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Escena # 4: No voy a soportarlo más

Por Tomás Obregon

Paddy Chayefsky es, desde mi punto de vista, el mejor guionista que ha existido en este mundo. Quien haya visto Marty, tiene que saber de qué estoy hablando. Quien haya tenido la fortuna de ver The Hospital, Estados alterados, Paint Your Wagon o esta, Network (1976), en algún canal de la televisión por cable, entenderá sin ningún problema lo que estoy escribiendo. Sus obras están llenas de frases inolvidables. Su seguimiento a los personajes es compasivo, cercano, verdadero. Sus tramas son empujadas por las personalidades, y no, nunca, por las situaciones.

No es Network, sin embargo, la obra absoluta de Chayefsky. Su director, Sidney Lumet, capaz de poner escena clásicos como 12 hombres en pugna, Un lugar en ninguna parte o Tarde de perros, tampoco ha recibido la atención que se merece. Su mirada sobria, siempre detrás de los conflictos humanos, siempre pendiente del suspenso de la narración, no ha recibido jamás el premio Óscar. Quiero decir que, como Chayefsky, Lumet es un artista que no necesita sacarse ases de la manga. Y que, como los grandes directores, no le teme a los diálogos largos ni le pide permiso a las normas de urbanidad para filmar una historia.

Network es, por supuesto, la historia de un canal de televisión. Su trama se mueve alrededor de los noticieros. Sus héroes son seres en declive y sus villanos seres deprimentes. Su personaje central, Max Schumacher (interpretado por William Holden: ¿no es increíble que un ser humano haya podido participar en Sunset Boulevard, El puente sobre el río Kwai y Network?), es un director de noticias que comienza a cansarse de un mundo que se han tomado las multinacionales. Sus otros personajes principales son seres inescrupulosos: Diana Christensen, la bruja más bruja de la historia del cine (memorable, Faye Dunaway, la escena de sexo que revela su forma de ser por completo), quiere dirigir la empresa desde arriba, y Frank Hackett (Robert Duvall siempre ha sido capaz de contener bajos instintos), el gerente del canal, venderá a su madre para que todo salga como se lo imagina. Pero es Howard Beale (Peter Finch, ganador del Óscar) el hombre que mueve la escena que queremos reseñar. Beale, presentador del noticiero desde hace muchos años, se enloquecerá en plena emisión y le anunciará al mundo, en vivo y en directo, que quiere suicidarse.

Quizás la escena más impresionante, la que se nos queda a todos en los archivos del cerebro, es cuando Beale consigue contagiar a Nueva York de su desespero. No existen muchos datos sobre cómo fue filmada. Se sabe que tardó varios días en conseguirse el efecto esperado, y que por ella Henry Fonda se negó a interpretar el papel de Beal ("es demasiado histérico", dijo). Beale ha conseguido, gracias a los ratings que trajo su suicidio anunciado a los cuatro vientos, que le den su propio programa, como si se tratara del programa de un nuevo profeta. "Estoy tan histérico como el infierno, y no voy a soportarlo nunca más", grita a las cámaras. Y le dice a la gente que lo imite. Y de un momento para otro la ciudad, Nueva York, es una suma de ventanas encendidas en la noche y una sola frase que se repite en todas las esquina. "I\'m as mad as hell, and I\'m not going to take this anymore.", una y otra vez, como unas palabras mágicas que todos entendemos.

Casi 30 años después, Network es cada vez más relevante. No hay países sino multinacionales. La ley de la oficina es la ley de la selva. Y todos estamos histéricos, heridos de muerte, listo a resistirnos al infierno de la vida.

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