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El tiempo de las brujas

Por Iván Gallo

Claro, empecé a ver hace poco su primera temporada con la misma intención ingenua con la que me siento a ver una historia de terror: busco que me asuste, que sus crudas imágenes tengan el poder de despertarme en la mitad de la noche y me hagan confundir las ramas del árbol enorme que hay al frente de mi casa con los brazos de un demonio espantoso. Pero a pesar de su atmósfera inquietante, de sus planos claustrofóbicos, agobiantes, American Horror Story no inquieta pero si atrapa. Se te clava en el inconsciente como una garrapata infernal y ahí te empiezas a hacer viejo, frente al televisor, esperando ansioso una temporada más, una historia más.

Y ya vamos en la tercera temporada, bautizada por Ryan Murphy, su creador y el mismo que se inventó esa estupidez insoportable (pero rentable) de Glee, como Coven, que en español viene a ser aquelarre o reunión de brujas, porque hermanos míos, ha llegado el tiempo de las mujeres en la serie. Estamos amarrados frente al televisor después de decir en esa segunda caótica, confusa y por momentos brillante segunda temporada que no íbamos a volver, que la serie estaba muerta y que pagaría muy caro el precio de incluir a nazis, zombies, extraterrestres, asesinos seriales, posesiones demoniacas, esquizofrénicos y hasta monjas que usan lencería roja en una sola historia. Pero estos tipos pueden hacer lo que se les dé la gana, se ganaron el derecho por ser originales.

Por supuesto que Coven no se va a parecer a ninguna historia de brujas que hayas visto. Si creías que Suspiria era original te vas a quedar helado cuando veas a estas hechiceritas adolescentes devolver a la vida un cuerpo que ha quedado destrozado después de un terrible accidente. Acá los muertos regresan al mundo en carne viva cuando ellas lo decidan. Entonces vas a ver cómo el personaje que murió en el segundo capítulo resucitará en el tercero y así todo el tiempo. ¿Qué culpa tienen los escritores de la serie que se hayan cruzado en su camino con personajes que tienen ese poder como la hermosa hippie Misty Day, quien fue quemada por devolverle la vida a los pajaritos que los malditos niños traviesos de siempre habían matado a pedradas? Las brujas en esta serie hacen empalidecer a Jesús de Nazareth quien tiene en su haber el pobre record de haber resucitado a una, tan sólo a una sola persona.

Pero lo más impactante de Coven es que acá son los hombres los que gravitan alrededor de las mujeres. Es una guerra de hembras en donde los machos han sido desterrados para siempre. Son ellas las que deciden quién muere y quién vive eternamente. Son las que usan la sangre de sus esclavos como una pócima para quitarse esas incómodas arrugas que no paran de salir en el rostro. Se han vuelto así de poderosas y de perversas por la persecución de la que han sido objeto desde hace siglos y ya cuando no son más que un puñado deberán defenderse con todo lo que tienen. De Jessica Lange y Kathy Bates… ¿qué más se puede decir? Nada, tan solo callar y sentarse frente al televisor a que nos sigan deslumbrando con su talento inagotable. Angela Bassett mantiene esa belleza que parece eterna aunque por momentos no le creamos demasiado y están las chicas, por supuesto, las chicas que han sido descubiertas para este programa y que nos han venido acompañando en cada una de las tres temporadas que hemos visto. Hay para todos los gustos, desde la adolescente grunge, oscura e inocente a la vez que es Taissa Farmiga, pasando por la hippie medio loca y hermosa que se enloquece cada vez que escucha a Steve Nicks encarnada por la bellísima Lily Rabe, o la madurez precoz de una siempre acertada (y atormentada) Sarah Paulson, acompañadas ahora por nuevas adquisiciones que han encajado perfectamente en el elenco como ha sido el caso de Emma Roberts o Gabourey Sidibe.

Así que si se acercan a esta serie buscando el placer culposo de ser asustados les recomiendo que no entren porque acá las escenas de terror muchas veces terminan en una carcajada y lo que te inquieta es lo que te oprime, lo que te hunde en las depresiones extrañas que da esta serie de guiones sucios, incongruentes, estrambóticos pero cautivantes. Una de las razones debe ser la de que siempre, en cada una de las tres historias que nos han contado, los guionistas han centrado su interés en la construcción de personajes femeninos reales por encima de la solidez que pueda tener la historia.

El resultado es que American Horror Story ha creado una escuela de nuevas actrices y es por ellas que cada martes en la noche buscamos Fox, para fantasear, por qué no, con ser cocinado vivo por esas brujas preciosas.

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