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Escena # 1: El viaje a la luna

Por Andrés Gaviria
No hay que ser un fanático del cine para reconocer una escena que le ha dado la vuelta al mundo a lo largo de cien años. Habrá algunos que saben que pertenece a una película que se llama Viaje a la luna, otros en menor número saben además que la película fue dirigida por Georges Méliès en el año de 1902, y otros -para los que el cine significa mucho más que verse una película un viernes por la noche- están seguros de que Méliès fue el primero que introdujo los efectos especiales en un arte en aquel entonces incipiente.

Sin embargo, aunque no se sepa el nombre de la obra, ni del director, ni aún que la famosa escena pertenece en efecto a una película, la mayoría de la gente reconocerá haber visto en alguna parte a una nave en forma de bala que atraviesa rápidamente el espacio para estrellarse en el ojo derecho de la luna. En realidad lo que sólo muy pocos saben es que Méliès filmó otra escena para la película en la que el proyectil, en lugar de estrellarse con un ojo, cae directamente en la boca de la luna.

A grandes rasgos, la génesis de tan famosa escena se remonta al otoño de 1896 cuando Méliès registraba el movimiento de personas y carruajes en la Plaza de la Ópera de París, usando una cámara-proyector que él mismo había manufacturado tomando como modelo un aparato construido por el británico Robert William Paul. Durante la filmación ocurrió un accidente: la cámara se detuvo lo suficiente para que el panorama frente al lente cambiara al ritmo cotidiano de la Plaza. Antes del accidente, Méliès, que era dueño del Teatro Robert Houdin de París, se había dedicado a filmar sucesos cotidianos y los espectáculos de magia que se presentaban en su teatro. Sin embargo en parte por el productivo accidente, en parte por la vocación de crear ilusiones, dejó de hacer magia en frente de la cámara para comenzar a hacer magia con ella.

A partir de aquel momento Méliès comenzó a perfeccionar las técnicas de efectos especiales y a crear nuevas formas de ilusión: la aparición, desaparición y mutación de un objeto en otro, la superposición de dos imágenes distintas, la disolución de una imagen en otra para simular el paso del tiempo y la construcción de una escena a partir de dos filmaciones distintas que permitían que un personaje actuara consigo mismo, como en Un homme de tête, de 1898, eran efectos que se conseguían sencillamente con detener la cámara, o devolver la cinta para filmar dos veces sobre ella.

La superposición de imágenes fue estrenada en la película La caverna maldita de 1898, efecto que se repetiría luego en la histórica escena de Viaje a la luna cuatro años más tarde. La película, inspirada en la conocida novela de Julio Verne, narra la historia de un científico -interpretado por el mismo Méliès- y sus colegas, quienes consiguen viajar a la luna en un vehículo en forma de bala expulsado de la tierra mediante un cañón gigante.

Para conseguir el efecto deseado en la escena, fue filmada la cara disgustada de Bleinette Bernon, una cantante de Hall. Luego, sobre el mismo tramo de cinta se filmó el impacto del proyectil contra una luna de yeso en fondo negro. El resultado es que en la cinta ambas imágenes se fundieron en una sola de tal manera que el proyectil parecía estrellarse directamente contra la cara pintada de blanco de Bernon, que a su vez parecía ya la cara de una luna que anteriormente había sido solo yeso.

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