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Encuentros cercanos de tercer tipo

Por Javier Moreno

Entonces (así hay que empezar, porque hasta dos segundos atrás de ese entonces no había razón para mencionar lo que ocurría) salgo hacia la librería a mirar libros y en la calle a una cuadra de mi casa hay policía, así que me acerco para chismosear y lo que hacen es controlar que no pase tráfico. Dos cuadras al fondo hay luces, así que yo camino desprevenidamente para ver qué ocurre y a la cuadra me concentro en un grupo de gente parada frente a la panadería. Dos viejas, un tipo bajito de gafas. Es raro: Uno lo ve pero no lo ve. Creo que tiene que ver con esa sensación de que hay personas y objetos que no son reales que carga uno cuando consume ficción. Esa sensación se extiende y cubre a los actores y demás. La Tierra Media no existe, Eliah Wood tampoco, algo así. Entonces cuando uno ve personas como esas hay que hacer un esfuerzo consciente por romper la frontera entre lo que uno cree haber visto y lo que ve. Es dificil, o sea, Woody Allen y Scarlett Johanson parados frente a la panadería que queda junto al tan familiar centro anarco-sindicalista no es algo que uno esté preparado para asimilar rápidamente. Cuesta: Es panadería. Me quedé parado ahí mirándolos, reconociéndolos. Woody Allen as himself y Scarlett Johanson de espaldas, tan simplona en tamaño natural. Woody Allen con los brazos estirados a los lados, flácidos. apenas los mueve, y una camisa azul clara de manga larga, de mesero. Scarlett Johanson vestida como si Barcelona fuera Nueva York. Ellos dos ahí hablando, a 5 o 6 metros de mí. Allen, qué viejo está, qué viejo es, le explicaba algo sobre la escena a grabar. Un tipo grandulón se me acerca y me pide que me mueva, que no puedo estar ahí. Me señala una banda de seguridad que aparentemente yo había violado. Voy y me hago tras ella y sigo mirando. Los de seguridad, me doy cuenta, parecen el cast de un show de striptease de un bar gay. Tal vez lo sean. No tendría nada de raro. Algo tienen que hacer de día. Bueno, el asunto es que Woody Allen habla un rato más con Scarlett y luego graban como Scarlett, acompañada de otros dos, camina conversando por Ferlandina hacia el museo de arte contemporaneo. Los de seguridad anuncian que ya se puede pasar y la gente se mueve. Yo miro hacia el fondo de la calle, a ver si vuelvo a ver a Woody Allen y alguien me dice que no me puedo detener ahí, que tengo que caminar, así que yo camino hacia mi casa porque la calle para llegar a la librería está cerrada por culpa del bendito Woody Allen.

(Barcelona, Julio 26 de 2007)

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