Artículos

Escena # 5: Trajeron dos caballos de más

Por Andres Borda Gonzalez

La primera escena de Érase una vez en el Oeste podría ser un cortometraje. Hay, en el escenario, seis personajes: el hombre que vende los boletos para el tren, una aborigen, los tres vaqueros que esperan en la estación, y el hombre sin nombre, protagonista de la historia, que aparece hacia el final de la escena. Los diálogos son muy pocos, y la fuerza narrativa de lo que vemos reside en la forma en que Leone nos invita a acompañar a que estos tres vaqueros esperen la llegada de un tren.

Esta fue la última película de Sergio Leone que tomaba como escenario el oeste estadounidense y a los vaqueros como protagonistas, y es la obra cumbre de él dentro de este género. Es, también, al igual que la trilogía de El hombre sin nombre protagonizada por Clint Eastwood, un homenaje que le rinde a sus directores y películas favoritas. El argumento básico fue tomado de Johnny Guitar de Nicholas Ray, y la primera escena fue inspirada por High Noon de Fred Zinnerman. Sin embargo Leone hace su tributo, en esta primera escena, de la forma más paródica y original: no deja que, como en High Noon, el tren llegue a tiempo, sino que nos deja esperando durante quince minutos -y junto a los tres vaqueros y los créditos iniciales- a que aparezca el protagonista de la historia.

Y, en verdad, es casi un evento religioso esta primera escena. Los tres hombres esperando -con la compañía de una mosca, una gotera y un pozo-, con el sonido de un molino y la llegada de un telegrama como banda sonora, y la especie de paisaje en el que logra convertir Leone los rostros de estos personajes, nos indican que no nos estamos enfrentando a una película tradicional. El duelo, que ocurre un minuto antes de que acabe la escena y que dura no más de diez segundos, nos indica por su brevedad que lo que importaba no era éste acto específico, sino su preparación. Hemos estado contemplando, durante un buen rato, a tres hombres que para bien o para mal desaparecerán de la película en cuestión de segundos.

Toda esta espera fue diseñada para presentarnos al llamado hombre de la harmónica, protagonista de esta historia, que aparece detrás del tren, como si de un telón se tratara, al final de la escena. Conocemos, antes de que él aparezca, la melodía brillante y aterradora compuesta por Ennio Morricone que nos acompañará en el resto de la historia, y nos enfrentamos también al primer duelo de la película. El diálogo que lo precede, en el que Bronson dice, impasible, la misteriosa frase "trajeron dos caballos de más", es simplemente imposible de reproducir. Hay que verlo. Hay que oírlo. Y, para cuando termine la escena, cuando hayamos sido testigos de la genialidad con la que Leone ha decidido empezar la narración de su historia, nos encontraremos siguiendo las dos horas y cincuenta minutos que ésta dura sin ni siquiera darnos cuenta. Porque Leone no pierde el ritmo ni un segundo después de acá. Esta escena no es solo uno de los mejores comienzos dentro de las películas de su género, sino también dentro de la historia del cine. Es la mejor introducción posible a una de las más impresionantes y originales películas de todo el cine de vaqueros.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.