Artículos
- Vaqueros impuros
- Malas personas
- El humor en Woody Allen: reír para no llorar
- Odisea Caribe (Los Viajes del Viento)
- 25 años de soledad
- Don’t Speak!: Sesenta años de Dianne Wiest
- Tres cuentos, una película: La lengua de las mariposas
- Hello, Stranger
- Buscando a Juan
- Encuentros cercanos de tercer tipo
- La camaleona del pelo rojo
- Kiarostami: grandeza oculta
- Respirar el mismo aire que Woody
- Sitges renuncia a la industria del hype
- Sydney Pollack (1934-2008)
- El infeliz
- Cuentos sin plumas
- Spielberg vuelve al futuro
- No acepte imitaciones: The Shop Around the Corner
- La mirada del monstruo
- El hombre de la luna
- La nueva ola francesa
- Veinte años sin Truffaut
- Escena # 5: Trajeron dos caballos de más
- Escena # 4: No voy a soportarlo más
- Escena # 3: Quiero lo mismo de ella
- Escena # 2: En la lluvia soy feliz
- El adiós del vagabundo
- Reinventando la forma de hacer películas
- El cine y los años 70s: crónica de un testigo
- Woody Allen y el blues de los efectos secundarios
- Escena # 1: El viaje a la luna
- El cine llega al mundo
- Qué es el cine
- Truffaut era el cine
- Todas las recetas son útiles: guía práctica de las comedias románticas
- Diálogo en la tras escena: El cine según Hitchcock
- Hombre en Venecia
- El corto colombiano
- Garden State y su banda fílmica
El cine llega al mundo
Por Tomás Obregon
inventos y aparatos que en materia de animación se acercaban cada vez más a la captura del movimiento de la imágenes. Desde la proyección de imágenes a través de la luz, en la Caverna de las Sombras descrita en el Libro VII de La República, de Platón, pasando por las marionetas de sombras de China, India y Java, teatros ópticos que daban la ilusión del movimiento, linternas mágicas de todas las formas y tamaños, hasta llegar a una serie de juegos ópticos, que permitieron descubrir principios básicos para simular el movimiento. Con la aparición de la fotografía y la evolución de las impresiones fotográficas sobre películas y papel, el cine estaba a un paso.
Georges Méliès, dueño en ese entonces del reconocido teatro Robert Houdini. Los hermanos Lumière se rehusaron a vender su invento, pues querían encargarse ellos mismos de la producción y distribución de sus filmaciones. En el fondo, se trataba de un dispositivo nacido de la ciencia para la ciencia. Cientos de cinematógrafos viajaban por todo el mundo en manos de cientos de operadores entrenados por los hermanos Lumière para filmar el mundo y mostrarlo al mundo.

Comentarios