausa, la metamorfosis de una sociedad que a partir de 1960 es otra. Tal vez no mejor ni peor, pero sí distinta. Y al mismo tiempo ha logrado ser memorable para millones de personas, al recordarnos que todos somos Donald Draper. Que estamos condenados a construir nuestra propia identidad, dejando a un lado lo que menos nos guste de nuestro pasado, para tratar de triunfar en un mundo donde cada vez hay menos certezas. Que esta vida es un constante intento de estar a la altura de nuestro ego. Un intento desesperado por ver el mundo desde la azotea y no lanzarnos.

Adaptaciones. Oh, adaptaciones

Mar 9, 2014 por Paula Andrea Chaparro

Todos conocemos a alguien —si tenemos mala suerte, a más de uno— que juzga sin piedad las adaptaciones fílmicas de libros, novelas gráficas, cintas clásicas e incluso series de culto. Seguramente muchos de ustedes se repiten la misma pregunta: ¿por qué estas criaturas de Lucifer no disfrutan la película como un producto independiente y dejan a los otros espectadores en paz? Porque esta gente no se limita a refunfuñar en casa, no. Lo hace en la sala llena, en ese asiento perfectamente ubicado en la mitad del teatro, para que al elevar su voz de protesta, toda la sala tenga que escucharla. Tal vez estos personajes necesiten llenar sus vacíos emocionales, sintiéndose superiores al resto de los humanos, y por eso se ven obligados a publicar sus vastos conocimientos a viva voz… pero ese no es mi asunto.

Mi idea, algo utópica, es esta: compañero insatisfecho, haga un club de criaturas de su misma especie y desgárrese las vestiduras con ellos; a quienes queremos ver la película en paz, déjenos tranquilos.

Como ex-mamerta cinematográfica, caí en ese cliché comparativo —bueno, algunas veces sufro aún esa especie de embolia digna de Sheldon Cooper—, pero desde que comencé a relajarme y a separar una cosa de la otra, me ahorro discusiones, malos ratos, úlceras gástricas y vergonzosos abucheos en el cine. Para superar los escollos de las adaptaciones debemos entender una única premisa: necesitaríamos películas de mínimo 12 horas de duración, para reproducir con exactitud cada detalle del documento base (en caso de libros o novelas gráficas), e incluso así, el fanático frenético dentro de cada uno de nosotros pediría más.

Admitámoslo, el pasatiempo favorito de la humanidad es joder la vida por estupideces.

Somos tan insolentes, que incluso encontramos imperfecciones en obras como Lord of the rings y The godfather, porque “faltan detalles de los libros”.

¿Y si nos dejamos de pendejadas y nos damos cuenta (¡oh, la epifanía!) de que realizar una película ya es de por sí complicado? Sumemos a eso la presión de hacer un buen remake, o una buena adaptación y a eso las opiniones —jamás pedidas— de los fanáticos, que no ponemos un solo peso de nuestros bolsillos y exigimos excelencia.

Soy admiradora de uno de los autores con mayor cantidad de adaptaciones fílmicas, y tengo opiniones mixtas. Stephen King ha dado origen a casi tantas películas como novelas, y el proceso ha sido agridulce. Sin embargo, ha valido la pena, por la cantidad de películas de culto que han surgido. The shawshank redemption, The shining, The green mile, Misery —para citar solo algunas— hubieran permanecido en las bibliotecas del Círculo de Lectores de nuestros familiares, acumulando polvo, de no haber sido por la incursión del celuloide.

Y esa es la cuestión.

Buenas o malas, las cintas adaptadas le dan cariz masivo a documentos de “élite”, como  libros o comics… o películas independientes, porque, siendo honestos, vivimos en una sociedad de inmediatez, que busca que sus productos artísticos sean de fácil digestión. Una película de máximo tres horas, es más fácil de tragar que un libro de 500 páginas.

De esta manera volvemos al quid del asunto. Como sea que resulte una adaptación, es una entidad autónoma. Disfrutable, o censurable, como elemento único. Debemos aprender a verlas como lo que son; parientes lejanas de sus obras base, que guardan un leve parecido con sus predecesoras, pero terminan siendo lo que pueden, de acuerdo al estrato sociocultural en el que germinan.

Algunas, son esas primas cool que “son rebeldes porque el mundo las ha hecho así”, otras siguen un sendero derechito y correcto, y las demás… Bueno, las demás se convierten en Judge Dredd con Sly Stallone.