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De la poesía al cine

Por André Kanayet

Tras la debacle italiana de la segunda guerra mundial, cuando el país quedó hecho ruinas, la pobreza era la regla, y había una baja moral por la derrota en la guerra, surgió el movimiento cinematográfico de mayor importancia en Italia: el neorrealismo. “El cine neorrealista se caracteriza por tramas ambientadas entre los sectores más desfavorecidos […]Las películas reflejan principalmente la situación económica y moral de Italia en la posguerra, y reflexionan sobre los cambios en los sentimientos y en las condiciones de vida: frustración, pobreza, desesperación”. (Wikipedia. Es.wikipedia.org/wiki/neorrealismo_italiano) “Por último, aunque no menos importante, destaca el lúcido análisis de los hechos, con una crítica abierta a la crueldad o a la indiferencia de la autoridad constituida.”
(http://www.uruguayosenitalia.org/LASEMANA/DECIMAEDICION/neorrealismo.htm)

Es en 1945 con el estreno de Roma cittá aperta de Roberto Rossellini que se reconoce el nacimiento del neorrealismo. Rossellini comenzó su carrera como técnico en películas fascistas pro-Mussolini, cosa que lo incomodaba, pues, al mismo tiempo y secretamente, filmaba imágenes en contra de “Il Duce”. Mientras esto sucede, en 1941 nace Bernardo Bertolucci en Parma. Hijo de un crítico de cine Bernardo tiene acceso a todas las películas que ve su padre, y a medida que crece, al mundo del cine, al neorrealismo en pleno auge, gracias a directores como Vittorio de Sica, y Luchino Visconti, Federico Fellini y Michelangelo Antonioni. Bertolucci aún es amante de la poesía cuando llegan los volátiles sesenta con el movimiento cinematográfico de la “nueva ola” del cine francés (nouvelle vague), que tenía como ideales, primordialmente, obviar todos los conflictos políticos del momento y profesar la libertad y el romanticismo. Estas corrientes cinematográficas acompañadas de la coincidencia de que Bertolucci conoce a Pier Paolo Pasolini en la Universidad de Roma (quien se convertiría después en un reconocido director con pensamiento de izquierda), llevan a Bertolucci a cambiar su herramienta expresiva, a viajar de la poesía y la literatura, al cine. Si bien Bernardo comenzó siendo a los veinte años el asistente de dirección de Pasolini en Accatone, es realmente la Nouvelle Vague quien lo motiva a buscar un oficio en el cine. Claro, no es coincidencia que Bertolucci decida abandonar la literatura dos años después de que se estrenara Sin aliento, obra  a la cual se refiere como una obra maestra, y como un punto de quiebre. “Para Bertolucci la primera ruptura importante del cine tuvo lugar en la inmediata posguerra con la aparición del neorrealismo, mientras que la segunda se produjo cuando Jean-Luc Godard rodó Sin aliento en 1959. Los primeros rodajes de Bertolucci establecen la interiorización de esta ruptura”. (Heredero, Carlos F. El cine como razón de vivir. Filmoteca Vasca, San Sebastián, 2001. pag. 32.)

La influencia que tiene Pier Paolo Pasolini sobre Bertolucci es inmensa pues ambos compartían intereses similares: desde jóvenes ambos eran poetas y Pasolini le inculcaba la necesidad de hacer “cine poético”, expresión que Bertolucci utiliza para definir su cine. “Acepto todas las interpretaciones de mis films, pues la única verdad está enfrente de la cámara. Cada film que hago es para mí un regreso a la poesía, o al menos un intento de hacer un poema” (Internet Movie Database. http://www.imdb.com/name/nm0000934/bio.). Bertolucci reconoce que Pasolini tuvo mucho que ver con su simpatía hacia la política y el pensamiento de izquierda, pues Pasolini fue un miembro público del partido comunista, al cual también pertenecían varios miembros del neorrealismo como Luchino Visconti. Simultáneamente, con la llegada de la Nouvelle Vague y los sesenta, aparece el hippismo, corriente social que va a influenciar a Bertolucci de forma directa, pues los ideales de libertad, vivir al margen de la sociedad, amor y paz del hipismo, resuenan en él debido a su pasado en Italia, donde fue un niño que creció en el campo rural de Parma, justo en el momento de mayor crisis económica para Italia, cuando el neorrealismo criticaba al nacionalismo y al fascismo; así que para este momento, con un poco más de veinte años, Bertolucci se mueve en un mundo de artistas liberales con grandes ideas y expectativas, y todas sus grandes influencias parecen engranar unas con otras.

La obra de Bertolucci como director comienza en 1962, después de que Pasolini rechazara una oferta para dirigir La commare secca, y lo recomendara a él como director. Poco después dirige Antes de la revolución, donde sus influencias marxistas, neorrealistas, y pasolinianas, se ven evidenciadas, y lo llevan a realizar una obra que es censurada y calificada de exabrupto en los diferentes festivales de Europa. La carrera de Bertolucci parece acabada.

Después se embarca en un par de documentales y hace guiones que le permiten hacer el dinero suficiente para realizar una película por su cuenta, Partner, oda al cine de Godard con la cual recupera un poco de reconocimiento, el cual le permite precisamente hacer en 1970 La estrategia de la araña para la RAI, una película para televisión de tanto éxito que en el mismo año puede volver al mundo del cine con El conformista. Parece que en los setenta, una vez que se ha digerido mejor la liberación de la mujer gracias a la pastilla anticonceptiva y aparece el feminismo, Bertolucci se permite desmitificar la imagen idealizada de la mujer, y empieza a explorar de forma más cruda la figura femenina en sus películas, y por eso El último tango en París, película nuevamente controversial, que causa reacciones dividas en el público por la relación dominante y sexualmente fuerte entre Marlon Brando y Maria Schneider. Desde este momento el trato de la mujer en las películas de Bertolucci cambia sustancialmente. Además esta película le causó problemas con algunos de sus amigos cercanos, pues fue financiada por la Paramount, y fue actuada por Marlon Brando, cosa que hizo parecer a Bertolucci como un “vendido” al cine norteamericano. Después la siguió 1900, un film (que comenzó como una serie de seis capítulos) de cinco horas y media en su corte original. La película, después de muchos problemas con la productora y el público por lograr un corte que satisficiera a todos, fue considerada por su ambición como un trabajo épico y convirtió a Bertolucci en un director de primer nivel. Desde entonces su obra se ha caracterizado por reexplorar los temas que le inquietan y las temáticas en sus films siempre van a girar alrededor de los temas que se planteó en El conformista y en El último tango en París.

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