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Spielberg vuelve al futuro

Por Julian Saad Pulido

Cuando estaba por estrenarse 2001: Odisea del espacio, todos se preguntaban cómo luciría el planeta tierra y cómo serían ellos mismos en el siglo XXI. Hoy, treinta y cuatro años después, cuando se ha superado el límite propuesto por Kubrick, los fanáticos de Steven Spielberg y de su nueva película, Sentencia Previa, hicieron todo lo posible por espiar cada una de las etapas de la producción: quisieron conocer la historia, el reparto, las locaciones, el vestuario, los efectos y, sobre todo, los avances de la tecnología del 2080, el año en el que transcurre la historia.
Con el fantasma de Kubrick en la cabeza y una operación de riñón a cuestas, Spielberg aplazó esta Sentencia previa, el proyecto que tenía en mente desde 1998, y dedicó todo 2000 a dirigir Inteligencia Artificial, una maltratada película sobre el deseo humano de un niño robot por conseguir el amor de su madre y ser, de paso, un niño de verdad: la historia de Pinocho en una época en la que los hombres se entregan a las máquinas para la satisfacción de los afectos. Y aunque no fue el éxito crítico y comercial que todos los seguidores de Spielberg esperaban, con seguridad pasará a la historia como un relato que pronostica y advierte un futuro no tan lejano.

Inteligencia Artificial era otro de los sueños, otra de las pesadillas, otra de las búsquedas de Spielberg -teníamos un tiburón gigante, un encuentro musical cercano con seres fuera de este mundo, un extraterrestre que se comunica con los niños tristes y solitarios, unos viejitos que tienen la posibilidad de ser niños otra vez, un Peter Pan que decide crecer y abandonar el País de Nunca Jamás, un aterrizaje en helicóptero sobre un parque de diversiones de dinosaurios, las interminables carreras de un antropólogo- pero Sentencia Previa es, sobre todo, como Indiana Jones, una historia de evasión, de puro entretenimiento.

Sí, es una película futurista de acción, pero no tiene nada que ver con Inteligencia Artificial. No es una fábula oscura y pesimista. Es, en realidad, la prueba de que a Spielberg le apasiona hacer películas donde hay persecuciones, porque, bueno, "no tiene nada de malo que la gente se entretenga". De hecho, su celebridad comenzó cuando, en su primera película para televisión, El diablo sobre ruedas, sostuvo el suspenso de una persecución de más de ochenta minutos, en la que un camión sin aparente conductor persigue a un hombre sin justificación alguna.

El origen: 1956-1998.
El norteamericano Philip K. Dick nunca imaginó que sus escritos llegarían al cine. Ni siquiera alcanzó a ver sus historias en la pantalla grande. Pero no es casualidad que sus escritos hayan sido adaptados para películas como Blade Runner, de Ridley Scott o El vengador del futuro, de Paul Verhoeven. Dick reinventó la ciencia ficción a partir de sus obsesiones personales, lo insólito y lo irreal, y aunque en vida no fue reconocido, hoy en día es, al menos en Europa, un autor de prestigio.

La influencia del I Ching, de Carl Jung, de Jesucristo, de la Biblia, de John Milton y de Siddhartha fue de gran utilidad para que Dick se inventara los mundos paralelos y futuristas de sus relatos, en donde los androides, los extraterrestres y los hombres se valen del bien o del mal para abrirse paso. El autor tenía clara la utilidad de la ciencia ficción: "crea un sentimiento muy extraño en ciertas personas: la sensación de que está leyendo acerca de la realidad, pero que se encuentra separado de ella en términos temporales. Es como si toda la ciencia ficción ocurriera en universos alternos, de modo que podría suceder algún día".

En 1998, DreamWorks, la compañía productora de Spielberg, adquirió los derechos de Minority Report, un cuento corto escrito por Dick que apareció por primera vez en la revista Universo Fantástico en 1956. Al principio, se rumoró que sería una segunda parte de El vengador del futuro, con Verhoeven en la dirección y Arnold Schwarzenegger en el papel principal, y que guionistas como John August (Los ángeles de Charlie), Frank Darabont (Milagros inesperados), Gary Goldman (Blade Runner) y Ronald Shusset (King Kong vive) habían retocado y afinado el relato, pero la adaptación fue realizada por el mismo Spielberg y los guiones por Scott Frank y Jon Cohen.

El título
Minority Report, el título original de la película, significaría Informe minoritario. Tres seres que utilizan su capacidad síquica y tecnológica para conocer de antemano los eventuales crímenes, son los jueces que toman decisiones basados en sus sentimientos. De los tres jueces, los sentimientos de dos vencen a los del tercero. Si el veredicto proviene de parte del juez restante, será un informe minoritario.

La historia
Washington D.C. todavía es la capital de los Estados Unidos en el 2080 y la sociedad futurista ha alcanzado grandes avances en términos de seguridad: los crímenes, en aquel futuro, pueden ser detectados antes de ser cometidos. Los agentes federales que pertenecen a la división de Pre-crímenes, tienen la facultad de atrapar y asesinar a los potenciales asesinos. Sólo que uno de los oficiales (Tom Cruise) se percata de que el departamento en el que trabaja ha comenzado su búsqueda por un crimen que aún no ha llevado a cabo. No le queda otra alternativa que eludir la sentencia previa y huir.

Vivir en el 2080 significa vivir entre personas de bien que revelan, en sus caras, las mínimas intenciones de malicia. Pero como Spielberg mismo se pregunta, ¿qué ocurriría con las libertades personales, la moral y la conciencia? Los hombres deberán encontrar mecanismos de defensa más eficaces para esconderse de sus propias verdades.

La decisión: enero de 2000
Steven Spielberg terminó la década de los noventa en blanco. Aparte de una dolorosa operación y de protegerse de un fanático que quería poseerlo, le dedicó todas sus energías a su familia, a un documental sobre el nuevo milenio y a una exhaustiva investigación sobre el holocausto. A comienzos de 2000 paralizó a la industria de Hollywood con la noticia de cuál sería el próximo proyecto que dirigiría. Primero, se encargaría de terminar Inteligencia Artificial, el proyecto que discutió años y años con Kubrick, y después filmaría, desde abril de 2001, Sentencia previa.

No dirigiría, como todo el mundo lo esperaba, la adaptación de Harry Potter, porque no representaba "un reto artístico". Memorias de una Geisha, la adaptación del best seller de Arthur Golden, sería para mucho después. Lindbergh y una nueva entrega de Indiana Jones quedaban fuera de las posibilidades. Tom Cruise, comprometido con Sentencia Previa desde la compra de los derechos del cuento, encontró un proyecto para quemar el año que le tardaría a Spielberg filmar I.A: Vanilla Sky, el remake de la película española Abre los ojos. Proyecto que, le sirvió además, para enamorarse de Penélope Cruz.

El reparto: febrero de 2001
El primero de la lista en ser confirmado fue Tom Cruise, quien interpreta al oficial inculpado, John Anderton. Collin Farrell compitió con Matt Damon para interpretar al joven oficial Ed Witwer, que no soporta a su compañero de trabajo, Anderton, y está detrás de su puesto. Samantha Morton, la muda de Acordes y desacuerdos, es el amor de Anderton. El actor sueco Max Von Sydow, de Pelle, el conquistador, es el perseguidor. Peter Storemare, el enamorado de Bailarina en la oscuridad, interviene a Anderton con una cirujía de ojos. Victor Raider-Wexler es el fiscal. Y Meryl Streep, la famosa Meryl Streep, participa con un pequeño rol.

La filmación: marzo 22 de 2001
Tom Cruise llegó al set de Sentencia previa, como todos, el 22 de marzo de 2001, un par de días después de terminar la filmación de Vanilla Sky. Trataba de olvidar, dicen, el fin de su relación con Nicole Kidman. Sentencia previa fue filmada en Virginia, Washington y Los Ángeles, a puerta cerrada y bajo estrictas normas de seguridad, pero, gracias a los espías de la prensa, tuvimos acceso a los trajes, la escenografía y hasta los fondos azules de los efectos especiales utilizados. Un periodista reportó haber visto a través de una reja lo que parecía una estructura con alambres para ayudar a volar a los actores. Otro pudo ver los trajes futuristas de los agentes federales, que vestían uniformes oscuros y unas lucecitas en los hombros, una roja y otra azul, como de carro de policía. A Tom Cruise se le vio cuando filmaba una escena con una chaqueta larga, gafas oscuras y una capa gris. Los extras vistos parecían de los setentas. Hay quienes fueron más allá e incluso fotografiaron un carro Lexus futurista. Y todo, por conocer más de la intrigante historia. Desde diciembre 8 de 2001 sólo bastaba con ver el trailer para comprobar la veracidad de estos imprudentes pero valiosos espías.

La edición: septiembre de 2001
Así como los escritores intuyen la manera como serán leídos sus escritos y piensan en el tono de voz interno que escogerán los lectores, Spielberg corre frente a los monitores después de rodar una toma. Y en la sala de montaje, donde transforma su película, donde no tiene que responder preguntas ni estar pendiente de las locaciones o de los encuadres o de los actores, se convierte en un espectador más. Intuye la forma en que reaccionará el público cuando asista a su película. El heredero de los grandes del lenguaje cinematográfico, genio de nuestro tiempo, se pregunta si el público verá lo nunca antes visto, si se reirá, o si se emocionará con la música de John Williams.

Aparatos: marzo de 2002
El diario francés Le Monde, publicó hace poco un interesante portafolio que contenía los bocetos de los inventos y aparatos que aparecen en Sentencia Previa, realizados por el artista Douglas Coupland. Según Coupland, en el 2080 habrá inventos como un colorante para el iris, que hará las veces de lentes de contacto, pero multicolor; pastillas para no aburrirse y que el tiempo pase más rápido, que serían muy útiles para presos o militares y un equipaje que en los viajes nos seguirá a donde vayamos, entre otros.

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